Reflexión sobre la gestión de fronteras, la desesperación humana y la falta de políticas europeas integrales frente a la inmigración.
El autor cuestiona la falta de un plan europeo integral para África, criticando que la respuesta actual se limite a la contención policial y la violencia, mientras miles de personas arriesgan sus vidas huyendo del hambre, la guerra y la desesperación.
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La crisis migratoria en las fronteras europeas se caracteriza por flujos de personas que huyen de conflictos y pobreza extrema en África. La respuesta institucional se ha centrado en el control fronterizo y la externalización de la seguridad.
Uno espera que, en algún despacho de algún departamento, en algún ministerio o subdelegación europea un grupo de eminencias, asesores, juristas, economistas, científicos y políticos lleven años trabajando en un plan para África. Porque, como escribió hace unos días David Trueba, África sí tiene un plan para Europa. Un plan nacido del desespero, del hambre, del miedo, de la ausencia absoluta de expectativas, de la huida de guerras y hambrunas, del terror.
Están ahí, enfrente, y solo tenemos al ejército, la policía y la externalización de la violencia en terceros países a cambio de dinero. Están desesperados. Solo así puedes entender que, ante el aviso de frontera abierta, cojas un neumático y te tires al mar. Hay casi doscientas personas muertas, ahogadas y pisoteadas, casi doscientas personas que ya no están, que solo querían poder vivir mejor.
Los tenemos ahora, aquí, enfrente y no esgrimen armas, sino carteles escritos a mano. Uno de ellos rezaba: “Tenemos oficios” y al lado otro: “Viva España”.
Existirán soluciones, complejísimas y no inmediatas. Un plan para África, para ellos, para que sus vidas no sean un infierno del que escapar. Porque lo que la derecha y la extrema derecha dice sin decir es que, para contenerlos, impedir que entren, expulsarlos, lo que proponen es la violencia. Por eso hablan de invasión. La propuesta que no acaban de querer oírse decir es disparen primero al aire y luego, hagan ustedes lo que quieran, pero que no entren y no se vea.
Control de fronteras, inmigración ordenada, por supuesto. Pero también derechos humanos, empatía, justicia social y de la otra. Me da casi vergüenza escribir que prefiero vivir peor de lo que vivo yo para que ellos, los que quieren entrar, los que se juegan la vida para hacerlo, vivan mejor y puedan hacerlo donde nacieron o donde quieran sin que su elección sea por la desesperación.
Y siguiendo con esta candidez, quiero pensar que mis impuestos también sirven para pagar a la gente más preparada, inteligente y realista de la UE y que tienen un plan para el resto del planeta que no vive en esta Babilonia amplificada por la tecnología. Hacemos ostentación de riqueza, vacuidad y decadencia, y no queremos que luego nos pidan entrar a tener algo de lo que nos sobra.

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