Breaking
RUВенгерский парламент пригрозил импичментом президенту из-за отказа подписать поправку к конституцииITSam Neill, attore di Jurassic Park, è morto a 78 anniINTLUkraine War: EU discusses sanctions, 'Coalition of the Willing' meets in ParisRUВ России подготовят около 600 экспертов для наблюдения за выборамиTRSüleyman Soylu anlattı: 15 Temmuz gecesi neler yaşandı?CN广东探索“产教评”技能生态链:三小时速成一线技工,助力稳就业RUБывшего гендиректора "Торпедо" Скородумова осудили за подкуп арбитровTRİzmir'de Deprem Hazırlıkları: Karşıyaka'da Saha Çalışmaları TamamlandıRUУполномоченный по правам ребенка: 11-летний умерший в больнице Севастополя ребенок имел паллиативный диагноз с рожденияRUЖители Омской области привлечены к ответственности за съемку атаки дронов на НПЗRUВенгерский парламент пригрозил импичментом президенту из-за отказа подписать поправку к конституцииITSam Neill, attore di Jurassic Park, è morto a 78 anniINTLUkraine War: EU discusses sanctions, 'Coalition of the Willing' meets in ParisRUВ России подготовят около 600 экспертов для наблюдения за выборамиTRSüleyman Soylu anlattı: 15 Temmuz gecesi neler yaşandı?CN广东探索“产教评”技能生态链:三小时速成一线技工,助力稳就业RUБывшего гендиректора "Торпедо" Скородумова осудили за подкуп арбитровTRİzmir'de Deprem Hazırlıkları: Karşıyaka'da Saha Çalışmaları TamamlandıRUУполномоченный по правам ребенка: 11-летний умерший в больнице Севастополя ребенок имел паллиативный диагноз с рожденияRUЖители Омской области привлечены к ответственности за съемку атаки дронов на НПЗ
Newsgather
Back13 escritores europeos debaten sobre la identidad cultural del continente
13 escritores europeos debaten sobre la identidad cultural del continente
Developing
El Mundo6/15/2026World17 min readSpain

13 escritores europeos debaten sobre la identidad cultural del continente

Quick Look

Trece escritores de toda Europa comparten sus reflexiones sobre el sustrato cultural común del continente, abordando temas como la supervivencia de odios, el nacionalismo, la influencia de EEUU y la importancia de la empatía y la democracia frente a la barbarie.

AI-generated summary

Why It Matters

Trece escritores europeos reflexionan sobre la identidad cultural del continente, su historia compartida y los desafíos actuales que enfrenta.

Font size

Más allá de las políticas, la burocracia y la fría economía, desde sus orígenes y con cimas brillantes como el Renacimiento y la Ilustración, Europa comparte una cultura común. Una historia, una literatura, una música, un arte, una arquitectura y una ciencia que forman el cimiento de lo que somos y de lo que deberíamos aspirar a ser. Invitamos a 13 de los mejores escritores del continente a explicar qué significa para ellos ese sustrato cultural común que llamamos Europa.

ENRIQUE VILA-MATAS, España

Hubo un tiempo en el que Europa se extendía ante mí como una conversación infinita. Hasta que un día entreví su más turbadora seña de identidad. George Steiner ni se despeinó al señalarla: Europa siempre ha creído que perecerá. Basta que demos hoy una vuelta por ella para comprenderlo: supervivencia de los odios étnicos, patrioterismo nacionalista, retorno del antisemitismo, uniformización cultural que, a consecuencia de la globalización, lo tiñe todo de mediocridad. Y no será porque Flaubert no lo advirtiera cuando escribió en 1876: «Llegará un tiempo en que todo el mundo se habrá convertido en un hombre de negocios y en un imbécil (para entonces, gracias a Dios, ya habré muerto). Peor lo pasarán nuestros sobrinos. Las generaciones futuras serán de una tremenda estupidez y grosería».

Concluida la Segunda Guerra Mundial, se reconstruyó la Europa desaparecida físicamente pero muy poco, o nada, el ámbito espiritual y cultural en el que había nacido, como si no interesara volver a forjar el hogar y la civilización europea. Y así nos va, y así nos vemos. Europa teme y cree ahora más que nunca que desaparecerá. Es posible que estemos horrendamente solos. Y que, como alguien dijo, todos somos Hamlet, el final protestante.

