¿Es malo tener sexo durante un eclipse? La Ciencia dice no, la Historia tiene sus peros
Un análisis de las supersticiones y creencias culturales en torno a los eclipses solares y su impacto en la concepción y el comportamiento humano.
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Aunque la ciencia desmiente que tener sexo durante un eclipse sea perjudicial, la historia humana registra numerosas supersticiones y prohibiciones culturales, especialmente sobre la concepción y el embarazo, que persisten hasta hoy en redes sociales.
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Why It Matters
La ciencia afirma que no hay riesgo en tener sexo durante un eclipse, pero históricamente, muchas culturas han asociado estos eventos astronómicos con prohibiciones y advertencias, especialmente en relación con la concepción y el embarazo.
Cuando llegue el eclipse solar del próximo 12 de agosto, millones de personas levantarán la vista al cielo y, unas cuantas, buscarán algo mucho más terrenal en Google: ¿es malo tener sexo durante un eclipse? La Ciencia tiene una respuesta sencilla: no. La Historia humana, en cambio, tiene sus peros.
Durante siglos el eclipse fue uno de los momentos más inquietantes del calendario. El sol desaparecía en pleno día, los animales se comportaban de forma extraña y el mundo parecía detenerse durante unos minutos. Para muchas culturas, aquello no era Astronomía, era una advertencia. Y cuando el cielo enviaba una advertencia, el cuerpo debía obedecer.
No era una prohibición aislada. En muchas sociedades tradicionales, cuando el universo parecía romper sus propias reglas, los seres humanos procuraban no alterar las suyas. Se evitaban bodas, viajes, cosechas, operaciones importantes e incluso cocinar o comer. El sexo entraba en esa misma lógica: si el cielo estaba atravesando un momento excepcional, tampoco convenía iniciar una nueva vida. Más que una cuestión moral, era una forma de no desafiar un orden cósmico que parecía tambalearse.
La superstición más repetida ha sido la de no concebir durante un eclipse. El problema no era el sexo; lo que daba miedo era crear vida. Desde Asia hasta Europa, pasando por América y Oceanía, aparece una idea recurrente. Que si un eclipse altera el orden del universo, también puede alterar el resultado de una concepción. La lógica era de lo más sencillo. Si el Sol está siendo devorado, oscurecido o atacado, ¿qué puede ocurrir con un bebé concebido en ese mismo instante?
La respuesta dependía de cada cultura. En tradiciones populares de India y Nepal, algunas aún vigentes, los eclipses se consideran periodos de impureza (sutak). Durante esas horas se aconseja evitar determinadas actividades cotidianas, incluidas las relaciones sexuales. La creencia más extendida sostiene que el eclipse puede afectar negativamente al embarazo o al desarrollo del futuro hijo.
Por eso no es raro que cada eclipse vuelva a llenar internet de consejos, advertencias y vídeos virales dirigidos a mujeres embarazadas. El eclipse se lee como signo o advertenciaen crónicas religiosasde la Europa medieval. Y en los siglos XIX e incluso XX circularon creencias populares según las cuales los niños concebidos o gestados durante eclipses podían nacer con una especie de marca del destino, y no necesariamente física.
En el Dictionary of British Folk-Tales de Katharine Briggs, en el Reino Unido; en estudios del antropólogo James G. Frazer sobre Europa y Asia; y en recopilaciones etnográficas latinoamericanas del siglo XX sobre México y el Caribe aparecen creencias recurrentes sobre la vulnerabilidad del embarazo durante los eclipses, prácticas de protección y advertencias sobre posibles daños en el feto. La creencia más extendida era que los niños nacían con el labio leporino o manchas en la piel; y hasta hace no mucho en Italia la tradición recomendaba que las embarazadas no salieran a la calle durante un eclipse. Una de las que creo más simpáticas es que si alguien tenía una verruga y otra persona soplaba en ella durante un eclipse, la verruga desaparecería.
En las tradiciones inuit, recogidas por el antropólogo germano-estadounidense Franz Boas a finales del siglo XIX, y por el explorador y etnógrafo danés-groenlandés Knud Rasmussen durante las primeras décadas del siglo XX, se cuenta el suceso como una unión amorosa de Padli (la Luna) y Amarok (el Sol) que, tras casarse sin saber que eran hermanos, se comen, no se sabe si a besos. Para estos inuit, los encuentros de Padli y Amarok nunca fueron motivo de miedo. La palabra que utilizan para eclipse es pulamawyuk, que literalmente significa «uno dentro del otro».
En tradiciones recogidas por A. P. Elkin, uno de los antropólogos más influyentes del siglo XX sobre aborígenes australianos, el eclipse aparece como intervención espiritual en el orden del cielo. No hay una prohibición sexual documentada, pero sí el patrón de que el eclipse exige ajustar el comportamiento humano.
Hoy en día, gracias a Tik Tok, supersticiones con miles de años de antigüedad, simplemente, cambian de plataforma. Durante los eclipses de 2017, 2023 y 2024, las redes se llenaron de vídeos que recomendaban no sólo no concebir hijos, sino también no iniciar relaciones personales, no tomar decisiones importantes o evitar cambios drásticos de vida. Antes se hablaba de presagios. Ahora se habla de vibraciones y de energías, pero el mecanismo psicológico es prácticamente el mismo.
Una de las leyendas urbanas más resistentes es que aumentan los partos durante los eclipses. Maternidades de todo el mundo llevan décadas escuchando la misma historia mientras los estudios científicos no han encontrado pruebas sólidas de que ocurra. Y aun así, lo más curioso es que los hospitales suelen prepararse porque el personal cree que de verdad puede suceder.







