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Wimbledon: Fama, Dinero y las Diferencias de Clase en el Torneo de Tenis
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El Mundo2h agoSports5 min readSpain

Wimbledon: Fama, Dinero y las Diferencias de Clase en el Torneo de Tenis

Quick Look

  • El torneo de Wimbledon, conocido por su fama y dinero, exhibe marcadas diferencias de clase.
  • Los precios de la comida y las entradas varían drásticamente, desde hot dogs caros hasta asientos gratuitos para la élite.

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Why It Matters

Wimbledon es el campeonato de tenis más famoso del mundo, conocido por su fama, dinero y la presencia de la élite.

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Dos perritos calientes (sin cebolla, por favor), y un botellín de agua Evian de tres cuartos de litro: 22 libras y 40 peniques (26 euros con 28 céntimos). Incluso para los precios de Londres es una barbaridad. Pero eso es Wimbledon. El agua, aquí, sabe mejor. O eso se supone. El campeonato de tenis más famoso del mundo gira en torno a la fama y al dinero. Y eso, obviamente, se nota en todo.

Además, lo que es barato, no vale la pena. Las fresas para la clase de tropa solo valen 2,85 libras (3,34 euros). Pero, cuando uno abre la impecable cajita reciclable (como todo en el torneo) que promete las fresas "del condado de Kent" solo se encuentra con nueve chapoteando en un aguachirri de nata fundida por los 30 grados del julio londinense.

Eso es la final de Wimbledon: 74 personas entran gratis porque son demasiado importantes para pagar. Unas 12.000 desembolsan 350 libras por un asiento. Otras 2.000 pueden gastar hasta 13.000 euros en la reventa. Y un par de decenas de miles se fríen sobre la hierba mirando una pantalla gigante después de pagar 21 libras. Y unas 7.000 trabajan para que todos los demás disfruten.

Todos contemplan el mismo partido, pero no exactamente el mismo torneo. Aquí hasta las diferencias de clase están perfectamente cortadas, regadas y alineadas, como la hierba de la Pista Central.

En Wimbledon, en una final, suele haber cerca de 40.000 personas. De ellas, más de 20.000 no entrarán en la Pista Central. Algunos miles se apiñarán ante la pantalla gigante de The Hill; los demás se repartirán entre las otras pistas, terrazas, restaurantes y zonas comunes. El gasto no es para acceder al recinto, porque esas entradas solo cuestan 21 libras (25 euros). Dentro, las cosas cambian. Y más si se quiere alcohol. Una pequeña botella de champán de 175 mililitros sale a entre 33 y 36 euros.

Los otros 15.000 van a la Pista Central. Y ahí es donde empiezan las cifras realmente serias.

El palco real es la gran paradoja de Wimbledon: lo más selecto y, también, lo único que es gratis. El derecho a sentarse en una de las 74 sillas verdes situadas en la zona más insoportablemente golpeada por el sol de la Pista Central de Wimbledon (si son importantes y encima no pagan, por lo menos que suden y se les frían los ojos) solo se obtiene por invitación de la presidenta del All England Lawn Tennis and Croquet Club, la ex tenista Debbie Jevans. Para lograrlo, uno debe ser miembro de la familia real británica o de la élite cultural y deportiva del país, o un extranjero lo bastante famoso como para ser parte de al menos uno de esos tres grupos.

Hoy domingo hay una figura especialmente relevante: canciller alemán Friedrich Mertz, animando a su compatriota Alexander Zverev. La contrapartida era el ministro italiano de Deportes, Andrea Abodi, que apoyaba a Jannik Sinner. El viceprimer ministro británico, David Lammy, proyecta una imagen secretamente melancólica en Wimbledon. Dentro de ocho días, el Reino Unido tendrá un nuevo primer ministro y él habrá dejado el cargo.

Aparte, están los famosos pasados (la estrella de Hollywood de los setenta y ochenta Dustin Hoffman, de 88 años, con su esposa, Lisa), y actuales (la actriz australiana Nicole Kidman, y los estadounidenses Rami Malek y Ben Stiller). La parte cultural está cubierta con la directora de la revista 'Vogue', Anna Wintour, y el productor de cine Eric Fellner y su compañera, la modelo Laura Bailey.

La inmensa mayoría de las otras 14.905 personas que caben en la Pista Central sí ha pagado por entrar, aunque entre ellas también hay periodistas, invitados, patrocinadores y miembros de los equipos de los jugadores. No era ése el caso de la 'estrella' de CNN, Christiane Amanpour, que estaba hoy en Wimbledon entre el público aunque, a juzgar por su cara de mala uva y el tono de la conversación que mantenía mientras subía y bajaba por las escaleras hablando sin parar por el móvil, no debía de estar disfrutando mucho de la final. Amanpour podría haber pagado 350 libras (370 euros)... o tal vez hasta 11.295 libras (13.254 euros), que es lo que se ha llegado a pedir - y, dicen a pagar -- por un asiento en la reventa de este año.

Reventa

La reventa de Wimbledon es una cosa especial. Como todo en el torneo. O como todo en las Islas Británicas. La reventa está prohibida, con la excepción de 2.520 tickets para la Pista Central. Son los llamados debentures, literalmente "obligaciones", en el sentido financiero del término. Porque un debenture de la Pista Central.Y comprarlas cuesta una verdadera fortuna. Las del periodo 2026-2030 salen por 116.000 libras (136.000 euros) por asiento durante todos los partidos de esos cinco años.

Sus compradores son empresas, bancos, fondos, family offices y, también, gente a la que le sobra el dinero. Los dueños de las debentures pueden hacer lo que quieran con sus asientos. Eso significa dárselos a clientes especiales o revenderlos. Sus titulares forman la verdadera élite económica de Wimbledon. Los espacios cerrados de la Pista Central no ponen VIP ni nada por el estilo. Simplemente, debentures. Obligaciones.

Open Questions

  • ¿Cómo se determina la 'importancia' para acceder gratis?
  • ¿Cuál es el impacto real de la reventa en el mercado?

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This article was originally published by El Mundo.

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