
Pastores y clérigos buscan recuperar el voto cristiano para el Partido Demócrata en bastiones conservadores
Candidatos demócratas con formación religiosa, como el pastor Adam Hamilton en Kansas, intentan atraer votantes cristianos en estados conservadores, utilizando valores bíblicos para defender políticas sociales frente a la hegemonía republicana.
AI-generated summary
Históricamente, el Partido Demócrata perdió el apoyo de los votantes cristianos blancos a partir de los años noventa, cuando este sector se inclinó hacia el Partido Republicano.
El candidato demócrata al Senado por Kansas baja de su autobús de campaña y saca del bolsillo, sonriente, unos Evangelios tan gastados que la cubierta de cuero ya brilla. Los lleva siempre consigo, cuenta. Adam Hamilton no es solo un político recién estrenado. Es también el fundador y pastor de una de las grandes megaiglesias de Estados Unidos, la Iglesia de la Resurrección, metodista unitaria. “La fe es la historia que define mi vida”, sostiene durante una de las paradas de su gira para movilizar el voto en este Estado granjero del Medio Oeste estadounidense en vísperas de las elecciones de medio mandato del próximo martes.
Su discurso, en el que enhebra las enseñanzas de Cristo con su programa político, parece calar: según las encuestas, tiene importantes posibilidades de ganar el escaño que se disputa con el republicano Roger Marshall y convertirse en el primer senador demócrata en Kansas en 94 años.
“Llevo estos Evangelios conmigo cada día, los leo todos los días y le pido a Dios que me guíe, que me lleve, que me hable. Mi objetivo, y mi esperanza, es ser un seguidor de Cristo por encima de cualquier otra cosa”, declara, al ser preguntado sobre su fe y el papel que desempeña en su vida como político, en un breve aparte con medios, incluido EL PAÍS, durante un acto de campaña en Olathe, en las afueras de Kansas City.
Hamilton no es una excepción. Al menos una docena de pastores, seminaristas y antiguos clérigos se presentaron este año a las primarias demócratas para el Congreso, la mayoría en Estados considerados bastiones conservadores; un puñado logró la candidatura y ahora libran batallas muy reñidas frente a sus contrincantes republicanos en territorios como Kansas o Texas.
Es un fenómeno que hubiera parecido impensable hace unos años. Aunque en las décadas entre los años sesenta y ochenta los demócratas contaban con el apoyo de numerosos votantes blancos protestantes, ese respaldo se fue desvaneciendo a partir de los años noventa, a medida que los estadounidenses cristianos se fueron haciendo más evangélicos y este segmento de la población se inclinó cada vez más hacia el Partido Republicano y una visión nacionalista del cristianismo. A lo largo de las últimas tres décadas, hablar de fe desde la tribuna política se convirtió en terreno casi exclusivo de los conservadores. Al mismo tiempo, el Partido Demócrata se hacía cada vez más urbano y más secular.
Ahora, este grupo de candidatos demócratas, varios de ellos curtidos en legislaturas estatales, apuesta por lo contrario. Están convencidos de que el cristianismo no es patrimonio de la derecha y que el lenguaje de los evangelios también puede servir para defender la sanidad pública, los salarios o a los inmigrantes. Y en sus mítines transmiten el mensaje de que las creencias que profesan cada domingo en los servicios religiosos coinciden con los principios políticos demócratas.
A diferencia de lo que podría ocurrir en otros países, esa combinación de política y religión no choca entre los votantes que escuchan ese mensaje: “Estados Unidos sigue siendo un país de creyentes”, apunta el encuestador y analista político Frank Luntz. “Los ciudadanos no quieren necesariamente que les atraganten con la religión. Pero tampoco quieren que desaparezca de la vida pública”.
El caso de Hamilton es quizá el más llamativo de todos. Con solo 25 años, fundó la Iglesia de la Resurrección en Leawood, en las afueras de Kansas City. Hoy esa iglesia reúne a unos 24.000 miembros en nueve sedes de Kansas, Misuri y Ohio, y su fundador ha escrito más de 30 libros.
