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Procubitos: La mayor fábrica de hielo de Europa en Cebreros
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Procubitos: La mayor fábrica de hielo de Europa en Cebreros

Hızlı Bakış

  • Procubitos, la mayor fábrica de hielo de Europa, opera desde Cebreros (Ávila), produciendo hasta 290 toneladas diarias.
  • Fundada por Miguel Ángel Vázquez, la empresa creció de un garaje en Algeciras a un imperio que abastece a grandes superficies y hostelería en España y Europa, destacando por su innovación y anticipación a la demanda.

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Procubitos, fundada por Miguel Ángel Vázquez, pasó de una microempresa familiar en Algeciras a ser la mayor fábrica de hielo de Europa, con su planta principal en Cebreros, Ávila.

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Las primeras casas aparecen tras una larga e intrincada carretera entre pinares, dejando atrás el desvío que conduce hacia una estación de seguimiento de satélites de espacio profundo de la Agencia Espacial Europea. La gigantesca parabólica que reina sobre unas instalaciones construidas antaño por la NASA para seguir a las naves del programa Apolo se ha salvado por los pelos de la devastación del mayor incendio de la Historia de España, que continúa activo en la provincia de Ávila. Hoy, lamentan los vecinos, el paisaje es absolutamente diferente.

Cebreros tiene apenas 3.300 habitantes, pero muchas historias que contar. Aquí nació nada menos que Adolfo Suárez y éste es el hogar del gran Museo de la Transición; aquí veranea desde hace 30 años Carlos Sainz, cuya finca familiar sí ha sufrido daños por el fuego; y en otro giro ecléctico de los acontecimientos, aquí se encuentra también la mayor fábrica de hielo de Europa.

Se suceden los carteles que guían al visitante hasta la planta. Junto a la flecha se dibuja un oso polar que tendrá mucho que decir en la rocambolesca historia de empeño personal que llevó a un gerente de gasolineras de Cádiz a convertirse en el emperador europeo del cubito. Pero a eso volveremos luego. De momento, vamos a equiparnos para penetrar en una de las naves en las que todo sucede. Gorro, calzas, mascarilla, bata blanca de algodón, y una advertencia con sonrisa pícara: «Espero que no seáis frioleras. Para nosotros, el frío es la sangre».

«Antes de entrar, ¿cómo pensáis que se fabrican los cubitos de hielo?», inquiere Mario Ortega, director de Operaciones de Procubitos Europe y nuestro guía de excepción en este reino del hielo en plena España vaciada. Pues habrá agua, un congelador, algo que corte los cubitos... ¿Quizá cubiteras? «Como imaginaba, no tenéis ni idea», ratifica. «Seguidme».

Efectivamente, aquí dentro hace un frío que pela. Y eso que en esta primera estancia no hay climatización: el propio hielo hace el trabajo. Una imponente maquinaria emite un ruido ensordecedor. Vemos una suerte de embudos gigantescos unidos por rapidísimas cintas transportadoras. Vemos caer y deslizarse ahora cubitos de hielo, ahora bolsas completas y selladas. Todo forma parte de un engranaje perfectamente coordinado en el que los operarios, vestidos (ellos sí) con anorak fosforitos, sólo intervienen cuando algo se atasca. Desde hace un par de años, las máquinas lo hacen prácticamente todo.

Todo comienza, claro, con el agua. «Es nuestra materia prima y tiene que ser de la mayor calidad», confirma Ortega. El enclave de la fábrica principal de Procubitos en España, además de por su posición estratégica en pleno centro de la Península Ibérica, tiene un aliado de nombre curioso a una decena de kilómetros. El embalse del Charco del Cura, regado por aguas del río Alberche, provee de líquido elemento rico en minerales a un proceso que arranca con un análisis exhaustivo de su calidad y su tratamiento para el consumo humano. «Si las cosas están bien hechas, los cubitos no deben saber a nada», apunta José Manuel Arribas, gerente de la planta, mientras se aproxima a un artefacto de dimensiones colosales tan bullicioso que complica tremendamente la comunicación.

