
Un mes después de la llegada de 72.000 inmigrantes a Ceuta, los residentes atraviesan el duelo colectivo descrito por la psicología, pasando de la negación a la ira dirigida contra el Gobierno y los propios inmigrantes, mientras las autoridades intentan gestionar una situación humanitaria y logística sin precedentes.
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Ceuta, ciudad autónoma española en el norte de África, experimentó el 17 de mayo de 2021 una llegada masiva de aproximadamente 72.000 personas desde Marruecos, tras la relajación temporal del control fronterizo marroquí. Este evento sobrepasó ampliamente la capacidad de acogida de la ciudad, generando una crisis humanitaria y social.
Dicen los manuales de Psicología que el duelo es la reacción natural de nuestro cerebro ante cualquier pérdida significativa. El primer modelo fue descrito hace medio siglo por la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross, experta en enfermos terminales. Sus cinco fases, conocidas por cualquier aficionado a la terapia, son cinco: negación, ira, negociación, depresión y, finalmente, aceptación. Y son las mismas que se aplican, paso por paso, como respuesta a la normalidad perdida por los ceutíes hace justo un mes, con la repentina llegada de una avalancha de 72.000 inmigrantes por la frontera marroquí.
«Ceuta es, ahora mismo, una ciudad en duelo», diagnostica Lola Escalante, presidenta del Colegio Oficial de Psicología de la localidad. «Todos vivimos en alerta permanente. Estamos con el cortisol por las nubes».
- ¿Y cómo va el proceso?
- Cada uno va pasando este duelo a su manera. Unos mejor que otros, eso es cierto, porque la mayoría somos analfabetos emocionales. Nadie nos enseña a manejar los sentimientos. Así que imagina qué ocurre ante una situación tan al límite como la que estamos viviendo.
Basta charlar con los vecinos de Ceuta para constatar que hoy, cuando unos 5.000 inmigrantes -según el Gobierno- aún permanecen en la ciudad, la fase de negación ya ha quedado atrás. Pasaron aquellos primeros días de incredulidad, con escenas propias de una peli apocalíptica de bajo presupuesto, que llevaron a tantos ceutíes a negar la realidad. Los vecinos están ahora instalados firmemente en el segundo estadio del duelo, el de la ira, aunque sea una rabia de contornos borrosos, cuyo destinatario va cambiando a lo largo del tiempo.
Un foco claro de la aversión es el Gobierno, independientemente del partido al que vote cada cual. Si una palabra se repite en las conversaciones con los caballas, como se autodenominan los ceutíes, es «abandono». Lo perciben por parte del resto de españoles, pero se agudiza al hablar de las autoridades a las que la crisis migratoria les pilló de flagrantes vacaciones. «Soy tan española como la que más, pero nos tienen abandonaícos aquí», se lamenta Teresa Molina, de 89 años, quien el viernes se manifestaba, envuelta en una bandera rojigualda, a las puertas de la residencia de ancianos en la que vive.
El otro polo de indignación son los propios inmigrantes, víctimas de insultos y amenazas en cuanto se aventuran más allá de sus polos de concentración, como las chabolas que se amontonan en la playa del Trampolín o las carpas militares instaladas en Loma Colmenar. Esta semana, los ceutíes más soliviantados han plasmado en las calles el silogismo que llevaban días elaborando en su mente. Si quieren que los inmigrantes se marchen, deben hacer que su rutina diaria les resulte insoportable. Y, para lograrlo, parecen dispuestos a casi todo: de boicotear el reparto de comida a incendiar sus precarias chabolas.
La imagen ha dado la vuelta al mundo y, admiten muchos vecinos, daña la causa que casi todos comparten: la rápida salida de los recién llegados a su ciudad. Una solución que choca con el laberinto burocrático de la legislación migratoria, ideada para solventar casos que llegan en goteo. Desde luego, no para lidiar miles de inmigrantes que buscan techo y comida mientras las autoridades se ven incapaces de algo tan aparentemente simple como completar su filiación.
«A mí me duele en el alma, porque yo siempre he sido partidaria de ayudar a todo el mundo», admite Ana Villegas, dueña de un pequeño negocio de masajes y terapias alternativas. «Pero es que no nos dejan más alternativa. Si les facilitamos la vida, con comida y campamentos, se nos quedan aquí para siempre. La sensación es: 'Si no nos ayudáis vosotros, los gobernantes, pues lo vamos a hacer nosotros'».
Cuenta Ana que, en aquellos primeros días de negación, combatió su «ansiedad» ejercitando uno de sus dones: organizar a la gente en internet. Si ella tenía miedo a salir al monte, imaginó que habría otras muchas mujeres en su misma situación, así que montó un grupo de WhatsApp, Ceuta Camina, para dar paseos en grupo. «A los dos días éramos 200 y ahora rondaremos las 300», cuenta la joven, que hace coincidir el final de las caminatas con el arranque de las manifestaciones vespertinas contra «la invasión».
