
Las plataformas digitales impulsan movilizaciones espontáneas y descentralizadas de la generación Z en varios países europeos.
Las redes sociales actúan como el principal elemento movilizador de las protestas juveniles de la generación Z en Europa, impulsando manifestaciones espontáneas y desestabilizadoras en países como Francia, España, Italia o Bélgica.
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Las protestas juveniles en varios países europeos han estado marcadas por una alta movilización digital a través de plataformas como TikTok, WhatsApp y Telegram.
En su libro Sin respeto: una crisis social Byung-Chul Han lo deja muy claro. "En las redes sociales no se aplica el máximo cuidado sino que se infligen las máximas heridas y ofensas. En estos espacios se premia la desinhibición, que consigue captar aún más la atención". De eso va casi todo ahora: de captar la atención; y por eso las redes sociales, en el tiempo de la "hiperinformación" y de la inmediatez tienen un papel cada vez más importante. Por eso han sido -y son- un elemento clave en cómo se están desarrollando las protestas en Francia, Italia, Bélgica o España. Las redes son, en definitiva, el elemento movilizador por su rapidez, a veces con fines disruptivos y violentos, más allá de la mera convocatoria.
"Hay un hilo conductor que une a movimientos de protesta de la generación Z y no han empezado ahora. Esto que ocurrió en el sur del mundo el año pasado, lo estamos viendo hoy en el norte del mundo y en particular en esta Europa en la que entramos pronto en un superciclo electoral. Y las chispas que prenden las protestas son distintas. En Francia la educación, este símbolo del ascensor social, de la República, en España es la vivienda, en Albania es la corrupción. Pero todos tienen en común una protesta de una generación, la generación Z, que siente que el contrato social se ha roto", ha explicado la exministra de Exteriores y actual decana de la Escuela de Asuntos Internacionales de Science Po París, Arancha González Laya. Y la casa común de esa generación Z son las redes sociales.
La realidad es que las redes sociales han sido un acelerador clave de las protestas europeas de estas últimas semanas: según RTVE, un vídeo de TikTok superó los 78.000 compartidos y otro acumuló más de 9.000, mientras que las movilizaciones francesas reunieron alrededor de 550.000 personas solo el pasado 17 de octubre. Además, Maldita.es ha detectado convocatorias para este fin de semana en 46 ciudades de al menos nueve países europeos, difundidas mediante TikTok y grupos de WhatsApp y Telegram. Estas cifras evidencian la capacidad de las redes para amplificar y extender las convocatorias, aunque no demuestren que sean la causa directa de las protestas o de la violencia.
Tal es la relevancia que en precisamente Francia no tardó en abrirse el debate: prohibirlas o limitarlas para paliar las protestas. El Gobierno de Emmanuel Macron abrió la puerta a bloquearlas para impedir la difusión de las convocatorias y de los bloqueos, pero ha acabado reculando. "Su único fin era crear desorden", asumió el mandatario galo, que al mismo tiempo reconoció "fallos de anticipación" en las autoridades. Preguntado por el elevado saldo de jóvenes heridos durante las cargas policiales en los bloqueos de los institutos, Macron expresó además su "compasión" por las víctimas y calificó la situación de "fracaso colectivo". No obstante, recordó también que cientos de policías y miembros del personal educativo también han resultado heridos, subrayando que "ninguna reivindicación justifica la violencia".
Javier Carbonell, investigador del European Policy Centre en Bruselas y profesor asociado en Science Po París, explica a 20minutos que todo ha cambiado a raíz de las redes. "Las redes sociales son muy importantes porque creo que lo que está pasando en el campo de la manifestación es lo que ha pasado un poco en el resto de campos: las organizaciones tradicionales, que tenían una organización tradicional con su manifestación, con su pancarta, con su lema, y entonces crean manifestaciones ordenadas ahora han visto como las redes dan espacio a grupos que provocan más violencia", comenta.
Vemos otro tipo de movilización, que tiene que ver mucho más con la desestabilización y con la manipulación en redes
Ahora las marchas, por influencia de las redes, son, dice Carbonell, "totalmente espontáneas, en muchos casos desorganizadas, en muchos casos a veces incluso convocadas por pequeños grupos o simplemente pequeñas ideas que se pueden poner en TikTok o en otras redes". Esa difusión es la que provoca que las manifestaciones acaben siendo masivas... pero también imprevisibles. Las redes sociales también dan, por tanto, incertidumbre. "Se destruye la organización tradicional y se crea una especie de monstruo a raíz de la difusión en redes".
El resumen que hace Carbonell es muy claro: "Se sabe muy poco [sobre quién está detrás de las marchas], pero parece ser que son un par de cuentas en TikTok, sobre todo, que crean grupos de WhatsApp, que se crean de la nada. No es algo que existiera o se pudiese hablar hace una semana". Estos grupos no existían y que están pensados, en realidad, para provocar disturbios. "Vemos otro tipo de movilización, que tiene que ver mucho más con la desestabilización y con la manipulación en redes", sentencia el profesor.
En esa fórmula, dice, es complicado acertar si detrás están movimientos de extrema derecha, de extrema izquierda o incluso agentes extranjeros. "Son movimientos muy rápidos, muy activos, que se activan de repente varias cuentas que estaban 'dormidas', porque sabemos cómo funciona la manipulación dentro de las redes", expone Carbonell. Y ahí aparece el nombre de Blocus, sobre quien (o quienes) el analista no puede profundizar demasiado porque, cuenta, "nadie tiene muy claro qué es exactamente".
Blocus es, en sí, una etiqueta; se creó en Francia en el marco de las protestas estudiantiles, pero ya se vio en Alemania, Italia y, sobre todo, en los disturbios que hubo en Barcelona la pasada semana. Los vídeos breves, los carteles digitales y las etiquetas bajo las que se 'esconde' Blocus permiten compartir mensajes rápidamente y alcanzar a usuarios que no forman parte de organizaciones estructuradas. Eso es lo que acaba generando caos en las calles.

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