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El artículo describe múltiples exposiciones de arte en España y Europa durante el otoño, destacando el encuentro histórico entre Salvador Dalí y Sigmund Freud en 1938, así como otras muestras que exploran relaciones entre arte, psicoanálisis, arquitectura y movimientos históricos como la Transición española.
Una tarde de verano de 1938, Salvador Dalí llegó al distinguido barrio londinense de Hampstead cargando bajo el brazo el óleo La metamorfosis de Narciso (1937) y un poema sobre la paranoia que llevaba años queriendo poner en manos de Sigmund Freud. Stefan Zweig, que había organizado el encuentro, hizo de anfitrión. El viejo Freud, exiliado ya de Viena, escuchó al pintor con el rostro imperturbable y, cuando este se marchó, le confesó a Zweig que jamás había conocido a un espécimen tan cabal de español y con un dominio técnico tan admirable. No era, claro, el reconocimiento que Dalí esperaba. Era, en esencia, un dictamen.
Aquel desencuentro amistoso regresa al Museo Thyssen el 20 de octubre en El universo freudiano de Dalí, una recopilación de pinturas, dibujos, cartas y bocetos preparatorios que ilustran un vínculo con el padre del psicoanálisis tan duradero como no correspondido. Freud, que siempre desconfió de los surrealistas, buscaba excavar los estratos de la conciencia para encontrar el lecho rocoso de las imágenes fundacionales de la pintura, la poesía, la religión o los sueños, más antiguas que la razón; la misma arqueología del inconsciente que Dalí trasladaba al lienzo. La muestra sirve de pórtico a un otoño que, antes que exhibir, interroga: cruza obras y biografías como piezas de un mismo expediente.
Picasso es otro ejemplo. Su obra se desdobla en tres ciudades. En París, el Museo Picasso de la ciudad reconstruye a partir del 20 de septiembre el diálogo de 1973 entre André Malraux y Jacqueline Roque, cuando el escritor, ordenando el legado del pintor en su estudio de Notre-Dame-de-Vie, tropezó con la aglomeración salvaje de fetiches y máscaras africanas, germen de su idea del musée imaginaire que cristalizaría después en su ensayo La cabeza de obsidiana (la piedra negra que los pueblos mesoamericanos usaban como vía mántica). Aquel diálogo ficcionalizado recuerda que el compromiso político de Picasso, documentado ahora en manuscritos inéditos, no fue nunca un gesto abstracto: nació de una guerra que él vivió desde el exilio y pintó desde la rabia.
Semanas después, el 30 de octubre, el Picasso de Málaga sienta al artista frente a Edvard Munch, en un combate entre la agorafobia nórdica y la líbido escénica del Mediterráneo. Por su parte, el Museu Picasso de Barcelona lo sitúa en la arquitectura a partir del 20 de noviembre, desde el Guernica hasta los frisos de 1962 para el Col.legi d’Arquitectes de Catalunya: el cubismo introdujo la fragmentación, el collage y la transparencia como herramientas que después adoptaría la arquitectura moderna, con Le Corbusier en primera fila. En la misma ciudad, Charlotte Perriand, que compartió una década de estudio con el arquitecto francosuizo antes de que la historia del diseño la borrara de la firma, llega el 9 de octubre a la Fundació Miró reivindicando el diseño como emancipación doméstica.
Mientras tanto, el Museo del Prado rastreará en Rilke, desde el 17 de noviembre, las huellas que dejó el arte español. En Toledo, el poeta austriaco descubrió que la pintura del cretense podía reflejar la misma angustia existencial de sus versos: el origen de su crisis espiritual. En salas contiguas, la crudeza de Hans Baldung Grien, discípulo indócil de Durero, recordará a finales del mismo mes que toda belleza convive con su sombra. El misticismo peninsular se rinde, también, en el Museo del Louvre, que dedica una gran retrospectiva de Zurbarán desde el 7 de octubre, oportunidad para calibrar la modernidad de sus cartujos y sus tazas de porcelana suspendidas en un vacío sagrado que preludia el minimalismo, en sintonía con una época que parece empezar a buscar el silencio y la lentitud de las imágenes. También en octubre, el Museo de Orsay liberará a Mary Cassatt de los corsés de la historiografía. Y en Londres, ya en noviembre, la National Gallery someterá a examen la profunda psicología humana reflejada en los retratos de Van Eyck.