Hamilton fue republicano durante años, y llegó a pensar en presentarse a estas elecciones como independiente. Finalmente, anunció en mayo que dejaba el púlpito para concurrir como demócrata. “Parte de lo que cambió fue, lo primero, que tengo una profunda pasión por las cosas que les preocupan a los demócratas: la educación, las familias, la infancia, la cobertura social. Recorrí muchas ciudades de Kansas para escuchar la opinión de la gente, y en cada sitio me dijeron: ‘Preséntate como demócrata, es lo que eres, son las cosas que defiendes’. Así que fue fácil tomar esa decisión”, explica.
En sus mítines habla tanto de lo que cuestan la sanidad, el combustible y los fertilizantes —temáticas cruciales en la rural Kansas— como de su fe. Su línea es muy moderada; su lema es “liderar desde el centro”. Es un mensaje que parece gustar en este Estado.
“Creo que, aunque no gane, ha hecho grandes avances en favor de los demócratas y el siguiente que venga lo tendrá más fácil”, cuenta Israel Sánchez, especialista en medios digitales. Como colaborador de la Conferencia Metodista, conoció personalmente al pastor antes de que entrara en política. “Pienso que Hamilton era el único candidato demócrata viable en Kansas para el Senado. Su mensaje de ser amable, de recibir a los extraños, tiene mucho más peso porque es pastor y porque fue republicano. Sabe hablar el lenguaje que entiende la gente”.
En otros Estados, otros candidatos demócratas divulgan mensajes similares.
En Texas, el flamante rostro de esta tendencia es James Talarico, un seminarista presbiteriano de 37 años, en excedencia de sus estudios, que se dio a conocer como legislador estatal por sus críticas al nacionalismo cristiano y a la línea reaccionaria cultural que representa. La noche en que ganó la nominación demócrata al Senado, entre carteles con el lema de amar al prójimo, convirtió el mandamiento en una defensa de la diversidad: “Mi fe me enseña a amar a mi prójimo como a mí mismo. No solo a mi prójimo que se parece a mí, no solo a mi prójimo que reza como yo, no solo a mi prójimo que vota como yo”.
Su rival, el fiscal general Ken Paxton, está lejos de ser la cara de los valores bíblicos: carga con un divorcio que su esposa solicitó alegando “motivos bíblicos” y con un impeachment impulsado por sus propios correligionarios en el Congreso estatal.
También en Texas, el reverendo Frederick Douglass Haynes III, de 65 años, aspira a suceder a Jasmine Crockett en el distrito 30 de la Cámara de Representantes, un escaño seguro para los demócratas en el área de Dallas. Durante cuatro décadas convirtió la iglesia bautista Friendship-West en una megaiglesia progresista: la recibió con 83 fieles y hoy tiene más de 13.000. Es nieto de un pastor que se puso el nombre del abolicionista Frederick Douglass, y es heredero de la tradición profética de las iglesias negras. Su programa incluye un salario digno, la sanidad universal y la abolición del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
“No basta con que los demócratas diagnostiquemos la demolición”, dijo en septiembre en una gala del partido en Fort Worth. “Tenemos que tener la visión de una nueva reconstrucción”.
También hay mujeres entre los clérigos convertidos en políticos. En Iowa, dos compiten por escaños en la Cámara de Representantes. Sarah Trone Garriott es ministra luterana y todavía predica varios domingos al mes; y Lindsay James es pastora. Ambas sostienen que su fe inspira su política, pero no la dicta. Completan el grupo Robb Ryerse en Arkansas y Anna Golladay en Tennessee, también pastores, así como Ben McAdams en Utah y Chaz Molder en Tennessee, que presumen de su trabajo como maestros de escuela dominical.
