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El viaje de Amadou: de la guerra en Sudán a la espera de asilo en Ceuta
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El Mundo1 hour agoWorld6 min readSpain

El viaje de Amadou: de la guerra en Sudán a la espera de asilo en Ceuta

Quick Look

  • Amadou Abdulkarim, un joven sudanés de 22 años, relata su huida de la guerra en Darfur y su arduo viaje de dos años a través de varios países hasta llegar a Ceuta, donde espera asilo.
  • La historia se entrelaza con una investigación de AP sobre niños soldados reclutados en Sudán.

AI-generated summary

Why It Matters

Sudán vive una guerra desde abril de 2023 entre las Fuerzas Armadas de Sudán (FAS) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), que ha desplazado a millones de personas y estalló por desacuerdos sobre la integración paramilitar tras la caída de Omar al-Bashir en 2019.

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Amadou Abdulkarim sostiene su teléfono móvil a la altura del rostro mientras realiza una videollamada a un familiar. En la pantalla de su celular aparece la cara de una mujer. Es su madre, que está en Sudán. «Estoy bien. No te preocupes. Te quiero mucho, mamá, lo sabes», le dice.

Al colgar, al chico se le apaga la sonrisa. Amadou está a alrededor de 6.400 kilómetros de distancia de su casa. Cuenta que procede de un poblado de la región sudanesa de Darfur. Habla con su madre desde las inmediaciones de acceso al abarrotado Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Ceuta, ubicado a las afueras de la ciudad autónoma española.

El pasado miércoles, cuando Ceuta todavía no había vivido esa avalancha humana procedente de Marruecos con más de 50.000 personas que llegó dos días después, esperaba con paciencia a poder acceder al recinto y disfrutar de un techo, de un colchón, de agua caliente.

Una vez lo haga, pedirá asilo humanitario en España. Mientras tanto, este chico de 22 años pasaba las horas del día tirado sobre cartones y bajo lonas de plástico, en la cuneta de la carretera que asciende al portón metálico del CETI. En ese momento ya había más de 1.000 personas como él aguardando su turno en la calle, entre una carretera y un monte boscoso.

El chico muestra un papel que le han dado con sus datos y con su petición de ingreso. Arriba, escrito a lápiz, aparece el número 359. Son las personas que llegaron antes que él aquí.

Amadou alcanzó Ceuta a nado el pasado fin de semana. Se lanzó al mar desde una playa de Castillejos, al otro lado de la frontera con Marruecos. Como no sabe nadar con destreza, se agarró a un flotador de color negro y se fue impulsando con los pies. Llegó de madrugada. Tardó cinco horas en hacer un recorrido que a pie tardaría 10 minutos. Empapado, comenzó a caminar en dirección a ningún sitio, hasta que alguien le dijo dónde estaba el CETI.

«La vida en mi país ha dejado de tener sentido. No es vida. Nos matan, nos morimos de hambre...», dice el chico. Crónica consigue hablar con él gracias a la traducción al árabe que realiza un joven marroquí que también espera a ingresar en el centro de acogida y mediante el precario inglés que Amadou habla.

«Hay guerra. Hay muchísima inseguridad. Las mujeres son violadas. A los jóvenes nos llevan a combatir obligados. ¿Qué podía hacer yo? Sabía que podía morir por el camino. Pero me dio igual. Allí era más probable hacerlo, pienso», añade Amadou, que tiene cuatro hermanos.

—¿Cuánto tiempo has tardado en llegar a Ceuta?, pregunta el periodista.

—Dos años. Otros chicos de Sudán que también están por aquí han tardado tres años, yendo de país en país. Es un viaje muy duro. Ahora estoy feliz.

—¿Por cuántos países has cruzado hasta llegar a España a través de Ceuta?

—Salí de Sudán por Chad. Luego, fui a Níger. Fui cruzando el desierto del Sáhara. Creo que también pasé por Malí, por Mauritania, hasta llegar a Marruecos. Es difícil describir bien el recorrido. A veces, uno no sabe dónde está. He vivido en la calle, me han pegado...

—¿Fue muy duro?

—Prefiero no recordarlo. No quiero hablar de ello.

Sudán vive una guerra desde abril de 2023. Desde entonces, se enfrentan las Fuerzas Armadas de Sudán (FAS) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR). Se calcula que entre 11 y 12 millones de personas han huido de sus casas por los combates. El conflicto estalló por desacuerdos sobre la integración de los paramilitares en el ejército nacional durante la transición política tras la caída de Omar al-Bashir, el expresidente sudanés, derrocado en 2019 mediante un golpe de Estado. Luego, fue encarcelado, juzgado y condenado por múltiples cargos de corrupción.

"Sólo quería escapar e iR a casa"

Una reciente investigación periodística de la agencia de noticias Associated Press ha conseguido narrar las vivencias de niños soldados reclutados para la guerra bajo amenazas de muerte.

La agencia norteamericana consiguió recabar testimonios excepcionales y de primera mano que revelan los peligros que enfrentan decenas de miles de niños y adolescentes que se cree que han sido reclutados por parte de todos los bandos para la guerra. En su investigación, AP entrevista a seis niños exsoldados, que fueron secuestrados y obligados a luchar con las FAR.

