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Esperanza Aguirre: "El enfrentamiento actual me tiene asustada"
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El Mundo6/14/2026Politics16 min readSpain

Esperanza Aguirre: "El enfrentamiento actual me tiene asustada"

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  • Esperanza Aguirre, ex presidenta de la Comunidad de Madrid, reflexiona sobre la crispación política actual, la Ley de Memoria Histórica y sus inicios en la política.
  • Critica el "guerracivilismo" y el odio entre partidos, contrastándolo con la cordialidad de sus inicios.

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Why It Matters

Esperanza Aguirre, figura clave del Partido Popular, repasa su trayectoria política desde el Ayuntamiento de Madrid hasta la presidencia de la Comunidad, contrastando la cordialidad de sus inicios con la crispación actual.

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Iñako Díaz-GuerraTexto

Alberto Di LolliFotos

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Ningún taxi acepta recoger a Esperanza Aguirre (Madrid, 1952) en su casa del centro en los días de alarmismo circulatorio por la visita del Papa, así que acabo yendo a buscarla con cierta vergüenza porque, para qué mentir, tengo el coche con más ADN de paloma que de humano, no conozco a la ex ministra y presidenta de la Comunidad de Madrid y, aristócrata como es, auguro una mueca de asco. "Anda, eres de los míos, usas el coche como trastero", suelta al subirse, antes de comentarme que tengo que cambiar la foto de WhatsApp porque no es seria. No han transcurrido tres minutos y he confirmado algo que me habían dicho conocidos comunes y no acababa de creer: más allá de cualquier otra consideración, Aguirre es llamativamente simpática.

Empecemos por lo evidente. Has sido política en activo desde 1983 hasta 2017, ¿siempre os habéis llevado tan mal como ahora?

Para nada. Hay una enorme diferencia en el ambiente entre los diferentes grupos políticos desde que llegué a la política, en el Ayuntamiento de Madrid siendo alcalde Enrique Tierno Galván, hasta ahora. A peor, claro. Yo he hecho grandes amigos en todos los partidos, no solamente en los míos. La relación era cordial y lo siguió siendo hasta hace bien poco. El enfrentamiento actual me tiene asustada. El pasado septiembre me invitaron al Debate del Estado de la Región en la Asamblea de Madrid y la actitud de la oposición me dio miedo y vergüenza. La portavoz del PSOE, Mar Espinar, con la que coincidí como concejalas siendo alcaldesa Manuela Carmena y era una persona muy tranquila, exhalaba un odio hacia Isabel Díaz Ayuso terrorífico y no digamos ya la de Más Madrid, Manuela Bergerot. Unos gestos, un tono… Horrible. Esto antes era impensable.

¿Cuándo crees que cambió todo?

El punto de inflexión, sin ninguna duda, fue Zapatero, que resucitó el guerracivilismo con la Ley de Memoria Histórica, que se resumen en una frase: "Los buenos éramos nosotros y vosotros sois los malos". Y caló en la izquierda, el otro día la nueva portavoz de las Juventudes Socialistas [Aránzazu Figueroa], una señora que académicamente carece de currículum, dijo que nosotros, los de derechas, somos los herederos del franquismo y somos mala gente. Y se quedó tan ancha, la tía.

¿Te sientes heredera del franquismo?

¿Cómo me voy a sentir yo heredera del franquismo si creo y he participado en la democracia desde el principio? Pero eso no quita que diga que Franco hizo cosas bien, por ejemplo, la vivienda, que mira el problemón que es ahora. ¡Pero yo qué voy a ser franquista! En absoluto. Cuando nací, vivía Franco y cuando se murió, tenía 22 años y me acababa de casar. Viví bien con Franco, es cierto, aunque éramos una familia menos acomodada de lo que se dice, mi padre era abogado, pero éramos ocho hermanos y eso hay que alimentarlo, pero eso no quiere decir que sea franquista.

¿Cómo viviste el final de la dictadura?

