Gaza: La tregua rota y el agujero negro de los derechos humanos
Quick Look
- Nueve meses después de una tregua para Gaza, Israel incumple puntos clave, intensifica bombardeos y limita el acceso a ayuda humanitaria, creando una crisis de derechos humanos.
- Hamás disolvió su gobierno, pero Israel exige desarme previo, mientras la ONU alerta sobre la labor humanitaria.
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Why It Matters
Una tregua en Gaza en octubre de 2025, impulsada por Trump, buscaba la paz regional con el desarme de Hamás y la retirada israelí. Nueve meses después, la situación humanitaria es crítica y los puntos del acuerdo no se cumplen.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dio la bienvenida en octubre de 2025 a la tregua en Gaza asegurando que había logrado la paz regional, mientras Hamás devolvía a los últimos rehenes israelíes a los que retenía desde 2023. El movimiento palestino iniciaba así el cumplimiento de una hoja de ruta trazada por Washington que incluía también, de manera inmediata e incondicional, el alto el fuego entre Israel y Hamás y la entrada a la Franja de la ayuda humanitaria. Luego, en un proceso gradual, el grupo islamista debía desarmarse y abandonar la gestión del enclave palestino, al tiempo que el ejército israelí completaría su retirada del territorio.
Nueve meses después, el incumplimiento de casi todos esos puntos ha convertido el asediado litoral palestino —hogar de dos millones de civiles sin relación con la lucha armada— en un agujero negro de los derechos humanos. El ejército israelí sigue bombardeando a diario y ya ha matado a 1.100 personas desde el alto el fuego, según las autoridades sanitarias de la Franja, mientras amplía la ocupación terrestre y arrincona a los gazatíes en un espacio menguante, lo que los condena a malvivir hacinados y en condiciones de insalubridad.
El acceso al agua potable es en este momento la mayor preocupación de las familias, y el 85% señala obstáculos para acceder a baños y letrinas, según denunció el jueves la oficina de la ONU para los asuntos humanitarios (OCHA).
Pero el boicot de Israel al acuerdo de alto el fuego —sin que Trump haga nada por evitarlo— no se limita a los bombardeos. El lunes pasado, Hamás anunció la disolución de su Gobierno —otra condición exigida en el acuerdo— y lo presentó como un intento de desbloquear la situación. La tregua impulsada por la denominada Junta de Paz, un órgano presidido por Trump, prevé que un comité tecnocrático que aún no ha pisado Gaza y una fuerza internacional todavía inexistente reemplacen al grupo palestino a cambio del repliegue israelí. Ese comité era el que debía sustituir al Gobierno disuelto.
“Hamás da un nuevo paso al dejar el mando de la Franja”, afirmó el portavoz de la milicia palestina, Hazem Qassem. “Eliminamos así cualquier pretexto de la ocupación [de Israel], que mantiene su agresión y su guerra de exterminio”, concluyó.
Israel, sin embargo, no deja entrar en la Franja al nuevo Gobierno de técnicos. Exige que el desarme de Hamás anteceda a la aplicación de cualquier otro punto del acuerdo de alto el fuego. Y Hamás, por su parte, se niega a entregar las armas alegando las violaciones israelíes de la tregua y la falta de garantías de que al final del proceso a los palestinos se les garantice un futuro soberano.
Israel sigue aumentando, además, el ritmo de sus asesinatos selectivos. Tras no lograr erradicar a Hamás, el Gobierno de Benjamín Netanyahu, que se ha puesto como objetivo matar a todo el que participara en los ataques que el grupo lanzó sobre Israel el 7 de octubre de 2023, con casi 1.200 víctimas mortales, asegura haber matado desde el pasado lunes a ocho milicianos palestinos. El jueves, medios gazatíes informaron del intento fallido de asesinar al portavoz Qassem en un bombardeo contra su vehículo que causó varias muertes.
Esos ataques selectivos también causan bajas civiles. El ejército de Israel ha matado desde el lunes a 26 personas, según el Ministerio de Sanidad gazatí, una cifra similar a las 23 víctimas de la semana anterior. Desde 2023 son al menos 73.221 las víctimas mortales en Gaza —la inmensa mayoría, civiles—, según cifras de las autoridades gazatíes que la ONU toma como referencia. Un tercio de los fallecidos eran niños. El Ministerio de Sanidad ha denunciado este domingo que el 70% de sus ambulancias están fuera de servicio tras tres años de asedio israelí.
Cinco personas murieron este domingo en ataques israelíes en Gaza. Entre ellas, una niña de ocho años alcanzada por disparos del ejército en el campamento de refugiados de Al Nur wal Huda, según informó el Hospital Mártires de Al Aqsa del enclave, que identificó a la pequeña como Tala Abu Mata. El miércoles perdieron la vida en bombardeos de Israel otros tres niños, y un soldado mató en una “ejecución sumaria” —según denunció su compañero a la prensa— a Ahmad Esleem, un conductor que transportaba ayuda humanitaria de la ONG World Central Kitchen. La semana pasada, otro bombardeo sobre una zona de tiendas de campaña cerca de Jan Younis mató a una mujer y a su bebé, y destruyó las tiendas de 150 familias, según OCHA. A pesar de todo ello, el ejército israelí reitera que toma medidas para mitigar daños civiles.
