Míchel reflects on the evolution of Spain from the Transition to the World Cup
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Míchel, former Real Madrid footballer and member of the Quinta del Buitre, reflects in an interview on the transformation of Spain from the Democratic Transition to contemporary sporting success, highlighting social and generational changes and the evolution of football as a reflection of national progress.
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Why It Matters
Míchel, nacido en 1963 en Madrid, fue futbolista del Real Madrid y miembro de la Quinta del Buitre, generación que marcó una época en el fútbol español durante los años 80. Su testimonio forma parte de una serie de entrevistas a personalidades de los 80 y 90 realizadas por Iñako Díaz-Guerra.
Iñako Díaz-GuerraTexto
Alberto Di LolliFotos
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Esa España nuestra. Las entrevistas a personalidades de los 80 y los 90 de Iñako Díaz-Guerra
José Miguel González Martín del Campo (Madrid, 1963). Míchel, para los amigos y los enemigos, que alguno ha tenido. El verano en el que España ha ganado su segundo Mundial es interesante echar la vista atrás, a los albores de la democracia, para entender cómo la evolución del país se vincula estrechamente con el éxito en el deporte que reside en el ADN nacional. En los 80, Míchel y sus compañeros de la Quinta del Buitre llevaron el balón a la modernidad, el fútbol dejó de ser una cosa rancia y nada de lo de ahora se entiende sin ellos.
Si cuando te retiraste en 1997 te llegan a decir que verías a España ganar dos Mundiales, ¿te lo habrías creído?
No. Ni uno. Es un síntoma de lo que ha cambiado este país en estos años. De golpe, asumimos con tanta normalidad que podemos lograr cualquier cosa que nos ha dado menos alegría ganar este Mundial que el primero porque ahora ya sabemos que somos muy buenos.
La selección de fútbol representa bien la evolución de España en estos 50 años. De no pintar nada en los Mundiales de los 60 y los 70, a la ilusión y el crecimiento de los 80 y de ahí a, con el crecimiento del país, establecerse en el primer mundo a todos los niveles.
Totalmente. Ahora, España es un país, con sus fallos y sus problemas del primer mundo, que ya está a la altura de cualquiera. Ten en cuenta que nosotros, los que aún nacimos en la dictadura, somos una generación que hemos tenido muchas dificultades para crecer por falta de oportunidades y de fundamentos. Cuando se murió Franco yo tenía 13 años y España no cambió de la noche a la mañana. Fue un proceso y tardamos en equipararnos realmente al resto de grandes países. Las generaciones que ya han nacido en democracia, sobre todo los chavales que ahora tienen veintitantos años, están mucho más preparadas. Ya han recogido un testigo social, económico y cultural que nosotros ni soñábamos y los deportistas de hoy en día no tienen nada que ver en mentalidad y preparación con lo que éramos antes, que teníamos que ir descubriendo todo sobre la marcha y poco a poco. Esto es fantástico. Es la demostración de que España es mucho mejor ahora.
¿Qué tipo de cosas fuiste descubriendo?
Todo. No sabía ni decir "hello" y mis hijos con seis o siete años ya hablaban en inglés. Me sentaba con ellos a ver los dibujos animados, me reía y me decían ellos: "¿De qué te ríes? Si no lo entiendes" [risas]. Ahora ves a los futbolistas en cualquier partido internacional hablar tranquilamente entre ellos o con el árbitro en inglés. Nosotros recurríamos al idioma gestual internacional porque, cuando eres una persona limitada, lo que más funciona es la imaginación y el ingenio para salir adelante. Éramos chavales de barrio y ahora los barrios casi no existen.
Se suele decir que el fútbol ha perdido y añora ese ingenio de calle, que ahora es más aburrido.