En los 70 yo era una persona cero política. Viví la Facultad de Derecho de la Complutense cuando entraban los grises, pero lo veía como algo normal. Aquello no nos sorprendía en absoluto, me fastidiaba porque no me dejaban estudiar, pero a mí no me pegaban. Yo quería hacer Químicas, pero una vecina dos años mayor me desanimó diciéndome que era muy difícil y que mejor hiciera Derecho, que se podían sacar muy buenas notas. Le hice caso y, efectivamente, me encantó y saqué nueve matrículas de honor. Entonces, yo estaba en eso, en estudiar mucho. Además, al mismo tiempo conocí al que luego sería mi marido y esas eran las cosas que me interesaban. No me importaba nada la política.

¿Pero celebraste el cambio?

Celebré la llegada del Rey, eso sí. Me pareció que era muy importante para España porque he sido siempre muy probritánica y creo que la monarquía aporta estabilidad y es motivo de que los de diferentes ideas políticas podamos estar de acuerdo en algo.

¿De dónde te viene esa anglofilia?

Mi abuela materna se empeñó en que las tres nietas mayores, los chicos llegaron más tarde, debíamos de aprender inglés y nos llevaron a todas al Instituto Británico de Madrid. Lo aprendí sin ningún esfuerzo, porque si lo hablas desde los cinco o seis años no necesitas ni estudiar gramática, y por eso cuando llegué a la Comunidad de Madrid me empeñé en hacer la enseñanza bilingüe: no hay que enseñar inglés sino que hay que enseñar en inglés. Me emociona todavía ver a muchos niños en zonas poco favorecidas, que no pueden estudiar en Inglaterra ni en el Instituto Británico, hablar inglés.

¿En qué momento esa universitaria apolítica cambia y acaba metida en la política profesional?

Acabé la carrera y preparé unas oposiciones también por casualidad, porque todo en la vida me pasa por casualidad. En un ascensor me encontré a un primo de mi marido que me dijo que sacaban unas plazas de técnico de Información y Turismo que eran difíciles porque exigían dos idiomas. Yo también sabía francés, así que allá que me fui y las saqué en un año. Franco se murió en medio de las oposiciones y me vino Dios a ver con eso porque los tres días de luto oficial me sirvieron para preparar mejor el examen. Me destinaron al Ministerio de Turismo, pero luego me fueron moviendo de un ministerio a otro y en una de esas, no me acuerdo cómo ni por qué, empecé a frecuentar el Club Liberal de Madrid, cuyo presidente era el que desde entonces ha sido mi maestro, Pedro Schwartz.

¿Acabaste allí por casualidad?

Pues un poco sí. ¿Qué te he dicho?

Que todo te pasa por casualidad.

Exacto. Así que, de golpe, estoy en aquel club en un momento, los primeros 80, en que todo el mundo era socialista. Fíjate en el resultado del PSOE en las elecciones del 82, que saca 202 diputados. A mí es que siempre me ha gustado más ir a la contra. Además no fue solo el Club Liberal, también era mi marido, que estaba preparando otras oposiciones y a casa llegaban ‘The Economist’ y otras revistas extranjeras, yo las leía y ahí descubrí a la señora Margaret Thatcher y a Ronald Reagan. Ellos dos han sido y siguen siendo mis modelos ideológicos. Políticamente, admiro quizá más a Churchill, pero en cuanto a ideas, ellos dos.

Intuyo que la Movida la viviste lo justo.

Bueno, bueno… Mis hermanos eran los reyes de la Movida y en mi casa todos estaban metidos en ella. Mis hermanos pequeños tenían un grupo, Bajas pasiones, que tocaba con Alaska y los Pegamoides y Ouka Leele era mi prima. A la inauguración de su primera exposición, que se llamaba ‘Tocados’, ella llevó en la cabeza un cochinillo de los de Cándido con unas bombillas en los ojos que le había hecho mi hermano José, que su nombre artístico es Jaelius.

¿Y tú no salías ni un poquito?

Nada, ya era concejal del Ayuntamiento con Unión Liberal. Un día fui a ver un concierto de Alaska y mis hermanos en el parque del Oeste y se puso a diluviar. Fue un desastre.

¿Cómo era ser de derechas en ese momento que casi todos los jóvenes parecían ser de izquierdas?