El texto del acuerdo de tregua contempla la rehabilitación de las redes de agua, electricidad y alcantarillados de la Franja, pero los gazatíes siguen malviviendo a oscuras, sin opción de encender un ventilador en plena ola de calor y, a menudo, conviviendo con aguas residuales.
En Gaza, al menos oficialmente, ya no se mueren de hambre, como sí ocurrió el año pasado cuando 400 personas —casi todas, ancianos y niños— perecieron por inanición durante la hambruna declarada por la ONU. Esa hambruna está hoy erradicada, pero la inseguridad alimentaria sigue siendo altísima. La acumulación de personas junto a la de residuos provoca plagas de ratas y piojos, virus y bacterias. La OCHA ha identificado en las últimas dos semanas 9.300 casos de varicela —la mitad, en Jan Younis—, una enfermedad cuya vacuna existe en Israel pero no se administra en Gaza, tampoco antes de la guerra.
El COGAT, la unidad militar israelí que gestiona los asuntos civiles en los territorios palestinos ocupados, asegura que la cantidad de comida que entra en la Franja es “más que suficiente”, sin aclarar cuánta llega realmente a los gazatíes. Este órgano señala a Hamás como “el principal impedimento” para la distribución de la ayuda humanitaria.
Esta semana, la OCHA ha alertado de que la expansión del ejército israelí, que ha extendido su ocupación por encima del 53% del territorio que el acuerdo de tregua le reserva mientras Hamás no se desarme, “pone en peligro la labor humanitaria”. El avance de la Línea Amarilla, que delimita la ocupación, es también el de la actividad militar.
“Nos dicen que esto es [ahora] la Línea Amarilla. ¿Qué se supone que tenemos que hacer?”, se lamentaba un gazatí, en un videocomunicado de la ONU, ante la casa destruida donde vive. “Cuando el fuego comienza, cojo a mis niños, los estrecho contra mi cuerpo y nos metemos debajo”, añadía.
Desgobierno en la Franja
Mkhaimar Abusada, profesor de Ciencias Políticas de la arrasada Universidad de Al Azhar, en Ciudad de Gaza, cree que la disolución del Gobierno de Hamás solo busca ganar tiempo. Y que, en realidad, la milicia conserva resortes de poder en el enclave. “Quieren evitar hacer concesiones al Ejecutivo de Netanyahu antes de las elecciones de otoño, y buscan aliviar la presión de los mediadores dejando la pelota en el tejado israelí”, argumenta desde su exilio en El Cairo. Las elecciones en Israel se celebrarán el 27 de octubre, según se anunció este domingo.
Ese intento de Hamás, considera Abusada, no ha tenido repercusión: “Hamás ha disuelto algunas autoridades pero ha puesto a otras interinas”, sostiene. Lo que los mediadores esperan, precisa, es “que responda a la cuestión del desarme”. Mientras, el comité de tecnócratas que la Junta de Paz formó para administrar temporalmente Gaza sigue sin poder acceder al enclave, donde Israel le niega el paso mientras Hamás esté armado.
Haya o no acuerdo sobre el destino de las armas palestinas —se negocia acordar su “almacenamiento” en lugar de su entrega a Israel—, la Junta de Paz se prepara para iniciar próximamente un programa piloto para habilitar “refugios humanitarios” en el área bajo ocupación israelí; esta representa ya más del 60% del territorio, e Israel quiere llegar al 70%.
El objetivo, según han publicado medios israelíes que citan a miembros del organismo liderado por Trump, es “debilitar gradualmente el control del grupo sobre la población”, permitiendo la entrada de civiles en las zonas no controladas por Hamás. Allí habrá, aseguran, ayuda humanitaria y alojamiento provisional en caravanas.
El primer refugio se creará cerca de Rafah, en el sur. Sobre el papel, el comité tecnocrático administrará esas zonas y la fuerza internacional las patrullará, a medida que las tropas israelíes abandonan territorios “liberados” —algo a lo que se niegan si Hamás retiene su arsenal—. Si lo desean, los civiles podrán permanecer en la zona controlada por la milicia, donde los bombardeos y la intemperie serán una amenaza permanente. La esperanza, señalan esas fuentes, “es que Hamás se quede sin población, territorio ni recursos, como vía para su eliminación”.
What to Watch
AI outlook — possibilities, not facts
Israel podría intensificar la presión militar y humanitaria sobre Gaza.
Likely · Within months
La comunidad internacional podría aumentar la presión diplomática sobre Israel y Hamás.
Possible · Within weeks
Open Questions
- ¿Cuándo se aplicará el desarme de Hamás?
- ¿Qué rol jugará la fuerza internacional?
- ¿Cómo se garantizará un futuro soberano para los palestinos?