No sólo se ha perdido en el fútbol, pero tampoco creo que sea malo. Yo no soy nada nostálgico. Me hubiese gustado vivir siempre con estos condicionantes favorables y esta preparación. Mi nuera mayor me ha regalado un libro que se llama ‘El libro de los abuelos’, en el que te hacen preguntas sobre tu vida y vas escribiendo las respuestas para que tu nieto sepa más de ti. Es llamativo ver que la mayoría de los juegos con los que nosotros disfrutábamos de niños, también los habían jugado tus padres y te los explicaban. Eso ya no pasa. Yo no le puedo enseñar a mis nietos a jugar a la peonza o a las chapas. No merece la pena porque tienen tantas otras cosas más atractivas que… Luego, sin embargo, mira el boom que hay otra vez con los cromos de fútbol. Eso quiere decir que hay cosas aprovechables del pasado, pero no tantas. En general, todo ha ido a mejor.
¿Cómo recuerdas esa Transición que te pilla siendo un chaval?
Primero, obviamente, no estábamos preparados, éramos unos lilas. Veías pasar cosas extraordinarias en todos los sentidos, en la comunicación, en la sociedad, en la política…, pero casi te atropellaba, no sabías qué hacer con esa oportunidad que era totalmente nueva y te daba miedo hacerlo mal. Me da envidia que ahora los jóvenes tienen el privilegio de equivocarse sin ningún problema. Eso es lo que hace que sean mucho más inteligentes, más preparados y más capacitados. Aprendes del error. Antes, si eras fotoperiodista, tenías un disparo para hacer la gran foto. Ahora te equivocas y haces otras 10 y ajustas y corriges y aprendes... Con la vida pasa parecido. Nosotros no disfrutamos del todo de ese cambio porque fue progresivo y aún ibas a tientas. Todavía te seguías preguntando con cada cosa si podías hacer eso.
Tardasteis en creéroslo.
Claro, no se murió Franco y al día siguiente España ya era un país diferente. La libertad se ganó poco a poco. Ahora sí, ahora la gente hace, en general, lo que se le ocurre, cosa que yo respeto siempre y cuando no molestes al de al lado, y lo hace sin miedo. Pero en esos primeros años de democracia las equivocaciones eran definitivas. Tenías que pisar con pies de plomo.
Toda esa época ya estás en la cantera del Real Madrid. ¿Llegó la efervescencia juvenil al fútbol o estabais en vuestro mundo?
Llegó. Éramos conscientes de ello y formábamos parte de una ola de cambio general que también nos influía a nosotros. Era un cambio social demasiado grande como para estar al margen. Entonces no eras tan consciente, pero con el paso del tiempo te das cuenta de que esa ola de renovación que hubo en la cultura, en la ciencia o en la política entró exactamente igual en la parcela que nos tocaba.
¿Aún no existía esa burbuja alejada de la realidad en que viven hoy tantos futbolistas?
Sí, existía. Es obvio que el futbolista de élite vive y se mueve en una pequeña sociedad, pero hay que entender también lo que genera y también repercute en su vida social. La audiencia de televisión de la final del Mundial no tiene comparación ni con la coronación de un rey ni con la proclamación de un Gobierno. El futbolista sí que vive en esa burbuja, cada cual con sus niveles, pasaba en nuestra época y ahora con mucho más sentido en este mundo de móviles y redes. Fíjate si el fútbol les aparta de la sociedad que ahora es muy difícil ver a un jugador en un aeropuerto, ya van todos en aviones privados. Hay que aceptarlo porque tienen esa vida y pueden disfrutar de eso, pero deberían medir. Cómo funciona el fútbol actual y esa distancia exagerada les convierte en mucho más famosos, pero menos populares y pasará el tiempo, algún día tendrán que coger un avión en un aeropuerto y no sabrán.
De hecho, el inicio de esa conversión del futbolista en estrella del rock llega con vosotros. En un país que se abría, si la Movida representó la llegada de la modernidad a la cultura, la Quinta del Buitre supuso lo mismo en el deporte.
Es que nosotros fuimos parte de la Movida. Ir al Bernabéu en esos años era un acontecimiento como ir a un concierto o salir en Malasaña. Había que estar allí, era parte del meollo de lo que se estaba cociendo en la ciudad. Llegamos mucho a la gente joven porque éramos como ellos. Por eso, y pese a ese sambenito de que no ganamos la Copa de Europa, la gente todavía nos para por la calle constantemente y una cosa que me repiten mucho y me encanta es: "¡Cómo hemos disfrutado con vosotros!". Era algo más que fútbol, era un estilo, un momento, una sociedad… Si nosotros, en vez de jugando, hubiéramos estado en la grada, habríamos disfrutado igual porque era una simbiosis. Además, entonces el público del fútbol era distinto, era una cita para los madrileños. Ahora vas al fútbol y es otra cosa; respetable, pero otra cosa.
