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Carlos Alcaraz regresa al US Open tras una lesión que lo mantuvo fuera de competencia durante varios meses. Este torneo marca su proceso de reencuentro con el alto nivel competitivo.
Lanza flechas Carlos Alcaraz desde el centro de la Arthur Ashe, porque así se lo había prometido a su familia y él, clasificado ya para la tercera ronda de este US Open, es un tipo de palabra. “Mis hermanos pequeños están aquí y siempre me dicen cosas desde la grada. Querían que hiciera el arco y la flecha, y ellos también lo han hecho desde el box, así que se lo dedico”, transmite sonriente después de la reacción poderosa que ha acabado con la valiente ofensiva de Jaime Faria (23 años y 72º) y que contribuye a seguir despejando dudas. Entre otras cosas, demuestra que a los buenos no se les olvida de qué va lo suyo y que su físico —en concreto la muñeca derecha— está respondiendo adecuadamente a la exigencia propuesta en las dos primeras escalas del torneo.
El 4-6, 6-0, 6-3 y 6-2, firmado en 2h 40m, le conduce hacia el cruce del viernes con el chino Yibing Wu (113º del mundo) y envía otro mensaje esperanzador, en tanto que más allá de la victoria, Alcaraz abraza por encima de todo la forma: subiendo de nivel, exponiendo a su cuerpo y a la articulación a cargas (riesgos, en realidad) superiores, y acercándose rápidamente al competidor que tuvo que dar un paso al costado hace casi cinco meses. Más ritmo, mejor pegada, maniobras más afinadas. Una actuación más armónica y, a la par, salpicada de una serie de dificultades que solventa a base de buenos argumentos. Si el lunes resolvió ante Roman Safiullin con una muestra de control, en línea recta, esta vez lo hace exhibiendo jerarquía entre el zigzagueo.
Se sabía del carácter de Faria —enganchado con la grada dos días antes— y no tarda en demostrarlo el portugués, un jugador que se desenvuelve con personalidad, sin que de partida le pese de más el escenario (24.000 espectadores al cierre de la jornada) ni que acuse la presencia del que tiene enfrente. Retador desde el principio, quiere dejar su impronta independientemente de lo que suceda: en caso de caer, mejor hacerlo así. Siendo valiente. Que no sea arrodillado. Sin temores. Así que descerraja como quien tiene poco que perder, con fuerza, probando tiros desde posiciones forzadas y apretándole a Alcaraz. Sin miramientos, se sube a las barbas del murciano porque si hay un momento para hacerlo es ahora, en pleno proceso de reencuentro.
Nada tiene que ver esta edición con la anterior, cuando el español desfiló de inicio a fin quitándoselos de encima a todos, como si fueran moscas. Esta vez, obligado por las circunstancias, Alcaraz compite con las inseguridades lógicas de quien ha sufrido una lesión delicada y no las tiene todavía todas consigo. Más allá del ritmo, que no debería tardar demasiado en coger, lo que verdaderamente le inquieta es el grado de velocidad que puede aplicar en las maniobras; esto es, cuándo puede pegar de verdad. Así que una vez perdido el primer set y la cuesta se ha inclinado, reacciona: “¿Qué hago con el saque? ¿Qué hago con el saque?”, repite en varias ocasiones dirigiéndose a su banquillo.
Solucionar problemas
“Estaba sintiéndome genial, pero fallé una derecha fácil en una bola de break y después él me lo hizo a mí. En vez de tomarme un tiempo, tuve prisa y ante un rival como Jaime, que te saca a 225 km/h, es realmente difícil…”, explicará después. Hasta ahí contenido, llegará enseguida el instante que marca la frontera definitiva del partido, cuando anula una doble opción de rotura que supone el derrumbe progresivo de Faria. Para el portugués ya nada es igual, sus golpes ya no son los mismos y ahora el que lo disfruta es Alcaraz, al que poco a poco se le va escapando la sonrisilla. Inmejorable señal. Suena el reguetón a todo trapo y el murciano, tenista de estímulos, se ha descamisado.
Y así, como por arte de magia (pero con un razonamiento detrás), todo cambia. El aroma es distinto. Lejos de torcerse, Alcaraz encuentra en el desafío del rival el acicate perfecto para destapar su repertorio e ir imponiéndolo con mucho ardor; de la moderación a lo aplastante. Tira un par de globos milimétricos y eleva el tono de su derecha, a la vez que aumenta los porcentajes con el servicio —empieza metiendo un 52% de los saques y acaba con un 65%— y también la velocidad —de 195 km/h a un pico de 209 km/h—. De un extremo al otro del duelo, su tenis dibuja una curva ascendente que, de nuevo, celebra el tenista, feliz de ir reconociéndose y, sobre todo, de que la muñeca aguante.
No hay mejor refuerzo anímico que el ir solucionando problemas sobre la marcha, y ante el portugués da exactamente con lo que necesita. Ante cada complicación, una respuesta certera. Basta con esta versión a medio hacer para que el de enfrente sienta al final que todo lo que haga será en vano, porque a nada que coja temperatura, el tenis de Alcaraz es devastador. El luso regala un pelotazo excepcional que sortea la red por el costado, pero no ha pestañeado y ya ha encajado varios estacazos que le recuerdan contra quién está jugando. No ha llegado, pero está en camino. Remonta el español la desventaja y, a partir de ahí, se aprecia algo parecido a la libertad. Su juego recobra naturalidad y sus leales fantasean, tentador el pensamiento de medianoche: ¿Y si hubiera venido para algo más que hacer una prueba?
“ECHABA EN FALTA LOS MOMENTOS TENSOS”
A. C. | Madrid
“No voy a mentir, me hubiera gustado que hubiera sido más rápido…”, bromeaba Alcaraz en la sala de conferencias; “pero, al final, el haber jugado cuatro sets ha sido bueno para poner a prueba a mi cuerpo, saber cómo me sentía físicamente y cómo me sentiré mañana”.
El joven murciano asegura que se siente “muy bien en términos generales” y que va encaminándose allá hacia donde quiere; esto es, al hecho de que, remarca, no haya razones “para tener miedo y no golpear la bola con normalidad”.
Al mismo tiempo indica que su objetivo prioritario es “acabar el torneo sano, llegue hasta donde llegue”, y que “echaba de menos los nervios, la presión, los momentos tensos y difíciles”, así como “el reto de cómo manejarlos”.
Por último, Alcaraz definió al chino Wu (7-5, 6-3 y 6-1 a James Duckworth) como un jugador “muy talentoso”, “con un timing y un golpeo de bola muy limpio”. Entre los dos solo consta un encuentro; fue hace dos años, en el Masters de Shanghái. El número tres venció en dos sets.
AI outlook — possibilities, not facts
Carlos Alcaraz vencerá a Yibing Wu en la cuarta ronda del US Open
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