Hombre mata a cantaor de flamenco por sentirse humillado
Quick Look
- Fernando S., alias 'Nando', de 54 años, confesó haber matado de un disparo al cantaor de flamenco Matías de Paula, de 52 años, por sentirse humillado.
- Tras el crimen, Nando protagonizó una violenta huida, apuñalando a un taxista y robando un tractor, antes de ser detenido.
- Seis personas, incluidos sus hijos, están en prisión provisional.
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Why It Matters
Fernando S. disparó y mató al cantaor de flamenco Matías de Paula porque se sentía humillado. La víctima y la exmujer del agresor tuvieron un noviazgo en la adolescencia y ella había intentado acercarse a él recientemente. Tras el crimen, Fernando S. protagonizó una huida en la que acuchilló a un taxista y robó un tractor.
Fernando S., de 54 años, declaró este viernes en los juzgados de Villanueva de la Serena (Badajoz) que había disparado y matado de un tiro en la cabeza al cantaor Matías de Paula, de 52 años, porque se sentía humillado. “Contó que estaba harto de que le llamaran cornudo”, aseguran fuentes jurídicas. Lo hizo durante un largo y extenso interrogatorio en el que no mostró remordimiento. El cantaor y su ex mujer habían tenido un breve noviazgo en la adolescencia y ella había intentado acercarse a él recientemente, cuando supo que se había separado. Le escribía por redes sociales y la habían visto sentada en primera fila en sus recitales. Matías Corraliza, verdadero nombre del cantaor, le había dicho a su familia que ella lo estaba agobiando. La había bloqueado en todos los perfiles de redes sociales y no sabía qué más hacer. El 15 de mayo, cuando le mataron, quería aclarar la situación con su exmarido, decirle que no tenían nada.
Fernando S., conocido como Nando, fue detenido cuatro días después del crimen, tras protagonizar una caótica y violenta huida en la que acuchilló a un taxista, intentó huir en un tractor y terminó escondido en una finca de soja en la población vecina de Magacela, a unos 10 kilómetros de Villanueva de la Serena. Cuando le arrestaron, tenía la ropa manchada de sangre y llevaba un bastón de ovejas con una punta afilada. El resto de los detenidos por la muerte —los dos hijos de Nando, un sobrino, un yerno y un amigo que le ayudó a esconderse en la población vecina de La Haba, a unos seis kilómetros— fueron pactando su entrega en los días siguientes.
La muerte del cantaor ha conmocionado al municipio, de 25.000 habitantes. A la alarma del tiroteo siguió el miedo a que produjera un nuevo enfrentamiento entre las dos familias implicadas y una investigación a contrarreloj. Los nervios se mantuvieron hasta el viernes, cuando la jueza envió a los seis detenidos a prisión provisional. Cinco de ellos están investigados por homicidio y pertenencia a organización criminal. “El ambiente es muy triste y muy doloroso. Es como estar en una nube”, decía una compañera profesional de Matías esta semana. La mujer, como la mayoría de los entrevistados, pide que no se difunda su nombre.
Matías Corraliza era un cantaor con recorrido profesional en tablaos, con amor por el arte y conocimiento de los cantes. Era muy querido y reconocido en su provincia. Sus amigos y allegados incidían estos días en su bondad y en que nunca se metió en líos. “Respiraba flamenco. Era una fuente, un maestro, un cantaor cabal”, rememora con cariño su colega.
El día que le mataron pasó parte de la mañana en la peña flamenca que gestionaba, a la que había bautizado Diego El Chucarro, en homenaje a su padre, también cantaor. Allí, en una pequeña habitación, grabó un vídeo de 1.26 minutos que ha sido su último testimonio público. En él, canta la seguiriya de Tomás Pavón Reniego de mi sino. Pedro Ortiz le acompañaba a la guitarra.
