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El gran favor de la FIFA a Argentina: la historia del número 10 y su legado
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El País12 hours agoSports4 min readSpain

El gran favor de la FIFA a Argentina: la historia del número 10 y su legado

Quick Look

  • En 2002, la FIFA impidió que Argentina retirara la camiseta número 10 en honor a Diego Maradona, una decisión que, aunque polémica entonces, permitió que Lionel Messi la heredara.
  • El artículo reflexiona sobre el fin de una era dorada para el fútbol argentino tras la probable despedida de Messi de los Mundiales.

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Why It Matters

La AFA intentó retirar la camiseta número 10 en 2001-2002 como homenaje a Diego Maradona, pero la FIFA lo impidió exigiendo numeración correlativa para los Mundiales.

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El gran favor que la FIFA le hizo a Argentina en este siglo nadie suele recordarlo. Durante cuatro partidos y seis meses, entre noviembre de 2001 y abril de 2002, la Albiceleste dejó de utilizar la camiseta número 10 como tributo a Diego Maradona, que a fines de 2001 acababa de jugar su partido de despedida. La medida intentaba ser definitiva, también aplicable a las selecciones juveniles argentinas, como si en el montañismo se anunciara el cierre de las rutas de escalada al Everest. “Sacar el número 10 es un homenaje a un jugador irrepetible, el más grande futbolista argentino de todos los tiempos, razones suficientes para un gesto generoso”, interpretó Diego Simeone, entonces jugador de la Albiceleste, sobre la decisión tomada por la Asociación del Fútbol Argentino (AFA).

Maradona había dejado de jugar en la selección en el Mundial de 1994 y como heredero principal de la 10 había asumido Ariel Ortega, un futbolista que parecía tener cartílagos en vez de rodillas: hacía del quiebre de cintura un arte. Sin embargo, según se anunció a finales de 2001, Orteguita usaría ese número por última vez —y ningún otro jugador de la Albiceleste podría volver a llevarlo— el 8 de noviembre de 2001, durante un partido contra Perú por las Eliminatorias para el Mundial de Corea del Sur y Japón 2002. Efectivamente, a la fecha siguiente, el 14 de noviembre, Ortega vistió la 23 ante Uruguay en Montevideo. La 10 quedaría, se suponía entonces para siempre, en un altar simbólico.

Argentina volvió a jugar sin el número de Maradona —pero también de Mario Kempes, la figura del Mundial 1978, el primero ganado por Argentina, e incluso de Antonio Rattín, un mediocampista de otras características, más defensivas— en los tres amistosos siguientes, jugados durante los primeros meses de 2002, ante Gales, Camerún y Alemania. Ya con el Mundial de Corea del Sur y Japón en el horizonte —y en tiempos en que las listas de buena fe tenían 23 jugadores—, la AFA le hizo un pedido formal de excepción a la FIFA para que su delegación pudiera usar el número 24, en detrimento del 10 ya retirado o en vías de retiro. En una lista preoficial, incluso, al tercer arquero del plantel, Roberto Bonano, le fue adjudicado el 24.

La respuesta de la FIFA, sin embargo, fue negativa: los números debían ser correlativos. El presidente del organismo, Joseph Blatter, hasta ensayó una broma con el tema: “Que el 10 lo utilice Bonano, así es otro 10 que usa las manos”, dijo, en obvia referencia al primer gol de Maradona contra Inglaterra en México 1986. La 10 debió ser desempolvada y, como en Francia 1998, le tocó a Ortega. Con la Albiceleste ya instalada en Japón, muchos jugadores del plantel entonces dirigido por Marcelo Bielsa se quejaron de la decisión de la FIFA, que sin embargo se convertiría en un enorme favor en el futuro hacia el fútbol argentino. Caso contrario, se habría perdido de que Lionel Messi, entonces un chico de 14 años, la usara.

La numeración de Argentina en los Mundiales encierra otra curiosidad: entre 1974 y 1982 utilizó un orden alfabético, de modo que Osvaldo Ardiles, un mediocampista, llevó el 2 en 1978 y el 1 en 1982. Justamente en el Mundial de España, a un joven Maradona le habría correspondido el número 12 de acuerdo a ese extraño sistema pero le pidió permiso a un compañero, Patricio Hernández, para que le cediera el 10 que le había tocado. Así fue que Maradona jugó cuatro Mundiales con el número 10, desde 1982 hasta 1994, y luego Ortega tomó la posta en 1998 y 2002.

Messi debutó en la selección argentina en 2005 y jugaría los siguientes seis Mundiales, de 2006 a 2026, el primero de ellos con el número 19 —Juan Román Riquelme usó la 10—y el resto ya con la 10, el número que heredó en 2009 y ya nunca dejaría. Aún sin haber anunciado formalmente su salida, el recorrido del rosarino por la Albiceleste parece haber llegado a su final este domingo, al menos en los Mundiales: en el de 2030 cumplirá 43 años. Messi desafió a los límites de la biología -y les ganó- en la Copa del Mundo 2026, con ocho goles y cuatro asistencias, pero una nueva aventura mundialística parece fuera de todo registro. Los últimos flashes de su carrera seguirán en Inter Miami y tal vez en algunos amistosos más para la Albiceleste —o no—, pero la historia grande ha terminado.

Justamente, sus lágrimas tras la derrota ante España simbolizan no solo el dolor por la final perdida ante España —habría sido el único capitán en recibir dos veces la Copa del Mundo— sino también, o sobre todo, una despedida a su maravilloso recorrido por la selección argentina. Para sus compatriotas, además, la angustia resulta doble: es el adiós a una época dorada en la que abuelos, padres, hijos y nietos han disfrutado de un privilegio impar en las últimas décadas, primero con Maradona y luego con Messi. Si a la selección de básquet que ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 se la conoce en su país como a la Generación Dorada, el fútbol argentino empieza a agitar pañuelos blancos para saludar a sus generaciones doradas.

La Albiceleste en el Mundial 2030 se parecerá mucho a una selección huérfana. Desde 1982 hasta 2026, Argentina contó en diez de los últimos 12 Mundiales con los dos mejores futbolistas de este tiempo. Gracias a aquella negativa de la FIFA en 2002, otros pibes podrán usar la 10, pura simbología, y soñar con convertirse en sus sucesores, pero Maradona y Messi se convirtieron en mucho más que futbolistas para un lugar del mundo en el que el viento sopla en contra y el fútbol se ha convertido, milagrosa pero sistemáticamente, en el único triunfo posible para millones de maltratados por el sistema.

En Argentina se suele preguntar quién fue mejor, si Messi o Maradona. La respuesta suele ser generacional y varía de acuerdo a la edad de cada hincha, pero a lo sumo uno es el padre y el otro la madre de la selección argentina moderna. Aunque ambos inmortales y ya convertidos en leyendas, Argentina se ha quedado sin ellos para el próximo Mundial y para todos los que le seguirán, el final de algo demasiado grande y hermoso. Mientras, nuevos chicos intentarán sumarse a un tercer eslabón de la deidad argentina, la Albiceleste, aún orgullosa y agradecida por el subcampeonato del mundo conseguido en su paso por Estados Unidos, volverá a los Mundiales en estado de orfandad.

Open Questions

  • ¿Quién será el próximo gran portador de la camiseta número 10 en Argentina?
  • ¿Cómo se adaptará la selección argentina a la era post-Messi en los Mundiales?

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This article was originally published by El País.

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