Eso, eso, parecía, porque luego mira como Alaska y muchos más no lo eran. Mis hermanos eran muy progres, se fueron a vivir a una buhardilla y aparecían por casa con una bandera republicana y luego entraron en razón. Mira, Tierno era mi alcalde, porque en esa época no se había cambiado aún la ley y en la Comisión de Gobierno de los Ayuntamientos estábamos también concejales de la oposición, y las cosas que hacía podían no gustarme, pero no las iba a decir en público porque había una responsabilidad institucional que se ha perdido.

¿Qué tal te llevabas con él?

Era una España feliz y Tierno era el Papá Noel de esa felicidad, el abuelo de todos, pero decía barbaridades como aquello de animar a la gente a que se colocara. Recuerdo dos anécdotas con él. El presidente de mi partido era Fernando Chueca Goitia, un arquitecto muy famoso que había hecho la catedral de la Almudena. Me dijo que las obras llevaban muchos años paradas y había que terminarlas, así que le pregunté al alcalde por qué no se hacía y me contestó: "Porque no quiere el obispo". Vamos, que no le daba la gana. Y la otra fue en su último verano antes de morir que, volví morena de vacaciones, y me dijo: "¿Señora, me permite que le diga que viene usted muy guapa de este verano?". En las formas no estaba él en la Movida [risas].

En aquel ambiente, ¿nunca tonteaste con la izquierda, que era lo que se llevaba?

Nunca, nunca, nunca. Me metí en el mundo liberal con todas las consecuencias y jamás he titubeado. Mira, la derecha estaba proscrita en España en los 80 y sigue estando proscrita ahora.

¿Cómo va a estar proscrita la ideología más votada?

Lo está socialmente y en cuanto a imagen. Está mal vista y se la puede insultar sin miedo, pero es que a mí eso es lo que me pone. Siempre me ha gustado la oposición, es mucho más divertida que mandar. Sólo entras en aquellos asuntos que te interesan y no te están persiguiendo todo el rato por un idiota de tu partido que ha metido la pata. De hecho, tengo una anécdota sobre eso. Yo dimito como presidenta de la Comunidad de Madrid en 2012, después de superar el cáncer y de haber arrasado en las elecciones de 2011. El PP ya había ganado las generales con Rajoy, desgraciadamente…

¿Desgraciadamente?

Sí, porque ganó para incumplir el programa electoral, que era magnífico. Íbamos a derogar la Ley de Memoria Histórica, a cambiar la ley electoral y a bajar los impuestos y no se hizo nada de eso. Es más, salió Montoro y subió los impuestos más de lo que proponía Izquierda Unida. El caso es que dimito, me voy a una empresa privada que me ficha un señor catalán al que no conocía de nada, estoy allí tan feliz y me llama el partido para que vuelva y me presente a la alcaldía en 2015. Acepté si hacía yo la lista, que intentaron que no, y ¿sabes a quién llamé? yo hago la lista. Claro que yo era la presidenta del partido, Me pretenden decir que no, pero pues fenomenal poner a otro. Entonces llamé a nuestro actual alcalde, que ya había estado conmigo como director general del Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid, para que volviera a la política y él no lo veía nada claro. Le dije: "Pepito, te advierto que es muy posible que estemos en la oposición a Carmena porque el PP no hace más que tonterías, pero sólo te digo una cosa, yo he estado en los dos lados y nunca te vas a divertir tanto". Aceptó y mira todo lo que se ha divertido desde entonces.

Eres la descubridora tanto de José Luis Martínez-Almeida como de Isabel Díaz Ayuso.

A Almeida lo fiché en 2007 porque Alberto Ruiz Gallardón, en otra de sus ideas brillantes, quería talar todos los plátanos del Paseo del Prado. Entonces, llamé a la baronesa Thyssen para que se encadenara a un árbol, cosa que yo ya había hecho en el Paseo de Las Acacias siendo concejal, y busqué un buen jurista. Me recomendaron a un chico joven, abogado del Estado con plaza en Gerona, que quería volver a Madrid porque sus padres estaban mayores. Dije que viniera ese mismo jueves a verme, porque el viernes me iba a un viaje oficial a Perú, y me responden que no puede. Y yo: "¿Pero qué le pasa? ¿No tiene tantas ganas de volver? ¿No puede a ninguna hora?". Resulta que tenía un campeonato de golf y no pensaba perdérselo. Eso me convenció y le dije a mi jefe de Gabinete que lo atendiera él cuando pudiera y lo fichara [risas].

