El realizador israelí Amos Gitai presenta en la Mostra de Venecia su documental híbrido 'The Road to Jericho', que combina archivo, presente y paisajes para reflexionar sobre la insostenible situación en Israel y Palestina, apelando al diálogo y la memoria histórica como alternativa a la violencia.
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El documental 'The Road to Jericho' fue creado por Amos Gitai para la Mostra de Venecia, mezclando material de archivo, entrevistas y paisajes de Israel y Palestina para reflexionar sobre el conflicto, la memoria y la posibilidad de diálogo, inspirado en figuras como Arthur Miller y Ytzhak Rabin.
Amos Gitai consigue en la Mostra de Venecia que la reflexión sobre la insostenible situación israelí cale hondo, en ese espacio de la conciencia al que solo el arte tiene acceso. The Road to Jericho, un documental híbrido que se ha dado prisa en hacer -”mi amigo Alberto Barbera me animó a que lo acelerara para llegar a tiempo a la Beinnale”- y que mezcla, de manera insólita, el presente, el pasado, el material de archivo y los paisajes donde geográficamente todo eso tiene lugar, y todo ello resulta en un poderoso poema audiovisual sobre los destinos de la humanidad.
“Todos sabemos que este paisaje fue testigo del surgimiento de las tres grandes religiones monoteístas que dominan dos tercios del planeta. Jerusalén, esta pequeña ciudad de un kilómetro cuadrado, dio origen a grandes ideas sobre cómo gobernar el planeta, sobre la cuestión de la ética. Así que a veces te dices: ¿qué nos dice el paisaje? Estas piedras de Jericó es todo lo que queda después de todas estas batallas, de todo este odio, de toda esta manipulación. Solo queda un montón de piedras. Y todo eso me llevó a hacer un poema político, también en el contexto de una situación muy hostil y tóxica. Así que tenemos que propiciar un diálogo, no solo argumentos, no solo odio hacia el otro”.
El realizador, que justamente destaca por abordar temas complejos, considera que ambas partes en Oriente Medio son a la vez ángeles y bastardos. De ahí que quiera introducir la complejidad e invitar al espectador “a trabajar como intérprete, no como consumidor”. Y propiciar un diálogo civilizado.
Acompañado de su familia y amigos -su hija, psicóloga y lingüista, ha publicado un libro sobre el nacimiento del hebreo como lengua moderna-, Gitai recuerda que en hebreo, a diferencia de las lenguas europeas, no existe el presente, sólo el pasado y el futuro. “Y eso es así también en el árabe, el concepto del tiempo es muy similar. Así que tenemos muchas cosas en común, que deberían alimentar el entendimiento”.
En su documental, árido y profundo, el realizador trae fantasmas: Arthur Miller, Samuel Fuller, Hannah Shygulla, Iréne Jacob, Jeanne Moreau, Ytzhak Rabin... “Esas personas a las que quiero y que comparten conmigo su talento, incluido el gran dramaturgo Arthur Miller, que habla de sus pensamientos sobre lo que cree que está ocurriendo con la colonización de Israel, dice. A Samuel Fuller lo recuerda porque interpretó en Gibellina el papel de Flavio Josefo, sobre el peligro de que los zelotes tomen el poder y destruyan la soberanía, que es la historia de lo que ocurrió hace 2.000 años, “cuando Roma quería aplastar el fanatismo judío”, indica.
También aparece una oración hebrea del Yom Kipur, “fragmentos que flotaban en mi mente”. Hannah Shygulla con el texto de Oscar Wilde Cada hombre mata aquello que ama. Y después, las imágenes contemporáneas: esta pequeña escuela de beduinos, un lugar con 300 niños y niñas juntos, que fue construida con la ayuda de arquitectos italianos utilizando únicamente neumáticos y tierra, porque no se les permitía construir una habitación. “Nuestro ministro de Finanzas decidió que quería demoler esta escuela”, explica Gitai.
¿Qué puede hacer el cine? “Aunque algunos cineastas pretendamos que tenemos un poder real, no tenemos un poder real. Y ni siquiera queremos tener un poder real. Solo tenemos poder simbólico. Pero el poder simbólico también es poderoso. Así que quiero alzar la voz por estos beduinos y también por este maravilloso grupo israelí de mujeres y hombres defensores de los derechos humanos que salieron a la calle y quisieron defender la escuela”.
“Creo en el diálogo. No creo en los boicots. En medio de esta situación tóxica, tenemos que hablar. La alternativa es la guerra. Si no queremos tener una guerra, tenemos que hablar. Tenemos que expresar nuestra opinión. Y el uso del archivo es una declaración sobre el presente. Así que creo que esa es la manera en que se construyó. Y sentimos la urgencia de terminarla para un festival que me gusta, que es Venecia”.
¿Hasta qué punto es optimista respecto al futuro? “No diría que soy optimista, sonaría demasiado ingenuo. La situación es mala, muy mala. Mi filme es casi una lamentación por el país que amo y cuya política no comparto. Quienes creen únicamente en la fuerza y, cuando no funciona, quieren utilizar más fuerza, y más fuerza, y más fuerza, no lo van a conseguir. Por eso tenemos que mantener la esperanza como motor del cambio”.
El realizador recuerda, en este contexto, su visita al País Vasco el año pasado, invitado por el exministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos. “Aquel pueblo, Bailika (Gernika), como sabéis, en 1937 fue bombardeado por la Luftwaffe. Y me pidieron que hablara sobre la relación entre cultura y política. Así que hablé de España. Dije: 'Escuchad, el duelo entre Franco y Picasso lo ganó Franco. Permaneció en el poder más de 40 años, o casi 40 años. Pero en el duelo por la memoria, ganó Picasso'”.
Uno de los momentos cruciales del film es la entrevista con Ytzhak Rabin, cuando el entonces primer ministro israelí asegura que a “veces la paz se construye con el peor enemigo”. Y se observan también las imágenes de su asesinato, del que se cumplen ya tres décadas.
“El asesinato de Rabin decapitó la posibilidad de un diálogo. Me gusta Rabin por muchas razones, no solo políticas -afirma en Venecia Amos Gitai-. Ese hombre hablaba con sencillez. Y tenía el respeto de los palestinos… el respeto es la base de un acuerdo. Si no crees en la otra parte, no hay acuerdo. Hablé con palestinos que negociaron con Rabin, y me dijeron que, debido a su personalidad, estaban dispuestos a seguir adelante. No todos los palestinos, porque Hamás y la Yihad decidieron poner bombas en centros civiles israelíes exactamente cuando Rabin dio la orden al ejército de avanzar hacia las ciudades palestinas”.
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El documental generará debate en festivales y foros culturales sobre el papel del arte en conflictos políticos
Likely · Within weeks
Se renovará el interés en la figura de Ytzhak Rabin y su legado de diálogo
Possible · Within months

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