Los chicos hablaron bajo la condición de guardar el anonimato por temor a sufrir represalias. Dos de ellos manifestaron haber sido entrenados por mercenarios colombianos. Según grupos defensores de los derechos humanos, éstos fueron reclutados por una empresa en Emiratos Árabes Unidos vinculada al Estado para luchar con las FAR. Las fuerzas armadas de Sudán acusan a los EAU de armar a las FAR. Además, un informe de la Organización de Naciones Unidas (ONU) reportó haber rastreado envíos de armas a las FAR desde esa federación del golfo Pérsico, que incluye a Dubái. Emiratos Árabes Unidos negó dichas acusaciones a AP.

Los EAU afirmaron que su investigación sobre la empresa en cuestión no halló vínculos con actividades mercenarias en Sudán. Condenaron las atrocidades cometidas por todas las partes y manifestaron su apoyo a las gestiones para poner fin al conflicto.

Uno de esos niños contó que uno de sus captores lo ató con grilletes a un cañón antiaéreo montado en una camioneta pickup, mientras aviones de guerra sudaneses atacaban. Dijo que vio a otro niño que había sido encadenado al volante.

Mientras sus captores buscaban refugio, a los chicos se les ordenó quedarse y derribar los aviones sobre la capital, Jartum. Si intentaban huir, los asesinarían. Ese menor tiene ahora 17 años. Añadió que quienes ordenaron que lo ataran al cañón eran mercenarios colombianos que brindaban apoyo militar a las FAR de Sudán contra el ejército en la guerra, que ya enfila su cuarto año. Otro niño contó haber sido obligado a realizar ataques de artillería y que fue golpeado por desobedecer.

«Tenía muchísimo miedo. Sólo quería escapar e irme a casa», contó el menor que fue encadenado al arma antiaérea, quien rompió a llorar durante la entrevista al tocarse las cicatrices de los aproximadamente 18 meses en que se vio obligado a luchar.

El relato de AP señala que el chico contó que los combatientes de las FAR lo detuvieron en un mercado de Omdurmán, ciudad vecina de Jartum, donde vendía cigarrillos. Los paramilitares buscaban a desertores y lo capturaron a él por error. En ese momento tenía 15 años. Sin haber empuñado un arma jamás, lo enviaron al frente, en Jartum. Las cicatrices en la cabeza y debajo de un ojo marcan los lugares donde fue alcanzado por metralla.

Posteriormente, lo llevaron a una base de las FAR en Omdurmán, conocida como Campamento de la Reserva Central, donde lo retuvieron con decenas de otros niños. Tenían las manos atadas todo el tiempo. También al comer. «No se nos permitía bañarnos. En su lugar nos echaban agua encima mientras permanecíamos atados», subrayó.

Indicó que en la base había decenas de mercenarios extranjeros, descritos como colombianos por los combatientes de las FAR. Mediante intérpretes, les enseñaron a los niños cómo utilizar los cañones antiaéreos. Sostuvo que ellos les decían a los combatientes de las FAR que ataran a los niños a las armas para que no pudieran escapar.

ENCADENADOS SALVAJEMENTE

«Cuando los aviones sobrevolaban [la zona], los colombianos se replegaban a sus búnkeres, y nos dejaban afuera encadenados a los vehículos», narró el adolescente. Se vio obligado a disparar, pero enfatizó que tenía demasiado miedo y nunca dio en el blanco.

Otro menor, también a los 15 años, contó que los colombianos y las FAR utilizaban drones para elegir blancos. Cuando se negaba a disparar, lo golpeaban, a veces con una porra eléctrica. En una ocasión, según contó, un colombiano lo golpeó hasta dejarlo inconsciente.

La ONG Save The Children denuncia que la guerra que se libra en Sudán desde hace más de tres años «se ha convertido en una de las crisis más devastadoras para la infancia en todo el mundo». Habla de «colapso total». Según datos del Ministerio de Salud sudanés, al menos tres bebés han nacido cada minuto en medio del conflicto, entre abril de 2023 y abril de 2026.

«Esto supone 5,6 millones de nacimientos en condiciones extremadamente precarias: refugios superpoblados, centros sanitarios sin electricidad ni material básico y una grave falta de personal médico cualificado», denuncia la citada ONG.

Este pasado miércoles, el mismo día que Crónica habla con Amadou a las puertas del CETI de Ceuta, un grupo de 39 subsaharianos que había salido de dicho centro se encontraba en los alrededores de la estación marítima de la ciudad para ser trasladados a la península en ferri. Allí se harán cargo de ellos distintas comunidades autónomas.

What to Watch

AI outlook — possibilities, not facts

  • Amadou Abdulkarim pedirá asilo humanitario en España.

    Very likely · Within days

  • El grupo de 39 subsaharianos será trasladado a la península y acogido por comunidades autónomas.

    Very likely · Within days

Open Questions

  • ¿Cuál será el destino final de Amadou en España?
  • ¿Cuántos niños soldados siguen activos en Sudán?
  • ¿Qué medidas concretas tomarán las comunidades autónomas españolas con los migrantes?

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This article was originally published by El Mundo.

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