El peor verano de ahogamientos en España desde 2015: 363 muertes impulsadas por el calor
Las altas temperaturas, las olas de calor y la falta de socorristas fuera de temporada estival disparan las cifras de mortalidad en playas, ríos y piscinas.
Quick Look
España registra 363 ahogamientos mortales en lo que va de año, 239 de ellos entre junio y agosto, marcando el peor verano desde 2015 debido al impacto de las olas de calor y el cambio climático.
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Why It Matters
El Informe Nacional de Ahogamientos (INA) de la RFESS registra los datos de fallecimientos por ahogamiento en España desde 2015.
Los ahogamientos se han saldado con 363 vidas en lo que llevamos de año en España, 239 de ellas solo entre junio y agosto. Es el peor verano desde 2015, cuando comienzan a registrarse estos datos en el Informe Nacional de Ahogamientos (INA) de la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo (RFESS). Los meses estivales fueron especialmente mortíferos: en junio fallecieron ahogadas 92 personas, el mes con más defunciones en 11 años. Durante julio murieron otras 91.
¿Por qué son cada vez más? “Es por el calor”, resume Roberto Jesús Barcala, Catedrático de Socorrismo en la Facultad de Ciencias del Deporte de Pontevedra. “Existe una relación directa entre las temperaturas, los días de sol y el ahogamiento. Y la previsión es que en los próximos años haya más olas de calor por el cambio climático, así que habrá más ahogamientos”.
Durante la ola de calor que asfixió a Europa este verano, se registró un pico de muertes en varios países del continente. En Alemania, se llegó a 100 fallecidos en junio, la cifra más alta en 20 años. En Francia, 131 personas murieron por esta causa en menos de un mes por la misma ola de calor.
El efecto del aumento de las temperaturas es innegable, pero el cambio demográfico también podría afectar la cifra. Entre 2015 y 2026, España ha sumado 3,1 millones de habitantes, y esa mayor población se traduce en más gente que busca refrescarse en playas, ríos y piscinas cada verano. El resultado es un balance que solo ha sido peor en dos ocasiones: del 1 de enero al 2 de septiembre han muerto 363 personas ahogadas, una cifra que solo se ha superado en 2017 y en 2025.
Aunque es cuando ocurren la mayoría de los casos, no solo es en el periodo estival cuando se producen ahogamientos. “Hay un pico de aumento de ahogamientos antes del verano, cuando todavía no hay socorrismo pero la gente ya se baña”, explicaba el pasado junio a EL PAÍS Eduardo Blasco, rescatista profesional y jurista especializado en ahogamientos. “Y hay otro pico, aún más potente, en septiembre, cuando se retiran los socorristas”, asegura el experto.
Un 60% de las personas que pierden la vida de esta forma son de nacionalidad española, aunque el porcentaje varía mucho dependiendo de la época del año. En verano, el porcentaje de locales se reduce, y se amplía el de otras nacionalidades como las originarias de África, América o Asia.
Este recuento no incluye a las personas que fallecen tratando de llegar a las costas españolas, según se deduce del informe nacional de ahogamientos, que se alimenta de su sistema SIFA, basado en los servicios de socorrismo, rescate y prensa.
Los ahogamientos son la tercera causa de muerte por traumatismo no intencional en el mundo. Más de 40 personas pierden así la vida cada hora, según un informe de la ONU. “En total han causado más de 2,5 millones de fallecimientos en la última década, pero son una causa de muerte muy prevenible”, explica David Meddings, autor del informe.
Nueve de cada diez ahogamientos en el mundo ocurren en países subdesarrollados o en vías de desarrollo. En Europa, aunque en menor medida, es un problema de salud pública. El país comunitario donde hay más fallecidos por esta causa es Francia (784 muertes en 2022, año más reciente que ofrece Eurostat), seguida de Alemania, Polonia, Rumanía y España.
Las sobremesas, el momento más peligroso
El 87% de las personas que se ahogan son hombres, una sobrerrepresentación que Meddings achaca a “su mayor propensión a asumir riesgos y, en muchos países, por su asociación con el consumo de alcohol en el agua y en torno a ella”. También influye el hecho de que la pesca sea una profesión muy masculinizada.
Respecto a la edad, más de la mitad de las víctimas en 2025 eran personas de 50 años o más (un 51%). Esto se debe a que, muchas veces, el ahogamiento es la consecuencia de una patología previa (un infarto, una lipotimia, un tirón) que puede tener más incidencia en personas de edad avanzada. En el otro extremo de la tabla, fallecieron 17 niños menores de seis años. Estos datos evidencian que los ahogamientos suceden en cualquier rango de edad, aunque en menor medida entre los niños y los mayores de 85 años.
