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La Copa más norteamericana
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El País5d agoSports3 min readSpain

La Copa más norteamericana

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La Copa repartida entre Estados Unidos, México y Canadá empezó con una ceremonia de inauguración en el Estadio Azteca

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La Copa repartida entre Estados Unidos, México y Canadá es un evento deportivo importante

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El Mundial más norteamericano empezó con un zumbido prehispánico y terminó con el gringísimo Let’s go. Como una premonición, la caracola marina que servía igual para llamar a la lluvia que a la guerra, sonó esta vez para dar arranque a la primera Copa repartida entre los tres vecinos, Estados Unidos, México y Canadá. Los Tres Amigos, que no atraviesan precisamente el mejor momento de su amistad, tendrán cada uno su propia ceremonia de inauguración. La mexicana, en la que no estuvieron presentes ninguno de los tres presidentes de los países anfitriones, tuvo guiños decorativos prehispánicos, mucho español y bastante de inglés. Una ceremonia neutra para tiempos revueltos.

En este tipo de eventos, medidos al milímetro, siempre se busca alguna señal oculta, un mensaje de época. Lo de la última Super Bowl y la defensa de Bad Bunny de lo americano más allá de Estados Unidos fue rara excepción por lo explícito. Si el Conejo se puso a enumerar los 35 países de la región —en un guiño más que consciente a un recado anterior de Rubén Blades al vecino del norte— este jueves en el antiguo Estadio Azteca —ahora lleva el nombre de un banco—, la fórmula se repitió con un aroma entre descafeinado y exótico. J Balvin prefirió hacer la cuenta, pero hablando de mujeres: brasileñas, colombianas, dominicanas. Mientras que Shakira, que lleva casi los mismos mundiales que Messi, optó en su canción oficial por el recurso fácil de la lista de jugadores: Pelé, Maradona, Maldini, Romario, Cristiano Ronaldo.

La ceremonia fue tan blanca como el vestido de Lila Downs. La cantante oaxaqueña, con un pie también en California, ofició de maestra de ceremonias. Tras el zumbido inaugural, dio la bienvenida en mixteco (uno de los pueblos originarios de Oaxaca), en español y en inglés. A su alrededor pululaban bailarines, algunos con plumas en la cabeza y otros envueltos en un pegajoso traje dorado, una especie de hombres-trofeo con la cabeza como una bola de oro, quién sabe si eso fue un guiño al esférico de Infantino o a los ritos sacrificales prehispánicos.

Todo giraba alrededor de un escenario escalonado en el centro del campo. Este sí, un homenaje a las pirámides, pero con un aire medio espacial, entre brutalista y cyberpunk. Por ahí se repartieron raciones de nostalgia boomer con Maná o dosis de reguetón versión TikTok con el venezolano Dany Ocean o el propio Balvin, maestro en el arte de no mojarse, que eligió como parte de su popurrí una de sus colaboraciones en inglés: I Like it like that. Todo un detalle con los otros dos anfitriones, que en el cartel de sus respectivas ceremonias de inauguración, en Los Ángeles y en Toronto, lo más latino que ofrecerán serán margaritas y daiquiris.

Shakira cerró el espectáculo con su cuarta versión de la torre de Babel. Sobre una base facilona de afrobeat y acompañada del artista nigeriano Burna Boy, pasó del Waka waka de Sudáfrica al Dai dai de Ciudad de México. Las gradas recibieron con más emoción el himno mexicano antes del partido inaugural, interpretado por Alejandro Fernández, miembro de la aristocracia de las rancheras.

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This article was originally published by El País.

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