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Pablo Aguado y Roca Rey salen a hombros en El Puerto de Santa María
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Pablo Aguado y Roca Rey salen a hombros en El Puerto de Santa María

نظرة سريعة

  • Pablo Aguado y Roca Rey salieron a hombros en la segunda corrida de El Puerto de Santa María, destacando Aguado por su elegancia y Roca Rey por un triunfo concienzudo.
  • Morante de la Puebla dejó una faena de gran valor, aunque solo obtuvo una oreja.

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La corrida de El Puerto de Santa María fue la segunda de cuatro citas programadas, con gran expectación por la presencia de Morante de la Puebla y Roca Rey.

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A las frases que el día después exaltaban la faena imposible -la más importante sin duda de la temporada- de Morante de la Puebla, vino a sumarse el certero titular de un artículo de Acevedo: "Morante, ¿qué te queda por hacer?". Esa pregunta de "¿Y ahora qué?" rondaba en los expectantes prolegómenos de la segunda de las cuatro citas en El Puerto de Santa María, aderezada con la presencia de Roca Rey, siempre acicate para el maestro como reconocía en una reciente entrevista. Y, en verdad, lo fue. Pero el suceso de la tarde lo protagonizó Pablo Aguado, que volvió a ser el torero de las supremas elegancias, la cadencia y la ilusión, pura maravilla, para salir a hombros con el astro peruano, que rubricó un triunfo concienzudo de contado fuste. MdlP dejó, paradójicamente, la faena de más sincero valor, casi una temeridad. A pie marchó con una sola oreja y la frente alta. Sigue intratable.

Un nuevo cartel de "No hay billetes", el más madrugador por las sinergias y la confluencia de fuerzas, colgaba de las taquillas. Una ovación sonó como eco y reconocimiento de la tarde anterior cuando las filas del paseíllo se deshicieron y Pablo aún no se había desvelado.

Cuando las mulillas arrastraban al primero de la corrida de Núñez Cuvillo, a eso de las 20.30, Morante de la Puebla había resuelto muy toreramente un asunto sin asunto. El toro fue como era, basto. Un bloque. Perdía siempre el objeto, nunca cobró ritmo ni empleó su bruto movimiento, pero careció de maldad. Sostuvo el mismo patrón desde que Juan José Domínguez recogió con eficacia su suelta salida. No descolgó ni entonces ni después, tomó un puyazo en serio y dos de propina, con el tercio cambiado, por su fijación con el caballo. La faena desprendió seguridad, solvencia, torería, ya digo, por una y otra mano, distrayéndose siempre. Una cadena de molinetes aderezó la faena, entera en el haber del maestro. Una estocada honda en el mismo hoyo de la agujas y la gente se quedó como sin lo del sábado fuera a suceder todos los días. En fin. Sin embargo, gentío que colmaba la Real Plaza sí sufrió un calentamiento global, cuando Roca Rey enterró un bajonazo clamoroso que significó una oreja inesperada. A las 20.45, el astro peruano había sacado a Morante para brindarle la muerte de Rescoldito en el mismo escenario donde hace año sucedió el famoso agarrón de "Maestro, fúmate un purito despacito". Las buenas notas el cuvillo ofrecido desde que lo toreó con el capote en un buen saludo: fijeza, humillación, un tranco cierto. Su cara coronaba un cuerpo fornido. RR lo administró en el caballo, quitó por saltilleras con pomposidad e insistencia y armó una faena que basculó siempre hacia la querencia marcada por el rajado toro. Así desde el efectista más que efectivo arranque, intercalando en series mandonas con una derecha que trataba de evitar fugas y una izquierda incapaz de renunciar al uso de la ayuda. Nunca se planteó el cambio de terrenos. Terminó por coreados circulares donde marcó Rescoldito.

A las 21.25 exactamente, las mulillas concluían la vuelta al ruedo en el arrastre a Galiano y Pablo Aguado iniciaba la suya con las dos orejas en la mano, después de sublimar el toreo. La supremas elegancias, la cadencia y la inspiración de aquel 10 de mayo de 2019, cuando firmó la cumbre de su carrera en la Maestranza, resucitaron en sus muñecas. La fineza que traía -y recuperaba- el toro de Núñez del Cuvillo encontró el espejo en la finura. Pero, al margen de lo exquisito, la entrega de Pablo fue absoluta. Cuajó al toro con el capote a la verónica, dibujó un galleo por chicuelinas preñado de sevillanías y abrochó con dos sutiles medias un garboso quite por tijerillas. Cuando nadie se lo esperaba -entre otras cosas porque el toro estaba muy vivo-, cogió las banderillas. Y formó un alboroto, de menos a más -no contó la pasada en falso-, para clavar finalmente con exactitud un par al quiebro sin despeinarse. Salió de la cara andando mientras el público se volvía loco. Más se volvería con el ritmo del toreo del que dotó su faena. Desde el prólogo al epílogo al paso, esa coreografía hecha a los vuelos, entre trincheras y trincherillas, aquel muletazo caído de su izquierda, aquella firma de torero caro. El núcleo de una obra precisa, por su justa medida, cosió por una y otra mano la superior embestida. Que en su izquierda vació toda esa forma de embestir de la bravura más excelsa. Un corolario rodilla en tierra y ya no daban las gargantas de arena. Hubo un conato de indulto que tentó a Aguado, tan inseguro con la espada. Pero se volcó con ella como si no hubiera mañana. Despegaron las palmas por bulerías, cayeron las orejas de ley, asomó el pañuelo azul y la Giralda visitó el Puerto de Santa María.

Morante no podía pasar en blanco y se jugó literalmente el pellejo en un ejercicio de valentía tremendo con un cuarto toro demasiado entero, rebrincado, muy costoso, falto en definitiva de un puyazo. El maestro va sobrado y, a las 21.40, desde el cartucho de pescao se dio mucho más que su enemigo con un embroque purísimo, pasando un quinario: varias veces estuvo cogido, marcado el pitón. Y al final de todo para conseguir tres naturales monumentales, una estocada colosal, una demostración de absoluta honestidad y una oreja de mucha verdad.

A las 22.22, Roca Rey cobró ahora un estoconazo para hacerse con el trofeo que lo impulsaba por la puerta grande con Pablo Aguado. Fue un trabajo muy meritorio y firme con un quinto muy humillador, con su disparo, sin acabar nunca de soltarse pero, a últimas, con su buen fondo. Concienzuda labor a machamartillo.

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This article was originally published by El Mundo.

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