“Matías me decía: ‘Tengo más ganas de cantar que nunca. Estoy en mi mejor momento”, recuerda su compañera. “Había recuperado la ilusión de cuando comenzó con 16 años en los tablaos de Madrid”, añade. Hacía un año que se había separado de su pareja y, aunque había sido en buenos términos, comenzaba a pasar ese bache. Repasaba letras, ensayaba para acompañar al cante a los alumnos de la escuela local de flamenco y danza de la bailaora Leyla Buitrago, organizaba actividades en su peña. Subía muchos vídeos a redes sociales. Se grababa cantando, haciendo pesas en el gimnasio o con su familia en el campo. “Yo le decía ‘dónde vas con tantos vídeos, te estás pasando’. Y mira ahora”, se lamentaba el viernes Antonio, uno de sus primos.
El día de su muerte, Matías fue a comer a casa de su madre. Nando había estado llamándole y enviándole mensajes de WhatsApp. A las 15.00, le pidió que saliera a la calle. Su hermana Sandra le dijo que no lo hiciera, que tuviera cuidado, pero bajó. El pasado martes, una niña de unos 12 años señalaba a otra, un par de años mayor, los lugares claves del suceso en el parque de Santiago. “Ahí cayó”, dijo señalando una acera sin asfaltar. Después se desplazó unos 12 metros a la izquierda, hasta la pared lateral de la primera vivienda de la Plaza Rafael Alberti, pintada de blanco en la parte superior y gris en la inferior. Señaló cuatro marcas de disparos rodeadas por los investigadores con un lápiz y numeradas con un rotulador rojo. Las primeras investigaciones estimaban que hubo 8 o 9 disparos, pero hay grabaciones en poder de la Policía en las que se escuchan hasta 14 detonaciones. El cantaor recibió un único disparo que resultó mortal. Las chicas se dirigieron después a un coche, negro, con las ruedas desinfladas y el retrovisor roto, propiedad del padre de Nando.
Cuando Matías de Paula bajó a la calle para hablar con Nando se cruzó con uno de sus hijos y su yerno. Pasaron cerca, con un coche. “Maricona, espérate, que van a hablar contigo”, le dijeron, según contaron los testigos. Los investigadores policiales creen que pretendían “marcar” a la víctima. Que se quedara allí hasta que llegara Fernando S., otro de sus hijos y un sobrino. Cuando se vieron las caras, comenzaron los disparos. Matías, que había cogido un palo por si las cosas se ponían feas, cayó al suelo. La Policía cree que se pudieron utilizar tres armas. Tras el altercado mortal, los tres huyeron en un BMW color verde aceituna. Con Matías ya muerto, el yerno y el hijo de Fernando S. volvieron a pasar por la zona.
Tras el crimen, los agentes de la Brigada de Policía Judicial de Don Benito y Villanueva de la Serena comenzaron un trabajo frenético. Buscaron testigos, hablaron con conocidos y miembros de ambas familias. Supieron que la exmujer de Nando, que aquella tarde estaba allí, había enviado un audio a la hermana de Matías en el que le decía que tuviera cuidado con su expareja, porque “quería ir a por él”. En esta grabación, incluida en la investigación, la mujer le cuenta que “todo el mundo estaba diciendo que están juntos, y que ella contestaba que ya quisiera ella, pero que no es así”, indican fuentes policiales. La mujer, que se encuentra protegida por ser víctima de maltrato, no quiso entregar su teléfono a los policías y borró el contenido de sus conversaciones.
La huida
En la huida, el hijo y el sobrino de Nando dejaron al autor de los disparos en el pueblo vecino de La Haba (1.184 habitantes), a 6,7 kilómetros de Villanueva de la Serena. Ellos siguieron conduciendo en el BMW verde hasta El Vacar, una pequeña localidad a unos 40 kilómetros al norte de la ciudad de Córdoba. Se alejaron hasta donde les llegó la gasolina. Apenas llevaban dinero, así que compraron algo de comida en una gasolinera y después intentaron pasar la noche en una construcción abandonada.