La mayoría de ahogamientos se concentran en la franja horaria que va desde las 12.00 del mediodía a las 20.00 de la tarde, por ser las horas más calurosas, en las que más gente se baña. En este caso, hay que hacer una diferenciación por edad. “Los menores de cuatro años se ahogan mayoritariamente entre las tres y las seis de la tarde”, destaca Barcala. “Es por falta de supervisión, coincide con las sobremesas de los adultos”. Este dato explica la importancia de la vigilancia constante y activa en caso de menores.
Ahogamientos silenciosos
En ocasiones, las personas fallecen por luchar contra el oleaje o las corrientes marinas. En otras, el ahogamiento se produce de manera rápida y sin gritos: son los llamados ahogamientos “silenciosos”.
En cuestión de segundos, una persona se puede ahogar sin que apenas nadie haya reparado en ello. Cuando uno se está ahogando no siempre parece que se esté ahogando. El proceso es rápido, discreto y letal. De hecho, en muchos casos la víctima se ahoga rodeada de bañistas ajenos al drama que se desarrolla a su lado. Son los llamados ahogamientos silenciosos. “Se ha popularizado la idea de que la persona que se ahoga grita, agita los brazos y pide ayuda”, explica Roberto Jesús Barcala, Catedrático de Socorrismo en la Facultad de Ciencias del Deporte de Pontevedra. “Pero esto solo ocurre en el cine y la televisión”. Por eso, explica Barcala, hay que cambiar la forma en la que la sociedad percibe cómo se desarrolla un ahogamiento: “Hay que educar a las personas para que busquen otros indicios”.
Quienes sí están educados, saben detectarlo. En muchos casos, hasta que el socorrista pita y se lanza al rescate, ningún bañista percibe el peligro, como se ve en las siguientes grabaciones.
El síndrome de la muerte por amor
Barcala analizó, junto con un plantel de expertos internacionales, decenas de vídeos para definir el ahogamiento estándar. En todos los casos el proceso duró menos de dos minutos. Lo que duran seis stories de Instagram. Lo que se tarda en leer página y media de una novela. La mitad del tiempo en el que se fuma un cigarro.
La detección temprana, por tanto, es crítica para salvar vidas. Pero localizar a alguien que se está ahogando no es lo mismo que salvarlo. Para hacerlo es recomendable seguir una serie de consejos. El primero sería llamar a los servicios de emergencias antes de lanzarse al agua. En segundo lugar, hay que analizar la peligrosidad de la situación. “Cuando hay múltiples víctimas en un ahogamiento, normalmente, se trata de familiares que se lanzan a salvar a la primera víctima. Es lo que los australianos llaman síndrome de la muerte por amor”, señala el experto.
Por eso se aconseja acudir a la playa con objetos flotantes que se puedan vestir (como un chaleco) o que se puedan lanzar (como un flotador o una botella atada a una cuerda) para minimizar riesgos y poder garantizar un rescate seguro. En cualquier caso hay que recordar que no es lo mismo nadar que intentar rescatar a alguien.
Miguel Ángel Sánchez Arrocha, responsable de la Unidad de Emergencias de Cruz Roja, apunta que “la labor de autoprotección es esencial”. Hay una protección institucional y siempre es preferible acudir a una playa con vigilante, pero la responsabilidad individual es igualmente importante. Además, a los nadadores les aconseja siempre nadar en paralelo a la costa y no de forma perpendicular, adentrándose en el mar, pues de esta forma tendrán más margen para ponerse a salvo en caso de un mareo, un tirón o cualquier imprevisto.
Arrocha compara la concienciación que existe con la seguridad vial frente a aquella que se da en el mar. Si nadie cruza un semáforo en rojo, tampoco debería bañarse con la bandera roja. El “si bebes no conduzcas” se puede trasladar fácilmente a “si bebes, no te bañes”. La comparación con la seguridad vial no es casual. Esta ha ayudado a que en los últimos años los muertos en carretera no dejen de descender. Mientras tanto, en paralelo, los ahogados en playas y piscinas arrojan un balance preocupantemente estable.
Open Questions
- ¿Cómo se adaptarán los servicios de socorrismo al alargamiento de las temporadas de baño por el calor?