Prioridades claras.

Con el golf no se bromea. Luego lo fui ascendiendo porque es muy inteligente. También soy responsable de su matrimonio, porque le pedí que fuera a Flecha, la exposición de arte que organiza mi hermano José, que cumplía 30 años. No podía ir a la inauguración, pero sí a entregarle un premio que le habían concedido y la gala era en el Arturo Soria Plaza, que lo había comprado la empresa en la que trabajaba Teresa Urquijo. Allí se conocieron. A Teresa le gustaba de toda la vida el alcalde parece ser. Mira qué cosas.

Pero tu debilidad es Isabel Díaz Ayuso.

Soy ayuser a muerte. Es la mejor presidenta que ha tenido la Comunidad de Madrid, mucho mejor que yo porque con el 55% que saqué es muy fácil gobernar.

Siguen recordándole cada poco tiempo que fue la community manager de tu perro, Pecas.

Vamos a ver, llevar la cuenta del perro Pecas es un honor grandísimo y una genialidad estratégica. Isabel se enteró de que tanto en Downing Street como la Casa Blanca tenían una cuenta en Twitter de la mascota del presidente y decidió hacerlo con la mía. Me pareció sensacional porque todo lo que no podía poner en mi boca lo ponía en boca del pobre Pecas, que luego lo atropellaron. Eran una maravilla tanto el perro como la cuenta. Fue una idea de 10.

Has dicho antes que la Ley de Memoria Histórica resucitó el guerracivilismo, ¿no debería ser al revés? Es decir, ¿no deberían estar izquierda y derecha de acuerdo en no esconder debajo de la alfombra el pasado y afrontarlo a la manera de, por ejemplo, Alemania?

Las dictaduras se asumen, se reconocen y se pide perdón por ellas siempre que sean de derechas. ¿Tú has visto lo que pasa con las dictaduras de izquierdas? ¿Has visto a Rusia pedir perdón por las estatuas de Lenin? La derecha española sí ha afrontado el franquismo. Vamos a ver, claro que estuvo mal. Creo que los hechos vergonzosos, y también los heroicos, que tuvieron lugar en ambos bandos se cometieron creyendo que eran por el bien de España. De hecho, yo le di una calle a Indalecio Prieto. Lo que también creo es que hay que distinguir entre quienes, después, se arrepintieron de las barbaridades dichas y quienes no lo hicieron, como Largo Caballero, por ejemplo. La Ley de Memoria Histórica y la de Memoria Democrática lo que hacen es dividirnos en buenos y malos. Los buenos son todos ellos y los malos somos todos nosotros. Ahora, no sólo hace 80 años. Eso es lo que han vendido Zapatero y Sánchez y la izquierda ha comprado.

¿Estamos abocados, pues, a esa división?

Ahora mismo, sin duda. Es que el modelo de Pedro Sánchez es Largo Caballero, lo ha dicho él un montón de veces. Y Zapatero resucitó el guerracivilismo a sabiendas. En ese momento no había dos Españas, había una, pero él se lo dijo a Iñaki Gabilondo: "Nos conviene la tensión". No había ninguna y la forzaron. He tenido de adversarios políticos a Rafael Simancas, a Tomás Gómez, a Juan Barranco, a muchísimos socialistas, y de todos ellos soy amiga. ¿Te imaginas algo así hoy? Imposible, no quieren, prefieren pintarnos como el demonio porque les da votos.

Fuiste a Zapatero lo que Ayuso es a Sánchez, presidentes de la CAM y del Gobierno en bandos opuestos. ¿Cómo te llevabas con él?

Bien. Zapatero es muy amable en lo personal. Mucho. Me llevé bien con él a pesar de que para mí toma tres decisiones terroríficas según llega desp

What to Watch

AI outlook — possibilities, not facts

  • La crispación política continuará si no se abordan las divisiones ideológicas.

    Likely · Medium term

Open Questions

  • ¿Cómo se superará la actual polarización política en España?
  • ¿Qué medidas concretas se tomarán para fomentar el diálogo entre partidos?

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This article was originally published by El Mundo.

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