Osos en León: Trampas, collares GPS y la difícil convivencia con el ser humano
Quick Look
- La Patrulla Oso Pardo de León lucha por la coexistencia entre humanos y osos, cuya población ha crecido a 370 ejemplares.
- Utilizan trampas, collares GPS y cámaras para monitorizar y disuadir a los animales que se acercan a los pueblos en busca de alimento, enfrentando desafíos para mantener el equilibrio.
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Why It Matters
La población de osos pardos en la Cordillera Cantábrica ha aumentado significativamente desde finales del siglo XX, lo que ha incrementado los conflictos con las actividades humanas en las zonas rurales de León.
Las destrozadas ramas de los cerezos evidencian que unos osos se dieron un festín la noche anterior. La Patrulla Oso Pardo pone a punto una trampa tipo culvert. Es un cilindro de acero lo bastante grande para que el animal entre sin hacerse daño. El cebo es un cuadro de madera con restos de miel, como si buscaran atraer a Winnie The Pooh. Estamos en Tejedo del Sil (León) y el objetivo de esta noche es capturar algún ejemplar para revisarlo, marcarlo y liberarlo. «El año pasado por aquí se pelearon dos y había sangre por todos lados», cuenta Daniel Pinto Parada, coordinador de la patrulla, mientras señala el suelo. Él y su equipo acumulan más anécdotas sobre osos que todos los dibujos animados en los que son protagonistas.
Las historias de conflictos con los humanos —y sus huertos, ganados y colmenas— son cada vez más frecuentes entre los municipios cercanos a la montaña leonesa. La Patrulla Oso Pardo, de la Fundación Patrimonio Natural de Castilla y León, tiene la misión de favorecer la conservación del mamífero y de fomentar la convivencia entre la especie y las personas. Pero cada año es más difícil.
De estar al borde de desaparecer con 90 osos en toda la Cordillera Cantábrica a finales del siglo pasado, ahora han pasado a ser alrededor de 370, según el último censo genético realizado por la fundación. Se prevé que sigan multiplicándose. Desde hace 10 años, han convertido los pueblos en una despensa demasiado tentadora. Es un hecho que ya disgusta a sus habitantes y está poniendo en riesgo la coexistencia. «Lo conflictos con el oso van a ir a más», anticipa Pinto.
La Patrulla Oso está integrada por 10 personas. Además del coordinador, hay dos que trabajan en la zona de Riaño (León), dos en la montaña palentina y cuatro en el área del Alto Sil, que abarca principalmente la comarca de Laciana. Ellos también se encargan de proteger y vigilar a los úrsidos. Como auténticos exploradores, van detrás de sus huellas, excrementos y pelos. Recogen muestras para análisis genéticos y para nutrir su base de datos. Se valen de cámaras de fototrampeo, de avisos vecinales y de los marcajes hechos al atraparlos. En las montañas del Alto Sil, los ángeles guardianes de los osos son Ignacio Carro Herrera, Pedro García González, Oscar Álvarez Fernández y Lorenzo González Amigo. Se valen de cámaras de fototrampeo, de avisos vecinales y de los marcajes hechos al atraparlos.
Ahora vamos a Villar de Santiago (Villablino, León), uno de los pueblos favoritos de los osos. Por aquí ya han cogido a cinco. Los últimos dos que han visto se comen el pienso destinado a los terneros. Hay que evitar que sigan robándoles el sustento y que las crías se conviertan en otro alimento. Así que activamos otra trampa con el mismo cebo en el fondo del cilindro, pero con un poco de pienso en la entrada. Menú personalizado. «Ayer se metió uno, pero había niebla y, al no ver bien, no pude cerrar la trampa», relata Pinto. Para accionar esa trampa hay que tener paciencia de pescador. Los sheriffs advierten que es difícil que caigan a la primera, y que quizás esa noche con Crónica no sea la ocasión. No la fue. Así que ellos detallan paso por paso qué se hace cuando caen.
precaución con la especie protegida
Frente a cada trampa hay una cámara. Cada vez que se detecta un movimiento animal, le llega una notificación a Pinto, que, como coordinador, ya sabe que no puede dormir a pierna suelta. Él debe comprobar, primero, que el animal que entra es un oso; segundo, que no es un oso que ya está marcado con un collar; tercero, que esté completamente al fondo del cilindro; cuarto, que no sea una osa con sus crías. Todo esto para no herir al mamífero. Si ellos, o cualquiera, mataran a esta especie protegida, tendrían que pagar una multa de hasta 600.000 euros.
