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GeriCurra y Benito, madre e hijo 73 años después de un secreto familiar
Curra y Benito, madre e hijo 73 años después de un secreto familiar
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Curra y Benito, madre e hijo 73 años después de un secreto familiar

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Curra, de 94 años, y Benito, de 73, han logrado inscribirse como madre e hijo en el Registro Civil de Tarifa, Cádiz, 73 años después de que Curra ocultara su embarazo por las estrictas costumbres sociales de los años 50, haciendo pasar a Benito como su hermano.

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Curra, de 94 años, ocultó su embarazo hace 73 años debido a las estrictas costumbres sociales de la época, haciendo que su hijo Benito fuera inscrito como hijo de sus abuelos maternos y, por tanto, su hermano. Esta ficción jurídica y familiar se mantuvo hasta ahora, cuando un juzgado ha reconocido la verdadera relación.

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La historia de Curra, que hoy tiene 94 años, es la de otras tantas mujeres en los años 50 del siglo pasado. Chicas jóvenes que se quedaban embarazadas de un hombre que desaparecía y eran obligadas a disfrazar su situación por el temor al qué dirán. A Curra le pasó con Benito hace 73 años, cuando se quedó encinta. Los padres de Curra la escondieron durante toda la gestación y ocultaron el parentesco real convirtiendo a ojos de todos a Benito en hijo de sus abuelos y hermano de Curra.

Ahora, 73 años después, se han podido inscribir en el Registro Civil de Tarifa (Cádiz) como lo que en realidad son: madre e hijo.

“Estamos muy contentos. Ella quería tener los papeles de que yo era su niño pequeño. Va a ser beneficioso para los dos”, cuenta, en una entrevista telefónica con EFE, Benito desde Tarifa, donde ambos residen. Benito nació el 3 de abril de 1953 y fue inscrito en el Registro Civil como hijo de sus abuelos maternos. Curra era entonces “una mujer joven, soltera y sin recursos propios” que se había quedado embarazada tras tener una relación sentimental esporádica con un hombre del que nunca más volvió a tener noticias, relata la demanda que interpuso en su nombre en la Sección Civil de los tribunales de instancia de Algeciras (Cádiz) el despacho de abogados de Jesús Odériz.

“Ante el temor del qué dirán, las estrictas costumbres sociales de la época y la posible marginación social por haber quedado embarazada fuera del matrimonio, sus padres decidieron ocultar el embarazo de su hija, manteniéndola recluida en su domicilio durante toda la gestación y evitando cualquier contacto con el exterior”, relata la demanda.

Tras el parto, Benito pasó a ser oficialmente hijo de sus abuelos y hermano de su verdadera madre, “perpetuándose desde ese momento una ficción jurídica y familiar”.

Curra “aceptó el silencio impuesto, asumiendo con dolor que no podría reconocer públicamente a su hijo”, y se limitó durante años a estar presente en la vida de Benito “en el rol que le fue asignado”. Pero Benito pronto empezó a sospechar que Curra no era su hermana sino su madre. “En aquella época las cosas eran así. Siempre sospeché que era mi madre porque eso tira, tenía una forma de comportarse conmigo, siempre trataba de verme, me hacía regalos cuando podía, era mi hermana especial”, recuerda ahora Benito, que lamenta que en aquella época “los niños no podíamos decir lo que sentíamos”.

Con 14 años comenzó a sospechar con más fuerza que Curra era algo más que su hermana. Y cuando Curra se fue a vivir a Ceuta, se casó y tuvo más hijos, se llevó allí a Benito

De manera natural, la situación se fue aclarando en su entorno. Pero oficialmente seguían siendo hermanos. “Mi madre estaba sufriendo con eso”, reconoce este gaditano. Y el verano pasado decidieron pedir el reconocimiento para que Curra no muriera con esa “pena”. Buscaron un abogado, se hicieron una prueba de ADN que confirmó la relación y ahora han logrado que un juzgado reconozca a Benito como hijo biológico de Curra e instaron a hacer la rectificación en el Registro Civil. La verificación “ha supuesto una profunda reparación emocional para ambos” y “el cierre de una herida” provocada por “las convenciones sociales de la época y el miedo a la deshonra familiar”, afirma la demanda.

A Benito le daba reparo que el juez pensara que hacía esta reclamación por el interés de alguna herencia: “Mi madre es una mujer muy humilde, sus hijos la ayudamos”, explica, ya con la tranquilidad de que el juez ha respaldado su petición y contento de que, por ejemplo, para sus dos hijos Curra ya no sea una tía, si no su abuela.

“No nos damos cuenta de lo que la sociedad ha cambiado. Yo ahora conozco a chavalas que tienen un hijo en la situación de mi madre y lo llevan a gala, no tienen que esconderse. Antes no era así, la mujer no tenía ningún derecho”.

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Bu haber ilk olarak şurada yayınlandı: La Vanguardia.

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