Llega el momento de la congelación: el agua se canaliza a través de 216 tubos de cinco metros de alto y 44 milímetros de diámetro a los que se aplica «una camisa» envolvente de líquido refrigerante durante aproximadamente media hora. Sí, hemos llegado a las particulares cubiteras de esta industria puntera. Completada la congelación, toca calentar ligeramente los tubos para que las barras de hielo se deslicen hacia abajo, donde les esperan dos discos de corte que giran a 3.000 revoluciones por minuto y muerden las estalactitas cada 54 milímetros para garantizar un tamaño homogéneo de los bloques. Ante nuestros ojos se completa el proceso: entre 700 y 800 kilos de cubitos caen casi de golpe a una tolva descomunal y se deslizan a través de una cinta hacia un túnel de secado que los congela por segunda vez a -8 grados. «Si el hielo va sudado, húmedo, se pega y tienes que golpear la bolsa para separar los cubitos. Para evitarlo, lo mantenemos a una temperatura especialmente baja, incluso proveemos nosotros de cámaras frigoríficas ex profeso, para que llegue suelto al cliente y tarde mucho más en deshacerse. Lo esencial es que no agüe la copa», subraya Arribas.

Una máquina de rayos X comprueba que la forma de cada pequeña porción de hielo sea «perfecta» y desecha las que no cumplen los estándares de calidad. Un detector de metales vigila que ningún elemento de la maquinaria se haya colado donde no debía. Una báscula trilla combinaciones de dos kilos. Y en pocos minutos, tenemos las bolsas perfectamente selladas y pasando a la siguiente habitación en sacos, de cinco en cinco, que permanecen 24 horas en una cámara a -18 grados.

Seguimos el recorrido. Si antes teníamos fresquito, ahora estamos verdaderamente ateridas. En la sala de paletizado el termómetro no supera el grado positivo. Un ordenador controla una cohorte de brazos robóticos que toman los sacos y los van colocando sobre los palés en forma de mosaico para optimizar el espacio. Cada palé carga 800 kgs. de hielo en filas perfectas que aguardan a su correspondiente camión. Hay distintos envasados: este, para Carrefour; aquel, para Mercadona. Procubitos es el principal proveedor de cubitos de las grandes superficies, también de la red de gasolineras, de la hostelería e incluso, a domicilio. Cada camión refrigerado carga unos 23.000 kilos y de aquí salen, cada semana, una media de 100 camiones.

Esta planta fabrica entre 260 y 290 toneladas de hielo diarias. A unos 60 gramos el cubito, eso son unos 50 millones de cubitos partiendo cada día a las cuatro esquinas de la península... y más allá. «Todo debe funcionar como una máquina bien engrasada para que no haya que parar. He trabajado en muchas fábricas, incluso en automoción, y nunca había visto un proceso tan complejo», reconoce el gerente.

Antes de alcanzar semejantes cifras, el imperio Procubitos fue una microempresa familiar con sede social en un garaje de Algeciras. No será la última analogía entre su fundador, Miguel Ángel Vázquez y esos representantes contemporáneos del sueño americano que pueblan Silicon Valley. Como la de tantos de ellos, la de Miguel Ángel fue también una historia de empeño personal, contra todo, contra todos y, sobre todo, contra pronóstico. «Jamás imaginé llegar hasta aquí, claro. Pero siempre he sido una persona muy innovadora, siempre me ha apasionado llegar al fondo de las cosas, de los negocios, descubrir nuevas soluciones», reconoce desde el refugio gaditano desde el que opera como presidente de Procubitos Europe.

Recuerda este emprendedor entre risas que empezó Derecho pero terminó torcido y que su formación la fue completando según veía crecer su empresa. Todo comenzó con una constatación: «A mediados de los 80, mi padre tenía dos gasolineras en el Campo de Gibraltar. Éramos el último punto en la ruta del distribuidor de hielo, que llegaba desde Málaga, cuando llegaba. A veces se vaciaba antes y había que esperar a la semana siguiente, o traía ya chorretones de agua en lugar de bolsas de hielo. Era un desastre». Así que Miguel Ángel decidió poner remedio al problema y fabricar él mismo el hielo que vendería en sus establecimientos. «Presenté el proyecto a mi padre y él contestó: 'Dedícate a gestionar el negocio y si a mayores quieres montar algo más, adelante», rememora.