THEODOR KALLIFATIDES, Suecia / Grecia

En 1943 mi pueblo en Grecia fue bombardeado por última vez por aviones británicos. El nazismo estaba perdiendo la guerra, y así fue. Un momento de alegría, pero al mismo tiempo comenzó la guerra contra el comunismo estalinista, no con armas, sino con la cultura. De alguna manera fue decisivo para Europa. Francia tomó la delantera. París se convirtió en el centro mundial de toda la vida cultural relevante. Nuevos filósofos, nuevos pintores y escultores, nuevos compositores. En mi escuela conjugábamos el verbo «amar» con gran entusiasmo porque nuestra profesora era joven y guapa. La era francesa no duró mucho. La literatura y la música de EEUU, novedosas y más vibrantes, se impusieron, especialmente entre los jóvenes. Lentamente, se formó en Europa una nueva élite, educada en universidades estadounidenses y devota del nuevo dios: el dólar.

Y así ha continuado. Los líderes de la nueva Europa están más o menos americanizados. Viejos sueños mueren, pero no siempre. El sueño nazi de dominación mundial ha sido reemplazado por el capitalismo y el mercado. Si algo distingue a la nueva élite es precisamente la ausencia total de intereses culturales. Para ellos, la historia del mundo ha terminado con la dominación del capital. Eso es lo que quieren, eso es lo que buscan y son capaces de forjar cualquier alianza para lograrlo.

Europa según la mitología tiene ojos hermosos grandes y si quiere sobrevivir debe usar esos ojos para ver a la bestia que crece día a día y que, tarde o temprano, conducirá a lo que más se debe evitar: una nueva guerra mundial. Hasta ahora, parece que solo España resiste. El resto de Europa está gastando más dinero que nunca en rearme. Un día negro llegará la guerra que significará el fin violento del mundo tal como lo conocemos. Mis nietos no leerán a Homero, quien escribió que la guerra es la fuente de todas las lágrimas y Europa, con sus hermosos ojos, quedará completamente ciega. Espero estar equivocado.

LIUDMILA ULÍSTKAYA, Rusia

En 2014 visité Salzburgo para participar en un festival cuyo tema era el centenario de la Primera Guerra Mundial y las lecciones que aún no hemos aprendido. Durante el acto de inauguración, dos magníficos actores leían un diálogo de Los últimos días de la humanidad, la extraña obra de 800 páginas de Karl Kraus escrita entre 1915 y 1919. Me pregunté: «¿Qué ha ocurrido en el mundo para que tenga que recordarse de nuevo una profecía de hace 100 años?».

Escuché los discursos de los dirigentes austríacos: el gobernador de Salzburgo, el ministro de Cultura y el presidente de la república. Sorprendentemente, me conmovieron profundamente. Era una sensación completamente incomprensible para una ciudadana rusa. Hablaban personas cultas y educadas cuyos discursos se parecían más a las conferencias de profesores universitarios que a las intervenciones de los funcionarios de partido a las que los rusos estamos acostumbrados desde la cuna.

Hablaron de la relación entre cultura y política y suscitaron reflexiones sobre una posible destrucción del mundo. Compararon dos momentos históricos: los años anteriores a la guerra a comienzos del siglo XX y los primeros años del siglo XXI. Todos regresaban una y otra vez a la misma cuestión: el entusiasmo popular, la aceptación de la guerra por parte de los intelectuales europeos o las escasas voces de protesta. Pero lo más importante era la inquietante semejanza en el auge sin precedentes de los sentimientos nacionalistas, la explotación del concepto de patriotismo y el respaldo a los sentimientos de exclusividad y superioridad nacional.

"Europa teme y cree ahora más que nunca que desaparecerá. Es posible que estemos horrendamente solos"

Enrique Vila-Matas

Vergüenza e impotencia. Viviendo en Rusia percibo estos sentimientos con especial intensidad. No participo en política, pero digo lo que pienso cuando me lo preguntan. Por ello me acusan de odiar a mi país y resulta inútil justificarse. No hay odio en mí; sólo vergüenza e impotencia. Hoy mi país ha declarado la guerra a la cultura, a los valores del humanismo, a la idea de las libertades individuales y de los derechos humanos. Mi país padece la enfermedad de la ignorancia agresiva, del nacionalismo y de los delirios imperiales. La cultura ha sufrido una dura derrota en Rusia. Nosotros, las personas de cultura, no podemos cambiar la política suicida de nuestro Estado. La comunidad intelectual está dividida. Una vez más, como a comienzos del siglo pasado, una minoría se opone a la guerra mientras mi país empuja cada día al mundo hacia una nueva guerra. Nuestro militarismo afiló sus garras en Chechenia y Georgia y ahora se entrena en Ucrania.