Pasasteis en dos días de ser unos chavales normales a que os persiguieran por la calle. ¿Cómo lo llevasteis?
No nos afectó porque siempre lo hemos visto con naturalidad. Cuando me perseguían los paparazzi en la playa o por la calle, pues, bueno, estaban haciendo su trabajo y ganándose la vida. Veía un fotógrafo, me acercaba y le preguntaba si quería hacerme una foto con mi familia. Se sorprendían, pero es que me parecía algo natural y que, hecho con respeto, no me costaba nada.
Llevas con Mercedes, tu mujer, desde los 17 años. Tiene su mérito porque a esa edad se hacen muchas tonterías y no sólo os perseguían paparazzi, también las chicas cocodrilo como a los Hombres G.
Sí, sí, todo el rato. Precisamente escuché el otro día a David Summers contar que ellos sólo querían hacer música y jamás pensaron que iba a pasar eso. Nosotros, lo mismo. Jugábamos al fútbol y todo lo que vino nos parecía marciano, pero aplicábamos la naturalidad porque tampoco era nada tan grave, simplemente era disfrutar con lo que hacíamos. El fenómeno fan entonces era bastante manejable, además, te esperaban en los hoteles, te decían alguna cosa, pero todo muy amable. Además, el Madrid lo explotaba y nos hacía mandar fotos firmadas a los institutos. Toda esa naturalidad tiene premio hoy. Por eso te digo que somos populares y no famosos. La fama es efímera y se pasa cuando dejas de ejercer tu profesión. Nosotros seguimos vigentes para mucha gente.
¿Pudisteis disfrutar del ambiente de la Movida?
¿Cómo no vas a disfrutar? Lo primero, disfrutábamos de nuestro papel. Ayer una de mis nueras me contó que había ido al fútbol por primera vez, que le impresionó el escenario, ver allí a 80.000 personas, y que su primer pensamiento fue para mí: "¿Cómo podía este tío ponerse a jugar ahí abajo?". Pues ni lo piensas, era una gozada estar allí con ese ambiente. Y luego lo disfrutábamos en la calle como todos los jóvenes de la ciudad. La gente te saludaba, pero no teníamos la sensación de no poder ir a los sitios ni nos poníamos gafas de sol para ir por la calle. Yo he sido muy disfrutón de Madrid. Es mi ciudad y me gusta mucho. Iba al Rastro y a conciertos de Alaska y los Pegamoides, que ya sé que por mi pinta a alguno le extrañaría. No cambié mi vida. Durante mis primeros años en el Madrid seguí viviendo en mi barrio, la Ciudad de los Ángeles, y llegué del Mundial de México y me fui a mi casa en la periferia de Madrid. Insisto, todo me parecía natural.
Hablas de tu pinta. Eso te ha perseguido, eras un chaval de barrio obrero que la gente pensaba que era un pijo.
Los prejuicios me han perseguido siempre, pero he aprendido a que me den igual. Aprendí a no luchar contra las etiquetas porque ¿cómo se puede ser pijo o cayetano, que me llamarían ahora, habiendo vivido toda mi vida en el sur de Madrid? Cuando escucho que mi familia es muy generosa porque siempre hemos tenido pasta… Mi padre era tipógrafo y tenía tres trabajos. Nunca nos ha faltado de nada, pero nunca hemos tenido nada. Es decir, si yo a los Reyes Magos les decía que quería ser futbolista, me traían un balón, unas botas y punto. Nunca he tenido bicicleta. Lo que tengo pinta es de feliz, coño. Y eso sí es verdad [risas]. Soy un tío normal de una familia normal que lleva con la misma pareja y los mismos amigos toda la vida.
Los de la Quinta seguís siendo amigos.