Dicho y hecho. En un par de años había conseguido un par de socios, algo de dinero, un Land Rover y maquinaria de hostelería para levantar su primera fábrica en un garaje alquilado de Algeciras. Sacaban entre 150 y 200 kilos de cubitos al día, que se envasaban de forma artesanal a paladas y ellos mismos repartían por la comarca. El nombre se lo puso el hijo del casero en una ocurrencia y su madre diseñó el logo, el famoso oso polar que verá usted varias decenas de veces en lo que resta de verano.

A principios de los 90 aquella factoría casera era ya una planta industrial. Al entrar en los 2000 abría una segunda sede en una antigua fábrica de cementos de un pequeño pueblo de Ávila. Después empezaron a producir en Valencia y Asturias. Y de ahí dieron el salto a Europa, con dos fábricas en Italia, una en Reino Unido, una en Polonia y otra en Alemania. «Cuando se le pone pasión a las cosas, las cosas salen. No es ningún gran mérito sino mucho trabajo, un poquito de suerte y que te guste lo que haces», se quita importancia Vázquez.

De vuelta a Cebreros, salimos a la calle. Una bofetada de aliento infernal nos golpea la cara. Aquí fuera hace 40 grados más que dentro de la fábrica. Superada la aclimatación, cruzamos a la última construcción, conocida como «nave mojito». ¿Adivina por qué? La gran diferencia reside en el destino final del cubito, hecho migas para facilitar su empleo en coctelería. «La innovación es uno de nuestros pilares:escuchamos al cliente, analizamos sus necesidades y le ofrecemos el producto que mejor se adapte a ellas», resume Mario Ortega. Y muestra, orgulloso, las dos últimas novedades: un hielo picado en forma de minicubitos perfecto para los cócteles más glamurosos y otro con forma esférica para acompañar los grandes eventos deportivos. ¿Y cómo se fabrican estas mini pelotas? «Me temo que si te lo cuento tendría que matarte», bromea el director de operaciones. El reino del hielo no revelará hoy todos sus secretos.

«Esta fábrica es el principal motor de empleo del pueblo. Todos los empleados son de aquí o de localidades vecinas», explica Ortega, ya sin ruido de fondo, sin frío helador ni calor infernal, de vuelta a la oficina. «Hay 35 familias que viven todo el año directamente de las operaciones que hacemos aquí, y en temporada alta crecemos hasta 55 trabajadores, que suelen repetir temporada tras temporada». Y señala un calendario en la pared con fechas marcadas en rojo: «El punto de inflexión es siempre la Semana Santa. Desde la vuelta de vacaciones, en esta planta se trabaja las 24 horas del día los siete días de la semana sin descanso hasta finales de agosto. A veces, incluso, hasta mediados de septiembre si hay demanda». Su día a día discurre entre modelos meteorológicos, implementados por inteligencia artificial. La clave de su éxito, asegura, está en la anticipación. «En esta época todos mis colegas europeos me llaman pidiendo hielo porque la temperatura cambia de un día para otro y en algunos países no están preparados para abastecer a una población sumida en olas de calor sin precedentes. ¡Hasta a Chile hemos enviado cubitos!»

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Yapay zekâ öngörüsü — kesinlik taşımaz

  • Procubitos continuará innovando en productos de hielo para satisfacer nuevas demandas del mercado.

    Muhtemel · Aylar içinde

  • Procubitos mantendrá su expansión geográfica, abasteciendo a más países ante olas de calor.

    Muhtemel · Aylar içinde

Açık Sorular

  • ¿Cómo se integra la inteligencia artificial en la predicción de la demanda?
  • ¿Cuáles son los desafíos específicos de la distribución internacional de hielo?
  • ¿Qué otras innovaciones de productos tiene Procubitos planeadas a largo plazo?

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