El Museo de Bellas Artes de Bilbao reabre el 5 de octubre tras una ampliación que lo lleva a repensar la colección desde cero, rindiendo tributo al mecenazgo de Plácido Arango, que adquirió piezas que van de los maestros antiguos a la modernidad más esquiva. No muy lejos, el norte peninsular se ha convertido en el nuevo territorio de prestigio del coleccionismo privado, con el desembarco estratégico de nuevas instituciones, como las cántabras Faro Santander, Lafuente. Cultura Material y la Fundación Alkar en Bilbao. Todas ellas forman un eje financiero que empieza a comisariar, con las mismas armas del mercado, la posteridad del arte.
En la programación dedicada al arte contemporáneo también hay más descensos al confuso inframundo de los laberintos, con la reinstalación de La Menesunda de la argentina Marta Minujín, en el Reina Sofía el 18 de noviembre. Unas semanas antes, el Guggenheim Bilbao trae la gravedad política y el pulso documental del cineasta y videoartista británico Steve McQueen. La Pedrera dedicará una muestra a Anselm Kiefer a partir del 2 de octubre.Mientras, el Macba concluye ese mismo mes el programa de su Año Treinta —y, sería deseable, también la crisis de sus dos últimos períodos— para inaugurar uno nuevo bajo la dirección de Valentín Roma. En la vecina La Virreina, David Wojnarowicz y Marion Scemama recordarán que el pasado de la fotografía también se escribe desde la fragilidad y el coraje.
En Madrid, la Fundación Juan March presenta el 16 de octubre La Transición estética, revisión de 60 años de arte español que dirime si ese momento de cambio fue un pacto de silencio o una modernidad reprimida que por fin implosiona. El 24 de septiembre, la Fundación Mapfre en Madrid trenza el lirismo místico del prerrafaelismo con la justicia histórica de sus Itinerarios femeninos (1850-1914), rescatando la singularidad de un grupo de mujeres artistas condenadas al papel de musas lánguidas, rompiendo así el brutal axioma de Robert Graves, para quien “sólo hay una y una sola historia, la de la Musa”.
Israeli director Amos Gitai presents his hybrid documentary 'The Road to Jericho' at the Venice Film Festival, which combines archive, present and landscapes to reflect on the unsustainable situation in Israel and Palestine, appealing to dialogue and historical memory as an alternative to violence.

In the Archaeological Park of Libisosa (Lezuza, Albacete) a fragment of anthropomorphic limestone sculpture from the 5th or 4th century BC has been found, reused in the construction of a Roman building in the Forum of Augustus. The piece, which preserves the sides and back of a human head with a braided hairstyle and ponytail, could represent a young man, horseman or standing figure. The discovery is part of the Libisosa project, directed by the University of Murcia with the collaboration of other Spanish universities.
The Metropolitan Museum in New York canceled the exhibition 'John Galliano: Horizons' after intense criticism for the designer's anti-Semitic past. The event represents an unusual setback for Anna Wintour, who had personally promoted the project.

The Museu de la Ciutat de València begins security and adaptation works for 650,000 euros to receive more than 200 works by Joaquín Sorolla from the Hispanic Society of America in New York, scheduled for 2027.
On September 18, the Jazz Sí venue on Requesens Street will reopen in Barcelona after three years of closure due to the pandemic, under the management of the former managers of the Milano Jazz Club and with the support of the Taller de Músics and public administrations. The space, renovated by the LVA studio with 100 dB soundproofing and capacity for less than one hundred people, will seek to open up to genres such as flamenco, rock and electronics, maintaining its link with jazz and programming daily music, including vermouth sessions on weekends.
The Sagrada Familia in Barcelona is preparing to choose the artist in charge of the Gloria façade. Miquel Barceló, Cristina Iglesias and Javier Marín are the finalists for this monumental project that represents the final judgment and eternal glory.