Sí, tenemos un chat de la Quinta y ayer estábamos muy preocupados porque salió una noticia de que Sanchís había fallecido. Era fake, pero como lo vimos a las 9 y Manolo a esa hora aún está sobando, no nos contestaba y pasamos un rato jodido.
¿Te interesaba la política en ese momento en que todo estaba cambiando?
Me interesaba y me interesa la política. Me interesa la gente y me llama la atención que sigan pasando ciertas cosas.
¿Cuáles?
Que, con lo que vivimos desde hace un mes en Ceuta, la gente esté discutiendo sobre si hay que sacar o no a los de tal procedencia. Sólo con ver las imágenes de indefensión de la gente, creo que cualquier discusión partidista que venga detrás no es que quede en segunda posición, es que queda mucho más lejos. Para mí, ver a seres humanos sufriendo eso en su ciudad me parece que nos deshumaniza. Y esto no es una cosa de izquierda o derecha, es de preocuparte por los seres humanos.
¿Es verdad que los futbolistas sois mayoritariamente de derechas?
[Risas] Ya me quieres liar y yo no creo que sea así. Por ejemplo, yo creo que fue una gran noticia que España tuviese una Transición exitosa y que esa Transición acabase con un, entre comillas, largo reinado de Felipe González para que pudiésemos comparar y elegir, porque veníamos de una dictadura y una educación donde el socialismo era el diablo. Era necesario abrir esa visión a la izquierda en una democracia. Mira, yo no entiendo muy bien cuál es el rasgo tan diferente de la derecha y de la izquierda en las cosas fundamentales porque durante años este país ha funcionado con un acuerdo en lo básico. Ahora hay una confrontación que ni me gusta ni ayuda.
Mira que eras más de centrar que de regatear, pero me has hecho un buen quiebro.
Es otra de esas etiquetas de las que huyo. Es decir, veo críticas a que el presidente del Gobierno lleva escolta, no sé cuántos coches y viaja en helicóptero. A ver, el actual, el anterior y el que venga. Será por protocolo, ¿no? Entonces, ¿por qué andamos perdiendo el tiempo en pelear por eso? A mí lo que me gusta saber es qué piensa la gente y cuando hablo con ellos no estoy preguntando a quién vota, sino qué piensan y cómo actúan. Hay futbolistas de derechas y de izquierda y los dos tienen su espacio y no hay tanta diferencia en lo esencial. Nos fijamos demasiado en la pose. Por ejemplo, esa opinión que te he dado de Ceuta no sé si es un comentario de derechas o de izquierdas.
Bastante centrado, diría.
A mí, las dos cosas que me vuelven loco son el fútbol y la playa y ni en el vestuario ni en la arena me preocupa si el que está a mi lado es de derechas o de izquierdas, lo que me gusta es que esté bien, que esté disfrutando. Nada más.
Con todo lo que se critica al futbolista en cuestiones sociales, considero que los vestuarios han ido muy por delante de la sociedad en la lucha contra el racismo.
Absolutamente. Mira ahora la selección que ha ganado el Mundial y representa lo mejor de la España mestiza actual. Chavales que pueden parecer muy distintos entre sí, pero se unen por un objetivo común como ganar el Mundial. Y eso es lo que pasa en nuestra sociedad. No hay ahora mismo un solo barrio en España donde no haya una mezcla constante con naturalidad y normalidad. Eso es lo mayoritario. Luego hay quien se sale de los principios de convivencia, pero esa es una persona que no acepta las reglas y da igual de dónde sea. El problema nunca es de dónde eres, es cómo actúas.
Tú has trabajado en medio mundo, de México a Arabia Saudí.
Sí, y eso me ha enseñado a conocer a las diferentes personas y culturas y perder esos
Open Questions
- ¿Qué impacto tuvo exactamente la Quinta del Buitre en la modernización del fútbol español?
- ¿Cómo ha cambiado la relación entre futbolistas y sociedad desde los años 80 hasta hoy?
- ¿Qué papel jugó la Movida madrileña en la transformación cultural de la transición?
- ¿Cómo perciben las generaciones nacidas en democracia la herencia de quienes vivieron la dictadura?