La disputa por el voto cristiano
La pantalla opuesta es la de los evangélicos blancos, un caladero de votos para el trumpismo. Son el 13% de la población estadounidense, pero acuden a las urnas en tal número que suelen representar alrededor del 20% del electorado, según el Public Religion Research Institute (PRRI). Unos ocho de cada diez votaron por Trump en 2016, 2020 y 2024. Aunque, en 1994, solo un poco más del 60% se identificaba con el Partido Republicano, según el Pew Research Center.
Ese bloque no está cambiando de bando político. Pero la aprobación de Trump ha caído en todos los grupos religiosos desde el comienzo de este mandato. El desafío para los demócratas, por tanto, es movilizar al resto del electorado creyente.
Los candidatos que tratan de apelar a ellos no buscan dar la batalla en el aborto o los derechos LGBTQ, donde su partido lleva décadas perdiendo entre los votantes evangélicos. En su lugar, colocan el “amar al prójimo” en el centro de su discurso y lo usan para justificar sus posiciones: frenar las redadas migratorias, oponerse a los recortes sanitarios y presentar la desigualdad, el salario mínimo o los derechos laborales como cuestiones morales antes que económicas.
Los republicanos han respondido cuestionando la fe de sus rivales. En una cumbre religiosa conservadora celebrada en julio, Joe Mitchell, el candidato que se enfrenta a Lindsay James en Iowa, acusó a la pastora de tergiversar sus credenciales. “Es una de esas personas que se hacen llamar pastoras, igual que James Talarico, igual que Sarah Trone Garriott”, dijo. “Yo los llamo PINO: pastores solo de nombre (pastors in name only). No son pastores de verdad. No profesan el verdadero evangelio de Jesucristo”. En Texas, Paxton ha dicho en un pódcast que las creencias de Talarico son “literalmente lo contrario del cristianismo”. El vicepresidente J. D. Vance ha acusado a Hamilton de no ser un verdadero creyente, algo ante lo que el candidato por Texas se encoge de hombros: “Si dicen que no soy cristiano, allá ellos”.
Por ahora, los ataques no parecen haber frenado a estos candidatos. Las batallas de Kansas y Texas, en las que hace solo unos meses se daba por hecho el triunfo de los candidatos republicanos, están al rojo vivo.
Pero el analista Luntz tiene una advertencia: “Puestos a elegir entre una actitud diferente respecto a la religión o pagar las facturas, los votantes siempre elegirán una solución económica frente a una basada en la fe. La gente quiere una buena vida. En qué consiste, eso es un asunto individual, pero la idea generalizada es que conseguir una buena vida ahora mismo es más difícil que nunca. Para que los demócratas ganen, tienen que eliminar los obstáculos para conseguir esa buena vida”.
AI outlook — possibilities, not facts
Candidatos demócratas religiosos enfrentarán mayor escrutinio sobre sus credenciales por parte de rivales republicanos.
Likely · Within weeks

Student protests in Germany called by Gen Z Regelt ended in riots in seven cities. More than 200 detainees and 100 police officers injured are reported, especially after looting in Frankfurt. The Government defends its police deployment.

Xavier García Albiol, leader of the PP for Barcelona, has denounced that TVE acts under the interests of the PSOE after postponing an electoral debate. The popular candidate refuses to reschedule his participation, accusing the network of lack of neutrality.
The Popular Party has announced its appearance as a popular accusation in the investigation of the train accident in Urda, Toledo, which caused 69 deaths. The training requires purging political responsibilities in the face of what they describe as years of mismanagement.

Santiago Abascal, leader of Vox, announced that his party will appear as a popular accusation in the case of the train accident in Urda, Toledo, which has caused 69 deaths, demanding a judicial investigation to clarify possible technical failures.
Salvador Illa has responded to Alberto Núñez Feijóo after an interview in La Vanguardia, stating that the leader of the PP does not understand Catalonia. Feijóo promised to repeal the Amnesty law, while JxCat and the PSC have rejected his proposals.

The Popular Party announces that it will appear in the investigation of the train accident in Urda (Toledo), which left 69 dead, to demand responsibility from the Government and the Ministry of Transport for alleged mismanagement.