La tragedia de Mondéjar: la explosión de 8.000 botes de laca que marcó a un pueblo
Un repaso a los hechos ocurridos el 3 de noviembre de 1984 en Guadalajara, donde una manipulación de aerosoles causó una explosión que destruyó dos viviendas y dejó múltiples víctimas.
Quick Look
- El 3 de noviembre de 1984, una explosión causada por la manipulación de unos 8.000 botes de laca defectuosos destruyó dos chalés en Mondéjar, Guadalajara.
- El suceso dejó un saldo trágico de víctimas y solo dos supervivientes entre los presentes en la finca.
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Why It Matters
El suceso ocurrió el 3 de noviembre de 1984 en Mondéjar. Dos hermanos manipulaban botes de laca inflamables en un garaje cuando se produjo una explosión masiva.
Eran exactamente las 17:36 horas del 3 de noviembre de 1984, según quedó marcado en un reloj que se rescató de entre los escombros. Más de cuatro décadas después, los vecinos de Mondéjar (Guadalajara) aún recuerdan perfectamente qué hacían en el preciso momento en que se produjo la tragedia que más a sacudido a la localidad, de unos 2.300 habitantes entonces.
"Yo estaba trabajando en un bar y de repente las lunas comenzaron a moverse por la explosión. '¿Qué ha pasado?, ¿qué ha pasado?, ¿qué ha pasado?'", cuenta en las cercanías de la Plaza Mayor uno de los paisanos que colaboraría en las labores de rescate. "Yo estaba en casa viendo una película en la tele, Tarzán, no se me olvida, cuando sonó como una bomba", dice otro lugareño que entonces era sólo un crío. "Yo venía de una boda en Madrid y al regresar me encontré con toda la desgracia", recuerdan en la gasolinera de la localidad.
La gasolinera está hoy ubicada a la entrada de Mondéjar si se accede al municipio desde Madrid, pero entonces se encontraba en el otro extremo del pueblo, a no más de 50 metros del lugar donde se produjo la explosión, de modo que en los primeros momentos de confusión muchos vecinos pensaron que la estación de servicio había saltado por los aires.
En los meses anteriores se habían producido en España varios accidentes aéreos, entre ellos dos de enorme gravedad en el aeropuerto de Barajas que se saldaron con 93 y 181 muertos, por los que algunos corrían hacia el lugar de donde salía el humo con el convencimiento de que encontrarían otro avión estrellado.
Al llegar al foco de la explosión pudieron comprobar que el estallido se había producido en la parcela donde unos minutos antes estaban los dos chalés adosados en los que residía los hermanos A. y L. y sus familias. Como muestra de la brutalidad de la detonación, contaba El Caso que de las dos viviendas sólo había quedado un tabique en pie y que las puertas metálicas de los garajes habían sido lanzadas a más de 200 metros de distancia.
Además, como si de una mascletá se tratara, seguían produciéndose mini explosiones encadenadas. Provenían de unos botes de metal, decenas de botes de metal, que iban estallando uno tras otro y salían despedidos de entre los escombros. Más tarde se sabría que se trataba de envases de laca para el cabello, unos 8.000 botes, y que ellos habrían sido el desencadenante de la detonación.
"En algunos momentos los aerosoles salieron despedidos con gran velocidad por el aire, como si se trataran de proyectiles, por lo que bomberos, guardias civiles y personal de Protección Civil, que habían acudido a los trabajos de rescate, así como numerosos vecinos tenían que retirarse continuamente para no ser alcanzados y heridos por los aerosoles», relataba Abc al día siguiente.
Semejante escenario no daba para optimismos, pero lo cierto es que de las 11 personas que se encontraban en la finca en el momento de la explosión dos salvaron la vida.
La relación de víctimas y sus parentescos quedó compuesta así. En uno de los chalés vivían el matrimonio compuesto por A., de 32 años, electricista de profesión, y P. (30) y el único hijo de ambos, A. J., de sólo cuatro años. La esposa era originaria de Villar del Olmo, localidad que, aunque está sólo a 15 kilómetros de Mondéjar, no pertenece a Guadalajara sino a la comunidad de Madrid.
De Villar del Olmo precisamente provenían los amigos que los visitaban aquella tarde: A. G. (44) y su esposa, M. T., y dos de sus tres hijos, C. (12) y Ó. (14). De todos los anteriormente citados, sólo la madre y el hijo pequeño serían rescatados de entre los escombros con vida, pero ella fallecería al poco de ingresar en el Hospital de la Paz.
En el segundo chalé residía el otro hermano, L., también electricista de profesión, con su esposa, M. T. (42) y sus tres hijos: L. (13), J. (11) y V. (8). De éstos se salvaría el padre, que no se encontraba en la vivienda en ese momento, y el hijo pequeño, que fue rescatado a las 04.15 de la madrugada, casi once horas después de la explosión.
