
La escritora Alicia Giménez Bartlett, de 75 años, habla en una entrevista en un hotel de Barcelona sobre el envejecimiento de su personaje Petra Delicado, su propio duelo tras la muerte de su segundo marido, su visión crítica de la sociedad y la perpetua vigencia de su obra literaria, destacando que su inspectora mantiene la misma edad mientras ella avanza en los años.
AI-generated summary
Alicia Giménez Bartlett es una escritora española de 75 años, creadora del personaje de la inspectora Petra Delicado, protagonista de su saga de novela negra. Ha ganado premios como el Planeta y el Nadal. Vive en Vinaroz, Castellón, y desde que enviudó hace tres años, le resulta difícil salir de casa.
Quedamos para comer, un día tórrido de hace semanas, en el restaurante de un hotel caro de Barcelona que propone su editorial para optimizar el viaje. Un ambiente en las antípodas del paisaje y el paisanaje del barrio de La Mina, en el que se desarrolla Bajo el cielo infernal, la novela que acaba de publicar y en la que la inspectora Petra Delicado, el personaje que creó hace 30 años, se deja el pellejo y las meninges para investigar el asesinato de un sacerdote jesuita dedicado a rehabilitar a jóvenes descarriados. Tanta anticipación tiene un motivo. La autora vive en el campo, en Vinaroz (Castellón), y, sobre todo desde que enviudó, le cuesta salir de casa. Aun así, ya puesta, se entrega a fondo a la charla y al posado para el fotógrafo. Divertida, mordaz y deslenguada, no logra, por mucho que lo intente, restar un ápice de profundidad a su discurso.
¿Cuánto ha envejecido la inspectora Petra Delicado en estas tres décadas?
Petra va y viene en mis libros. A veces, la aparco, porque, si escribo siempre sobre ella puede aburrirme a mí y, consecuentemente, a quien la lea. Pero siempre tiene la misma edad. Se supone que anda en la mediana edad, digamos entre los cuarenta y tantos y los cincuenta y tantos. Empezamos siendo coetáneas, pero ahora es bastante más joven que yo. Es una mujer de su tiempo en cada tiempo. Y, en este libro, una viuda reciente, como yo.
¿Cómo lleva el duelo? Usted, digo.
Lo llevo. Hace tres años que murió mi segundo marido, el gran amor de mi vida. Llevábamos 40 años juntos, en seis meses desapareció, y sigo en un sistema de duelo propio. Es decir: tiro adelante sin ningún tipo de fe, esperanza ni cariad. Vivo, pero la ilusión ha desaparecido y, a estas alturas, no me apetece encontrarle ningún sentido a la vida.
¿Está cabreada con el mundo, como Petra?
Sí, pero ella es más valiente que yo y lo exterioriza. Yo no he sido agresiva con la gente, como ella, pero, mentalmente, hasta a quien me decía “lo siento mucho” lo hubiera asesinado. Es un cabreo irracional: el que se muere, se muere, no se trata de pensar que es un castigo, ni una injusticia ni nada de eso, sino de un sentimiento visceral, que no se puede analizar, a no ser que seas un psiquiatra freudiano que cobra por ello. No es mi caso.
A Petra le revienta tanto que le tengan lástima como que pretendan que vuelva a su ser a los cinco minutos.
Es que huimos de todo lo que es desagradable o nos recuerde a la muerte. Ahora, de repente, como las viejas somos las que tenemos la pasta, nos pelotean, y la publicidad se ha llenado de señoras mayores encantadoras que hacen ejercicio, usan cremas y consumen como locas. Ahora no somos tan invisibles no porque la gente haya comprendido que envejecer, y morir, es natural, sino porque tenemos buenos trabajos y buenas casas. Pero a mí no me engañan. El rey Lear toma más actualidad que nunca: aférrate al presente y déjate de hostias.
Habrá quien la considere una ‘vieja terrible’.
Bueno, creo que soy como siempre. No se cambia tanto con la edad. Siempre he sido como la mujer con rayos X en los ojos. A veces, tengo miedo de ver la realidad tan descarnada. Me parece la única forma de vivir. En un mundo en el que reina el autoengaño, el no querer saber, me parece un privilegio doloroso, pero no puedo salir de ahí, y me parece bien. Aspiro a conservar los valores y los antivalores que he tenido toda la vida, independientemente de la edad. La ironía y la impertinencia siempre han sido mis armas frente al cabreo, y también mis armas literarias. Soy apasionada, y lo sigo siendo, pero siempre he sido racionalista al mismo tiempo. Y rebelde.