¡Adiós, Europa! Me temo que nunca podremos integrarnos en la familia europea de naciones. Nuestra gran cultura -Tolstói y Chéjov, Chaikovski y Shostakóvich, pintores, artistas, filósofos y científicos- no ha sido capaz de detener las políticas de los fanáticos religiosos, las ideas comunistas de ayer ni las políticas de los necios codiciosos de hoy. Durante 300 años, nosotros, las personas de la cultura, encontramos fuerza e inspiración en las mismas fuentes que todos los europeos: Dante, Bach, Beethoven y Shakespeare. No hemos perdido la esperanza. Sin embargo, hoy la pequeña parte de la cultura rusa a la que pertenezco, sólo podemos decir una cosa: «¡Adiós, Europa!».

MIRCEA CARTARESCU, Rumanía

El pueblo rumano quiere mucho a Europa porque, a diferencia de otros estados que nacieron europeos, Rumanía ha tenido que luchar para serlo. Los rumanos soñamos con Europa durante 200 años. Me siento muy cercano a mi comunidad y a la lengua rumana, pero también muy ligado a la identidad europea. Europa es mi segunda patria, es un elemento esencial en mi identidad, así pues, creo en una patria nacional y en una patria supranacional. Creo profundamente en el concepto de Europa, en una Europa unida y en su núcleo, que es un núcleo cultural.

Rimbaud, Cervantes, Kafka, Unamuno, Goethe, Thomas Mann... a mis escritores no los busqué en un mapa, los encontré en las estanterías de la biblioteca de mi pueblo, colocados el uno detrás del otro, sin ninguna frontera entre ellos. Más que ningún otro lugar, Europa representa la cultura. Su columna vertebral está hecha de libros, cuadros, canciones..., unidos todos ellos bajo el esfuerzo filosófico de entenderse a sí misma. La literatura tiene mucho que decir sobre Europa, quizás no tendrá las respuestas, pero plantea las buenas preguntas. Y, puesto que yo soy un artista, considero que Europa es, por encima de todo, un concepto cultural; después viene la Europa económica y política. El continente se encuentra en su momento más dramático desde la Segunda Guerra Mundial, una situación muy difícil a todos los niveles. Los rumanos estamos muy asustados, tenemos una larga frontera con Ucrania, que está tan cerca que podemos oír cómo estallan las bombas. Pero además de Putin están la desigualdad, las crisis, el nacionalismo... Jamás Europa ha estado en una situación tan complicada y merece ser defendida.

Lo que me preocupa es que en estas circunstancias muchos países y muchas personas se convierten en euroescépticos, como si la culpa de los problemas fuera de Europa. El último de los refugios cuando la educación y la cultura fallan es el nacionalismo y como creo en el mundo libre, me provoca mucha tristeza que sean precisamente los países del Este los que manifiestan con especial virulencia esta tendencia. Yo, por el contrario, sigo creyendo en sus valores, que son los de la democracia, la tolerancia, la generosidad, el amor por el arte y el conocimiento. Sigo creyendo en el valor cultural de este continente y creo que su herencia cultural debe seguir. Las ideologías pueden ser diferentes, pero en el arte siempre encontraremos un inconsciente colectivo europeo. Como dice Donald -Tusk, no Trump-: «Unidos permaneceremos, separados desapareceremos». Éste es el valor que tendría que orientar la Europa del futuro. Permanecer juntos es la única forma de afrontar los terribles desafíos económicos, políticos e ideológicos de este mundo demente. Mi Europa no tiene muros o telones de acero, no tiene fronteras, vive en mis genes, mi mente y mi corazón.

DACIA MARAINI, Italia

Europa es mi amiga, Europa es mi familia. Europa me acoge y me nutre. Europa, en su difícil pero vital proceso de unificación tras siglos de conflictos internos, me llena de satisfacción porque ha brindado 80 años de paz, porque ha legitimado la libre circulación de bienes y personas (Schengen), porque ha establecido la estabilidad económica (el euro), porque ha creado un sistema vital de intercambio y aprendizaje para los jóvenes (Erasmus). Sin embargo, muchos critican a la Europa actual porque la consideran ineficiente, débil y, al mismo tiempo, que impone demasiadas normas restrictivas. Al condenar a Europa se condena la democracia, otro de los valiosos logros alcanzados tras siglos de monarquías absolutistas, totalitarismo, nacionalismo y presiones colonialistas.