Para evitar desgracias, la trampa incorpora una célula fotoeléctrica que sólo permite cerrar la puerta cuando el oso está completamente dentro. «Así nos aseguramos de que no le haga daño», explica Pinto, que acciona el mecanismo desde su móvil. Una vez capturado, la patrulla entra en acción. En pocos minutos, un veterinario, un agente forestal y los patrulleros se reúnen junto al cilindro.
El animal es sedado, pesado y sometido a una revisión completa: se toman muestras de sangre, pelo y otros tejidos para evaluar su estado de salud y se le coloca un collar GPS —además de un crotal identificativo— para facilitar su seguimiento. Cuando recupera por completo la movilidad, la puerta vuelve a abrirse y el oso regresa al monte. Todo el operativo dura entre tres y cuatro horas. Y voilà, ya tienen otro ejemplar identificado y en vigilancia. «Así sabemos cuál es el oso que está generando problemas y trabajamos fuerte para disuadirle», subraya el coordinador.
Esas son las actuaciones menos visibles para los leoneses. Sin embargo, la Patrulla Oso Pardo permanece disponible las 24 horas del día a través de una línea telefónica exclusiva —además de los avisos derivados desde el 112— para atender incidencias relacionadas con la presencia de osos en zonas urbanas. Ellos cogen sus radios, escopetas de balines de goma y dispositivos de rastreo y se desplazan al lugar para disuadir al animal sin causarle daño. «Les hacemos mil perrerías para que no vengan», resume Pinto. En verano atienden una media de entre tres y cuatro avisos semanales. En ocasiones, ni siquiera esperan a que suene el teléfono. «En muchos pueblos ni se enteran de que hay un oso porque lo tenemos localizado y lo espantamos antes de que lo vean los vecinos».
Pese a que son ahuyentados, a varios osos les merece la pena volver para seguir disfrutando de un buen manjar. «Pedro ha disparado tres veces al mismo este año y sólo a la tercera ha dejado de aparecer», relatan. Lechuguina, una osa bautizada así por su debilidad por las lechugas, es otra de las recurrentes. Lleva entre 10 y 12 años merodeando entre Villablino y Tejedo del Sil, incluso alguna vez se le ha visto dormitar cerca de una iglesia.
ANIMALES "listos" y oportunistas
El oso pardo cantábrico es un signo de calidad del hábitat y del territorio. El adulto puede alcanzar los dos metros de longitud en dos patas, pesar entre 150 y 250 kilos y vivir hasta 30 años. Tienen un olfato y un oído excepcionales, pero su vista está mucho menos desarrollada. De hábitos principalmente nocturnos, es un animal omnívoro y oportunista que adapta su dieta a la época del año: en primavera busca proteínas en hormigueros, colmenas o carroñas; en verano se alimenta sobre todo de frutas como cerezas, manzanas, peras o ciruela.
Algunos ejemplares llegan a especializarse en recursos concretos, desde ovejas hasta cultivos o basura. Se caracterizan por ser «muy, muy listos» y tener buena memoria. Esa capacidad de aprendizaje explica que ciertos ejemplares regresen una y otra vez a los pueblos cuando encuentran alimento fácil. Los expertos también han observado que algunas osas con crías utilizan los núcleos urbanos como refugio frente a los machos, que pueden matar a las crías para provocar un nuevo celo.
La Patrulla Oso clasifica a los ejemplares en tres categorías según su comportamiento. Los osos con problemas, que necesitan ayuda por estar heridos, enfermos, atrapados o separados de sus crías; los habituados, que son los que se acercan de forma recurrente a los pueblos en busca de alimento y que han perdido el miedo a los seres humanos y, tercero, los problemáticos, que, por su comportamiento agresivo o peligroso, pueden generar situaciones de conflicto.
De abril a octubre, el trabajo de estos sheriffs oseros se concentra frenéticamente en prevenir y resolver altercados con los úrsidos habituados o problemáticos. «En todos los pueblos, que son unos 50 km, hay presencia de osos... Durante el verano, nos dedicamos en un 80 o 90% a reducir conflictos. Nuestra política es de conservación, pero tenemos claro que, habiendo conflicto, no va a haber conservación», explica el coordinador.