¿Y, a falta del amor de su vida, dónde nota que se le va la pasión?
Pues en las reacciones políticas, a veces. Y, fíjate, me conmueve cada vez más la bondad de las personas. Me parece revolucionaria.
Pero usted escribe sobre asesinos, ladrones y tipos malos.
Por obligación laboral, digamos, pero me interesa, me conmueve y, sí, a veces me enamora la gente buena. Además, las detecto con cierta pericia. Ese operario que te sonríe. Esa persona que te trata con delicadeza, sea y seas quien seas, por pura bonhomía. La bondad es tan valiosa como la inteligencia. Los malotes nunca me han hecho ni puta gracia.
Hablando de los viejos y la pasta, ¿cree que los jóvenes lo tienen más difícil hoy que cuando usted lo era?
Depende. En mi época, que no es la tuya, no era nada fácil tener un alquiler, ni una casa, ni la más mínima libertad, y, encima, no podías follar, con lo cual tienen los jóvenes hoy un escape que nosotros no teníamos. Esas cosas no las han vivido, afortunadamente.
¿Le da pudor escribir sobre sexo siendo madre y abuela?
Qué coño. Cuando uno es escritor, es escritor, ni hombre ni mujer. Tengo dos hijos de cierta edad, y dos nietas. Si consideran que no quieren leerlo, que no lo lean, porque, evidentemente las mujeres, las madres, las abuelas, aman, desean, viven y follan. No todas las mujeres se toman la familia como lo primero del mundo. No es mi caso.
¿Todavía cree que penaliza decir eso?
No sé, pero cuando a una mujer, sea una gran científica, o escritora, o lo que sea, le preguntan cuál es el día más feliz de su vida, dicen que el del nacimiento de sus hijos. Eso lleva pasando desde que el mundo es mundo. Y no, esos no fueron mis días más felices.
¿Cuáles fueron, entonces?
Cuando me fugué con mi segundo marido. Ambos estábamos casados. Yo tenía 35 años y él 38. Dejé a mis hijos, pero hicimos un plan racional y al mes y medio estábamos todos juntos.
Pasión y razón
Exacto. Al final hicimos una familia, nuestra familia, maravillosa. Los chicos se llevaron muy bien entre ellos y todos entre todos. Lo de “fugarse”, “abandonar a los hijos”, todo ese lenguaje te habla del sistema patriarcal, de ese machismo que impregna la sociedad y que detesto, pero, tío a tío, los hombres me encantan, y yo he tenido mucha suerte. Mi padre, todos mis maridos (observa que digo todos, aunque solo han sido dos, para darme misterio), mi hijo, y mis muchos amigos varones son todos hombres maravillosos.
¿Ha notado miradas por encima del hombro de colegas escritores por escribir novela negra?
Toda la vida. Yo misma, en el momento en que veo que algo me cuesta demasiado, pienso que estoy escribiendo una novela filosófica, aunque decir esto me jode bastante. Una novela es una novela.
Quizá esa condescendencia ajena es porque usted vende mucho.
Puede, y porque no me callo y porque soy impertinente. Mira, por ejemplo, ahora, me están dando premios a la trayectoria por todos lados, y a veces de festivales importantes. Pero, volvemos a lo de antes, ahora a las viejas nos miran. Ya podrían pasarme a los premios póstumos directamente.
Su novela habla de asuntos muy actuales: pederastia, abusos, pobreza, falta de futuro. ¿De qué fuentes bebe?
De los periódicos, por supuesto. Y de amigos que me cuentan cosas. Yo no he estado en un grupo de duelo, pero tengo amigas que me lo han contado. Y en Vinaroz, por ejemplo, escucho mucho a la gente. Y me quieren mucho, porque charlo con todo el mundo, y ahora la gente no charla.
¿Le afecta la soledad de los mayores?
Me impacta muchísimo, porque esa soledad viene, entre otras cosas, de no tener recursos intelectuales ni económicos, y eso lo hemos provocado entre todos. Muchos mayores no tienen la costumbre de coger un libro, nadie se lo ha inculcado. Fíjate que yo, que soy más bien socialista, ahora me doy cuenta de que en la época en la que éramos ricos y famosos, no se apostó o no se quiso apostar por la cultura como factor para evitar todo eso.
¿Sigue siendo rica y famosa y más bien socialista?
Pues sí, qué coño. Y pago un montón de impuestos, ponlo.
Entonces, le dolerán los casos de corrupción en esas siglas.