De un conjunto de países enemigos que se han aniquilado mutuamente durante siglos, Europa ha llegado a un sistema de coexistencia pacífica y creativa. Quizás también gracias a los grandes libros, la gran música y el gran arte de los numerosos países europeos que crearon lazos e intercambios antes de la última decisión política y económica... Creo que las diferencias deben preservarse y defenderse, pero también creo en la existencia de valores que se pueden compartir, como la paz, el respeto a los demás, la prohibición de cualquier uso de la violencia, tanto privada como pública, la condena de todo abuso, toda explotación, toda intimidación...

Y dado que actualmente se denigra abiertamente la palabra democracia, quiero aclarar qué entiendo por ella. Cuando las instituciones de un país son independientes y autónomas, libres para criticar a otras instituciones, podemos hablar de democracia. Sin embargo, cuando todas las instituciones están gobernadas, dirigidas y decididas por un único líder y sus seguidores, nos encontramos ante un régimen dictatorial. Pero, ¿cuál es la alternativa a la democracia hoy para quienes la critican? ¿Qué posible gobierno futuro proponen teóricos como Peter Thiel y René Girard? Una tecnocracia de multimillonarios que controlará todos los medios de comunicación. Una privatización del conocimiento y la comunicación globales que, sin duda, conduciría a decisiones rápidas, pero que privaría a los ciudadanos de toda libertad. Si usted cree que esta es la alternativa, no estamos de acuerdo. No creo que podamos hablar de una alternativa creíble a la democracia, a pesar de todas sus dificultades y fragilidades. Por eso apoyo a Europa por sus valores de libertad y democracia, de los que debemos estar orgullosos.

GUEORGUI GOSPODÍNOV, Bulgaria

Hace algún tiempo, Elon Musk afirmó que la empatía es el punto débil de Europa. Los políticos, incluidos los europeos, se sumaron de inmediato y les gustó mucho esta frase. La empatía no es el talón de Aquiles de Europa. La empatía es el escudo de Aquiles. ¿Recuerdan el Canto XVIII de la Ilíada, el de la forja del escudo? Hay de todo en él: celebraciones, veranos e inviernos, campos y ciudades, hombres, mujeres, niños, la vida entera. Porque el escudo de la empatía está del lado de la vida y de lo humano. Siempre contra aquellos que atacan con los dardos untados de odio, que intentan amputar lo humano del hombre para que sea más fácil de manipular. Contra aquellos que, a través del lenguaje, reducen el sentido y estrechan las dimensiones del mundo. Ellos lo saben: uno de los rasgos más humanos -la capacidad de sentir compasión por el otro- es de los más difíciles de ser uncidos por la ideología. Y por eso atacan la empatía de Europa. No en último lugar, porque esa cualidad es absolutamente inexplicable e inalcanzable para ellos. Estaría bien que hoy Europa volviera a los inagotables recursos de la cultura, la filosofía, la literatura, las artes, que abriera sus depósitos y recordara de nuevo todo ese conocimiento secular acerca del hombre, que es a la vez ethos y escudo frente a la barbarie de los nuevos dictadores, populistas y traficantes de nacionalismo. Estos yacimientos de cultura son más perdurables que todos los de petróleo y gas natural en torno a los cuales hoy se libran guerras.

En este sentido, nuestra responsabilidad no es solo con el presente, es una responsabilidad histórica que se despliega hacia atrás en el tiempo. Tras cada catástrofe humana que hemos permitido que ocurra hemos podido oír los gritos de los que nos precedieron: filósofos, poetas, narradores de historias... Nuestro escudo ha sido forjado por ellos. En realidad, la empatía se revelará como el punto más fuerte de Europa. Porque hay que ganar la batalla más importante: la batalla contra la deshumanización.

GONÇALO M. TAVERES, Portugal

Me interesa pensar en el CI de Europa, la inteligencia europea, pero también en su EQ, ese Cociente Emocional. En otras palabras: ¿sigue Europa moviéndose por lo que debería moverse? En Europa, ¿los europeos se emocionan con los programas de telerrealidad o con lo que está ocurriendo en Oriente Medio y otros lugares? ¿Cuánta empatía hay en Europa por los terribles acontecimientos y as

What to Watch

AI outlook — possibilities, not facts

  • Europa podría enfrentar una nueva guerra mundial si no evita la deshumanización y el nacionalismo.

    Possible · Long term

  • La cultura rusa podría quedar aislada de la familia europea de naciones.

    Likely · Medium term

Open Questions

  • ¿Podrá Europa superar sus miedos y divisiones?
  • ¿Cómo afectará la influencia estadounidense a la cultura europea?
  • ¿Es la empatía el verdadero escudo de Europa?

Related Topics

This article was originally published by El Mundo.

Related Stories

More on this topicEuropa