El autor confeso del crimen pasó cuatro días en casa de un amigo, investigado por un delito de encubrimiento. Según las pesquisas, además de darle cobijo, le compró comida y un móvil, que llevaba cuando fue detenido. El martes por la mañana, ese amigo pidió un taxi para ir a Don Benito. Cuando el conductor llegó, le dijo que Nando sería su pasajero y cambió el destino. Quería ir a La Coronada, una población de 2.000 habitantes a 15 kilómetros de allí. Durante el trayecto, el taxista consultó el móvil y Nando se puso nervioso. Pensó que le había reconocido e iba a llamar a la Policía. Le dio “ocho o nueve cuchilladas” y escapó del vehículo. Durante el forcejeo, el fugitivo llegó a perder un diente. El conductor, gravemente herido, llegó a duras penas a un centro de salud de Don Benito.
Los agentes de Policía supieron que había un taxista herido por arma blanca y acudieron a verle. Aunque había perdido mucha sangre, pidieron permiso a los médicos para hacerle dos preguntas, por si estaba relacionado con el crimen de Matías. Primero le dijeron que describiera a la persona que le había agredido y después le mostraron una fotografía de Fernando S. El taxista, que se recupera de las heridas, se alteró muchísimo. Su reacción hizo que rápidamente montaran un dispositivo en las afueras de La Haba, donde lo había visto por última vez.
En apenas media hora, una docena de agentes rastreaba el terreno entre La Haba y Magacela, una zona en la que siempre pensaron que se podía esconder, porque la conocía bien y tenía familiares y gente de confianza. Allí se encontraron a un agricultor que les hacía gestos. Les dijo que acababa de llamar al 112 porque había sorprendido a un hombre robándole el tractor. El ladrón había saltado la valla de su finca y rompió el candado. Lo encontró encima de su vehículo, con su sombrero puesto. Creen que quería hacerse pasar por un trabajador del campo y esquivar el dispositivo policial. Después de que el dueño de la finca le plantara cara, Nando salió huyendo campo a través.
Tras un rastreo por la zona, los policías lo encontraron en una parcela, a unos 10 metros de la carretera, entre plantas de un metro y medio de altura. Estaba quieto, intentando que no le vieran. Los investigadores creen que aquel día “se pudo salvar alguna vida” porque Nando estaba fuera de sí. Había un operativo policial conjunto con Guardia Civil muy cerca y podía haber intentado asaltar un coche para escapar.
Tras la detención de Nando, el martes a mediodía, saltó a la luz la entrega del hijo y el sobrino. Los arrestaron en la barriada de Los Colorines, en Badajoz, a donde se cree que los habían llevado unos familiares desde Córdoba. Los agentes consideran que la presión policial y el temor a las represalias hizo que tomaran esta decisión. El abogado Alfredo Pereira, que defiende a los cinco familiares, mantiene que quisieron entregarse desde el principio, pero que tenían miedo. Según Pereira, tanto el hijo de Nando como su sobrino no sabían lo que iba a hacer su padre. También incide en que Fernando S. había salido de prisión hacía pocos días y tenía un fuerte síndrome de abstinencia: “Es una persona adicta. Cogió las armas y le dio un brote”.
Los implicados no declararon en la comisaría. Sin embargo, Nando sí que comentó a los agentes que había disparado al cantaor porque “estaba con su expareja”. La investigación, en la que todavía falta analizar los teléfonos móviles, no ha llegado a ninguna conclusión sobre si mantenían una relación, aunque no hay duda de que el crimen tuvo una “motivación sentimental”.
Fernando S. tiene antecedentes por tráfico de drogas, tenencia ilícita de armas o lesiones, además de por violencia de género. Los vecinos le describen como alguien “conflictivo”. “Presumía de que tenía armas, pero nos imaginamos que podía llegar a esto”, decía uno de sus conocidos.
Open Questions
- ¿Mantenían una relación sentimental la exmujer de Fernando S. y Matías de Paula?
- ¿Cuál fue el motivo exacto de la humillación que sintió Fernando S.?
- ¿Se utilizaron tres armas de fuego en el crimen como se sospecha?
- ¿Cuál es el estado de salud actual del taxista agredido?





