La celebración de España tras la final: una noche de Reyes en julio
Quick Look
- Tras la victoria de España en una final de fútbol, el país se volcó en celebraciones espontáneas y emotivas, comparadas con una noche de Reyes.
- Desde Madrid hasta Miami, los aficionados, como José Manuel y Julia, compartieron la alegría y el orgullo nacional, recordando triunfos pasados y la unión que genera el deporte.
AI-generated summary
Why It Matters
España celebró con gran euforia y unidad su victoria en una final de fútbol, generando un ambiente festivo en todo el país, comparado con una noche de Reyes.
Desde la noche del domingo, cada español lleva una crónica periodística dentro y hace lo que puede por publicarla. Como ese barrendero que nada más acabar el partido saludaba a los vecinos de una calle madrileña mientras recogía los contenedores con ademanes de danza clásica. O el treintañero que se fumaba un puro con sus amigos, sentado en una cafetería cercana a la Plaza de Alonso Martínez, y que llevaba al cuello la bandera con la cruz de Borgoña, a la que quizá ha dado uso para otro tipo de convocatorias. Está José Manuel, nacido hace casi 93 años en Las Palmas de Gran Canaria, que vivió con emoción la final de hace 16 años y sufrió con la de este 19 de julio, temiendo llegar a los penaltis, donde no se mostraba tan optimista como cuando arrancó el partido. Y está Julia, una española residente en Miami que quiso ver la final en casa con su marido porque no quería coincidir con muchos de sus vecinos argentinos, que tenían preparadas pantallas en las zonas comunes del edificio donde vive.
Lo de esta final con Argentina fue una especie de noche de Reyes en julio. Fuimos todos el cuñado pesado y gritón y que busca ser el centro de atención en Navidad, no hubo decepciones con los regalos. Y estuvo bien que así fuera. Fuimos vuvuzela y claxon e hicimos sufrir a las cuerdas vocales. Gritamos vamos y venga y dale y viva la bandera y el himno y España, sea lo que sea este país complejo y verbenero que se echa a las calles cuando le viene en gana y a la mínima. Para ciscarse en alguien y llamarle hijo de su santa madre o para decir que somos los mejores y que a qué quieres que te gane. Disfrutones al máximo porque sabemos que enseguida volveremos a fustigarnos y a decir que lo nuestro no tiene arreglo, que todo lo que nos pasa es más bien propio de país tercermundista, y así hasta el fin de los tiempos. O hasta el próximo Mundial.
Este campeonato ha sido precioso para Sonia, que recuerda entre lágrimas cómo hace 16 años, cuando marcó el gol Andrés Iniesta y conseguimos la primera estrella, acabó en la piscina con su padre. Ese padre que ahora no está. O está, pero de otra manera. Fue bonito para Fernando, que lo vio en un bar con amigos y al acabar fueron todos menos él a gozarlo a la Plaza de Colón, porque el lunes entraba a las siete de la mañana a trabajar.
Pero lo de la tarde del lunes ha sido precioso. En las calles de Madrid cabían Foios, Eibar, Don Benito y Mataró, cada uno con la crónica a su manera. Musulmanes, católicos, ateos y amantes del tarot, en comunión por el título de campeones. Riadas de personas con camisetas de Lamine Yamal, banderas a modo de pareo. Padres y madres, hijos e hijas, gente a la que le da exactamente igual el fútbol pero que esto no ha querido perdérselo y que baila mientras pasa la charanga Los Torreznos cerca del metro de Argüelles. Tan de Amador Rivas, el personaje de La que se avecina. Tan nuestro en días como hoy. Tan de la España que espera. Y que a veces gana.