Pues mira, en eso, hago justo lo que critico en el resto de las personas: no quiero ver la realidad. Al final, piensas que todos somos personas y todos somos una mierda. No lo disculpo, por supuesto, ni lo comprendo, pero no quiero que me lo cuenten porque ya tengo una edad. He visto muchas cosas y, mira, voy a ser elitista: a mí lo que me jode de la derecha es la horterada, y más la horterada folclórica, porque valoro mucho la elegancia, y pienso en qué tendría Zapatero en la cabeza con todo el asunto de las joyas.
¿Cuándo fue consciente de tener un estilo personal?
No soy consciente de ello.
No me diga que tiene el síndrome de la impostora.
Tengo el síndrome de la pionera, que tantas veces me han puesto, por crear una inspectora mujer, como si fuera Laura Ingalls en La Casa de la Pradera. Pero tampoco me ha servido de gran cosa, porque ahora hay un montón de chicas que venden un montón de libros, y yo que me alegro, y si acaso, tengo el prestigio de la edad.
¿Qué hay detrás de esa melena y ese aplomo con el que posa para el fotógrafo?
Pues que soy tan narcisista que no puedo soportar una imagen mala de mí misma. Vivo sola y soy incapaz de salir a desayunar sin arreglamre y que me vean los perros y los gatos sin peinar. Y eso implica, también, ponerse un pijama decente para dormir. Llámalo decoro, llámalo dignidad.
¿De dónde viene el Bartlett, de su Giménez Bartlett?
Pues mira, mi primer marido era inglés. Cuando salió mi primera novela, yo seguía casada y Carmen Balcells, mi difunta agente, me dijo: ¿tú cómo te vas a llamar? Y yo: pues no sé. Alicia Giménez, o Alicia Giménez González, que es el apellido de mi madre, que tampoco era el suyo, porque es adoptada, mi historia es muy rara. Entonces, Carmen dijo que con ese nombre no iba a vender un libro en el extranjero y ella veía que iba a tener más éxito fuera que dentro de España. Así que así se quedó. Un amigo mío bromeaba diciendo que tenía que haber añadido, además, el apellido de mi segundo marido, el difunto.
Aún tiene tiempo de añadir un tercero
Calla, calla, qué pereza.
AUTORA Y PERSONAJE
Hace tiempo que Alicia Giménez Bartett (Almansa, Albacete, 75 años) adelantó en edad a su criatura más célebre, Petra Delicado, la descreída y resolutiva inspectora de la Policía Nacional que creó hace 30 años. Entonces, ambas, autora y personaje, eran mujeres de mediana edad. Pero, mientras Giménez envejecía, Delicado se ha mantenido en ese periodo vital en el que todavía no le ha llegado la edad de jubilación, pero sí está de vuelta de muchas cosas en el trabajo y en la vida. En la última entrega de la saga, Bajo el cielo infernal, Giménez Bartlett, ganadora del premio Planeta y del Premio Nadal, pone a su criatura en su misma tesitura vital: la reciente viudez del amor de su vida. Así, maltrecha emocionalmente, pero tan pétrea y delicada como siempre, se enfrentará a un asesinato en el seno de la Iglesia.

At the Venice Film Festival, The Echo Chamber, a posthumous film by Bernardo Bertolucci directed by Andrea Pallaoro, and Possible Love by Lee Chang-Dong, which explores work and cinema in times of crisis, were screened. Both films address deep themes such as love, suffering, and human connection.

Douglas Stuart, a nationalized American Scottish writer, talks about his new novel 'John Son of John', exploring themes of dysfunctional family, homosexuality and poverty, and reveals that he and his husband are considering emigrating from the US due to the persistent hatred after Donald Trump's presidency, fearing his voters more than the former president himself.
Spider-Man: Brand New Day has surpassed $2.34 billion worldwide, becoming the second highest-grossing film in history, while Supergirl, with a budget of $300 million, has grossed just $126 million, marking one of DC's worst results in years.

In an interview, John Malkovich talks about his participation in a film set in Chile in 1973, criticizes the social lack of memory about historical events such as the coup d'état and the 9/11 attacks, reflects on the concealment of information by States and defends the sensitivity of actors as transmitters of truth, pointing out that he lives in a world where good and bad are reduced to simple concepts.

Seven former members of the legendary band Menudo will reunite for a six-concert tour to mark the group's 50th anniversary. The performance series will begin on October 10 in Los Angeles and conclude on December 12 in San Juan, Puerto Rico.
The film Ink, directed by Danny Boyle, opened the Venice Film Festival by recreating the rise of The Sun under Rupert Murdoch in 1969 and its transformation of British journalism, while a biopic about Gerda Taro premiered in parallel. Both adapt previous works and explore the origins of modern misinformation.