«Llevamos 18 años viendo la evolución del oso. Si hace 10 años nos dicen que íbamos a estar todas las noches por los pueblos disparando a los osos, no lo creeríamos. Yo creo que como sociedad no vamos a estar preparados para afrontar la recuperación de la especie», continúa Pinto. «En pocos años, si no hacemos bien nuestro trabajo, la gente va a cambiar su visión sobre el oso y lo verá como algo malo».
Otra de las tareas de los patrulleros, que pasa a un segundo plano en verano, es la de monitorizar a los animales gracias a una red de fototrampeo. En cuadrículas de 4 km a lo largo de la Cordillera Cantábrica, se sitúan 250 cámaras térmicas. Esos equipos les permiten obtener información valiosa, como el comportamiento de las osas con sus crías y cuáles son las zonas de paso habituales de estos animales. Además, cuentan con 30 cámaras «para emergencias». «Si hay daño en una cuadra o una calle del pueblo por donde se le ha visto, le ponemos una cámara para saber por dónde va y entrar de forma inmediata», detalla Pinto.
Aunque los ataques al ganado y a las colmenas acaparan gran parte de la atención mediática, la Patrulla Oso considera que estos daños son mínimos y que este no es el principal desafío. Sostienen que una parte de los daños inicialmente achacados al mamífero no lo son. Cuando hay dudas, una necropsia determina la causa de la muerte y estiman que cerca del 80 % de las reses certificadas inicialmente como ataques de oso habían fallecido antes por otras causas. Aun así, alertan de que el gran riesgo está en que un oso de 200 kilos se pasee por un casco urbano y pueda herir a una persona, incluso sin intención de hacerlo, sólo queriendo huir al ser descubierto.
La prevención es, según la Patrulla Oso Pardo, la herramienta más eficaz para reducir los conflictos. Proteger colmenas y explotaciones con pastores eléctricos evita los daños y, sobre todo, impide que los osos se acostumbren a encontrar alimento fácil cerca de las personas. Con ese objetivo, la Fundación Patrimonio Natural de Castilla y León también ha instalado cubrecontenedores en varios municipios del Alto Sil para impedir que accedan a la basura, además de señalización en carreteras y espacios naturales y campañas de información sobre cómo actuar en zonas oseras y favorecer una convivencia segura.
La apicultora Pamela Cotarelo, productora de la miel El Troitin, es un ejemplo de que la convivencia con el oso pardo es posible. La acompañamos hasta su apiario en Babia para comprobarlo. Desde 2020 protege todas sus colmenas con un doble vallado electrificado, alimentado por placas solares y baterías, además de cámaras de vigilancia para comprobar cualquier incidencia. En seis años no ha sufrido ningún ataque, pese a que sabe que los osos frecuentan la zona. «El oso tiene tanto derecho a estar aquí como yo», afirma, convencida de que la prevención es la clave. A su juicio, los ataques suelen concentrarse en explotaciones donde las medidas de protección son insuficientes, ya que, una vez que el animal aprende que no puede acceder a las colmenas, deja de intentarlo.
Luisma Fernández, presidente de la Asociación de Ganaderos de Caboalles de Abajo y criador de mastines, está del lado de quienes piensan que la convivencia con el oso se ha vuelto imposible. A su juicio, existe una «superpoblación» que está rompiendo el equilibrio entre la fauna salvaje y la actividad ganadera. «Se está convirtiendo en un problema serio», valora. Reclama un mayor control de la especie y la retirada de los osos que se habitúan a entrar en los núcleos urbanos. También critica que las indemnizaciones por los daños son «nefastas», «insuficientes» y «lentas».
What to Watch
AI outlook — possibilities, not facts
Los conflictos entre osos y humanos aumentarán si no se implementan medidas de control más efectivas.
Likely · Medium term
La percepción pública del oso pardo podría volverse negativa si los conflictos no se gestionan adecuadamente.
Likely · Medium term
Open Questions
- ¿Serán suficientes las medidas de prevención a largo plazo?
- ¿Cómo afectará la política de indemnizaciones a la convivencia?
- ¿Se logrará un equilibrio sostenible entre conservación y actividad humana?