"Cuando apareció empezamos todos a gritar", recuerda uno de los vecinos que presenció el feliz momento, "porque ya no esperábamos que nadie pudiera estar vivo; la máquina excavadora estaba ya sacando ya los escombros y entre los escombros surgió él".
No recordaba este testigo que llovía copiosamente aquella noche, que la zona se convirtió en un barrizal ni que el pequeño superviviente asomó mojado y desfallecido. Al menos así lo recogía El Caso, que arrancaba la crónica que dedicó al suceso con él: "'Papá, llueve, tengo frío'. V., de ocho años, acababa de ser rescatado entre los escombros, después de haber permanecido sepultado durante once horas a causa de la dantesca explosión [...] El niño, que sufría algunas magulladuras de carácter leve, fue cogido en brazos por su padre, sin dejar de repetir que tenía frío».
Unos medios cifraron la cantidad de botes de laca que había almacenadas en la parcela en "ocho toneladas" mientras que otros hablaban "de 8.000 envases". La lógica dice que tiene más sentido lo segundo, por lo complicado que sería poder almacenar 8.000 kilos de laca en los chalés. Independientemente de la cantidad, lo que se concluyó es que los sprays debían de tener algún fallo que impedía su comercialización -se especuló con que no funcionaban las válvulas- y que las víctimas se habían hecho con ellos con la intención de vaciarles el líquido que contenían y vender los envases para chatarra.
"Yo entiendo que, desgraciadamente, los que podían dar la versión exacta han fallecido, y pensamos que estos sprays no estaban en condiciones para la venta y a alguien de los que están muertos se los habían ofrecido, quizá la fábrica, para su destrucción que vendiera los envases como chatarra", declaraba en esta línea al día siguiente el Gobernador civil en la provincia -el equivalente a un subdelegado del Gobierno actual-, Eduardo Moreno Díez.
En los días siguientes se fue armando el rompecabezas de lo sucedido y los medios de comunicación, citando fuentes judiciales, confluyeron en la misma teoría. El invitado, A. G., llevaba 16 años trabajando en la empresa Productos Cosméticos, S. A., que tenía sede en Torrejón de Ardoz (Madrid) y donde se habían fabricado los botes de laca, según estaba estampado en los envases. Debió de ser él el que los sacó de la fábrica.
Junto a su amigo y dueño del chalé, A., se encontraba aquella tarde manipulando los botes de laca en uno de los garajes, que ocupaban la parte baja de las viviendas. Con un objeto punzante -un clavo se creía- iban perforando los envases y volcando el líquido inflamable que contenían en un bidón, ajenos a que los vapores o gases de las lacas que iban vaciando se iban acumulando en la estancia. Que tuvieran guantes protectores puestos cuando rescataron sus cuerpos refrendaba la conclusión de que estaban trabajando.
Menos clara quedó la causa inmediata de la explosión. Era extraño que hubieran encendido un cigarrillo, puesto que, al trabajar uno en la fábrica de cosméticos y ser el otro electricista, debían de ser conocedores de la peligrosidad del producto que manejaban. Se apuntó también a que una chispa pudo saltar al perforar uno de los botes, al encenderse el reloj automático que activaba sobre esa hora la calefacción o al accionar el interruptor de la luz porque ya no se veía.
Ellos dos estaban en el garaje mientras que los nueve familiares que los acompañaban se encontraban en la parte de arriba, frente al televisor. Puesto que entonces no existía aún la televisión privada y sólo había dos canales debían de estar viendo de El tesoro de Tarzán, la tercera entrega de la saga que estaban emitiendo en ese momento por la Primera de TVE.
Se ha dicho antes que solo sobrevivieron al suceso dos niños, C. y V. El rastro del primero lo seguimos en Villar del Olmo -donde vivía entonces su familia y donde hoy el suceso es un recuerdo lejano- y en Madrid. Cuando por fin damos con un familiar, nos traslada que ni él ni su hermano mayor, quien también se salvó porque no se encontraba en el lugar, quieren hablar de la explosión en la que perdieron a sus padres y a un hermano.
Al otro superviviente, V., quien perdió a su madre y a su dos hermanos y quedó al cargo de su padre, L., el único de la familia que no se encontraba en casa, tampoco quiere remover los recuerdos, nos dice, menos ahora que su padre acaba de fallecer y está especialmente sensible.
Judicialmente el caso no tuvo mucho recorrido, aunque los familiares estuvieron batallando hasta que en 2008 -24 años después de producirse el suceso- el Supremo zanjó definitivamente las reclamaciones de las víctimas, que pedían indemnizaciones a la empresa fabricante de las lacas, Productos Cosméticos S.A., y a la aseguradora Comercial Unión.
Open Questions
- ¿Cuál fue la causa exacta de la chispa que inició la explosión?




