El hombre que mató a Facundo Rico en Madrid se suicidó al día siguiente
Quick Look
- Un hombre, A.J., se suicidó en Ávila tras apuñalar 13 veces a Facundo Rico en Madrid, motivado por celos.
- La investigación policial se cierra al fallecer el presunto autor del crimen.
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Why It Matters
Un ingeniero argentino, Facundo Rico, fue asesinado en Madrid por A.J., quien sospechaba una aventura con su mujer. A.J. se suicidó al día siguiente, cerrando el caso policial.
El hombre que presuntamente mató a Facundo Rico en una lujosa urbanización de Madrid la semana pasada se aplicó a sí mismo justicia antes de que lo hicieran los tribunales. A. J., el presunto autor del crimen, se suicidó el día después de asestar 13 puñaladas a este ingeniero de origen argentino con el que sospechaba que su mujer tenía una aventura. La investigación policial apunta a que el homicida vivía obsesionado con esos cuernos y que, ese día, acudió al domicilio de Facundo dispuesto a todo.
El pasado martes 14, A., también ingeniero, entró en la casa de su víctima, que residía de alquiler en el barrio de Las Tablas, en el distrito de Fuencarral de Madrid, a las diez de la mañana. Allí, mantuvieron un enfrentamiento que acabó con Facundo muerto sobre un charco de sangre en su cocina. Después, el homicida regresó a una vivienda que tenía en un pueblo de Ávila y, menos de 24 horas después, se tiró por una garganta.
El caso muere aquí porque, al haber fallecido el presunto autor, no hay posibilidad de continuar con la causa. El Grupo V de Homicidios de la Policía Nacional en Madrid lo tenía todo muy atado. El hombre, español de 65 años, había ido al lugar del crimen en un coche rojo de su propiedad, las cámaras de la urbanización habían registrado su imagen “muy característica”, que era robusta y gruesa, y el portero de la finca aseguró haberse cruzado con un extraño en el portal poco después de que se escucharan los gritos de la víctima.
Pero, además, los testimonios de los allegados de Facundo dirigieron a los policías hacia un posible móvil: la motivación sentimental. En esos primeros pasos, la hipótesis que cobró fuerza fue que a Facundo lo había matado un hombre celoso por una posible relación del ingeniero con su esposa. Aquella idea creó en el autor de los hechos una obsesión enfermiza que se materializó aquel día. Por la furia ejercida, los investigadores creen que, si no iba con idea de matar, sí que tenía en mente que eso pudiera suceder. Por eso, fue con un bote de gas pimienta en el bolsillo.
Facundo y su agresor llegaron a mantener un enfrentamiento que acabó en la cocina, donde la víctima recibió 13 puñaladas, algunas de ellas en la espalda y el omóplato. El arma homicida quedó tirada en el suelo y, en la pared, restos del gas pimienta que el agresor había esparcido sobre su víctima. El hombre escapó a toda prisa y, en su huida, se cruzó en el portal del bloque con Carlos, el portero, al que una vecina había alertado de gritos y de “olor químico”. Después, se montó en su coche rojo aparcado frente a una clínica y se marchó en dirección a Ávila. Las cámaras de tráfico registraron parte de su recorrido.
El hombre llegó a una residencia en La Adrada, un pueblo de casi 3.000 habitantes a algo menos de dos horas de Madrid. Allí estaba su mujer, más joven que él, de unos 50 años. El matrimonio tenía una segunda residencia en ese municipio dese hace dos años, había remodelado un antiguó chalé. Fuentes cercanas al caso aseguran que ella quería separarse de él y, en su obsesión, él había investigado si había una tercera persona en la vida de ella. Los investigadores de homicidios descubrieron que la mujer y la víctima mortal iban juntos al mismo gimnasio, a pocos pasos de la urbanización en la que residía Facundo.
El presunto autor del asesinato le dijo a su mujer que ese día había estado haciendo gestiones. Ella no se preocupó más de saber en qué consistían esos recados. La noticia de la muerte de un hombre en una urbanización de Las Tablas ya estaba en todos los medios. Al día siguiente, se publicó que se llamaba Facundo, que era ingeniero y que había sufrido hasta 13 puñaladas. El Samur había hecho todo posible durante 45 minutos por revertir la parada cardiorrespiratoria, pero fue imposible salvarlo de semejante brutalidad. Esa mañana del 15 de julio, el presunto asesino se dirigió a una garganta de los alrededores del pueblo, en concreto al paraje del Charco de la Olla y se suicidó. Poco antes de cometer el suicidio se cruzó con una pareja que iba paseando y que aseguró después haberlo visto con “muy mala cara”.