Porque ese asunto, el de los críos, es quizá el que más ira suscita estos días entre los ceutíes. Hasta ahora, en vacaciones escolares, han capeado la situación como han podido. Pero el martes 8 arranca el curso y cuesta encontrar un vecino que planee mandar a sus chavales a clase, pese a que se haya prometido seguridad privada en los centros, más agentes en rutas y recreos, más un plan de salud mental para toda la comunidad educativa. «Ya te digo yo que los míos no van a ir», dice Dolores Villanueva, que hoy se ha dado «el capricho» de llevar a sus cinco sobrino-nietos a una piscina municipal.
- ¿Por qué?
- No me fío, no me fío. Nos iremos turnando como podamos, pero los críos de mi familia no van a ir al colegio en estas circunstancias.
Las autoridades ceutíes, corresposables de la vuelta al cole, administran como pueden una situación imposible. Suya es la obligación de que la ira ciudadana, que se va acumulando como la maleza seca en los bosques, no prenda en un estallido popular como el que se ha rozado esta semana. Pero tampoco pueden pasarse de frenada: saben que toca apretar al Gobierno y a su delegado para la crisis, el ministro Ángel Víctor Torres, al que piden más eficacia y rapidez en sus actuaciones.
«Queremos volver a la Ceuta del 29 de julio», repite, como un mantra, Kissy Chandiramani, vicepresidenta de la ciudad y consejera de Hacienda, en referencia a la víspera de la entrada masiva de inmigrantes. «Nuestro duelo no es porque Marruecos haya roto la frontera, por muy doloroso que fuera. Nuestro duelo es porque quien tiene el deber de protegernos, el Gobierno central, no lo está haciendo».
También se enfrenta a un dilema endiablado África Monsalve, abogada de extranjería. Ella sufre como ciudadana las consecuencias de la «violación total de la frontera» de hace un mes. Pero, al mismo tiempo, le toca «aplicar la ley» a los casos que se agolpan en su despacho en las últimas semanas. Busca resquicios legales que permitan que sus clientes puedan quedarse en territorio español, aunque ello dificulte la convivencia vecinal.
Así ha ocurrido con una de sus nuevas clientas, quien ha obtenido el asilo exprés por su condición de víctima de violencia de género. La joven sufre secuelas físicas y mentales tras una agresión en la que, literalmente, la golpearon hasta abrirle el cráneo. Tras aportar imágenes que documentaban la gravedad del ataque, la chica ha obtenido los papeles en un tiempo inusualmente rápido.
Otro que ha visto crecer su carga de trabajo es Tami Abdezelam, sepulturero en el cementerio musulmán. Si un mes normal le toca enterrar a 15 o 20 ceutíes, este mes ya roza el centenar, incluyendo a los 87 fallecidos en la avalancha cuyos cuerpos rechazó Marruecos. «La mayoría eran muy jóvenes, pobres diablos engañados por su país», afirma con voz apenada. «Estoy acostumbrado a mi trabajo, pero yo también tengo corazón y me duele».
Y es ese dolor el que finalmente vuelve al despacho de nuestra psicóloga, Lola Escalante, en cada consulta. Durante todo el mes, ha aparcado los problemas de sus pacientes para, lo primero de todo, acompañarles en la pérdida que supone el cambio sufrido por su ciudad. Cuenta que son muchos los ceutíes cuyos antepasados tuvieron que irse de Marruecos, dejando casas atrás en Tánger o Tetuán. Es un poso histórico difícil de entender fuera de aquí, admite, pero es uno de los ingredientes que alimenta el odio que, un mes después, envenena los 20 kilómetros cuadrados de un enclave sacudido por el duelo.
- Si Ceuta fuera tu paciente, ¿qué le diagnosticarías?
- Abandono -replica de inmediato-. Sé que vivimos una situación compleja, pero necesitamos que alguien en posición de autoridad nos cuente la verdad.
AI outlook — possibilities, not facts
Las manifestaciones contra la presencia de inmigrantes en Ceuta continuarán aumentando en intensidad si no se acelera su reubicación.
Likely · Within weeks
El Gobierno central enfrentará creciente presión política para tomar medidas más efectivas en la gestión de la frontera y la reubicación de inmigrantes.
Very likely · Within days
Ceuta se convierte en foco de tensiones internacionales tras ser mencionada en el último libro de Robert D. Kaplan y utilizada como argumento por figuras como Elon Musk y Manfred Weber para criticar a España y promover agendas políticas externas, mientras se activa una campaña de desinformación rusa y se debate su exclusión de Schengen, todo en un contexto de migración, alianzas cambiantes y advertencias sobre un 'Weimar global' que podría desencadenar conflictos mayores.
El director de la CIA, John Ratcliffe, realizó una visita secreta a Moscú, lo que desató especulaciones sobre su propósito, ya que ocurrió mientras Rusia está en guerra con Ucrania y enfrentada a la OTAN. Algunos medios informaron que advirtió a Rusia contra ataques a miembros de la OTAN, mientras otros indicaron que expresó preocupación por la guerra en Ucrania y urgió a un acuerdo. El Kremlin negó planes de agresión y atribuyó las especulaciones a una 'distorsión de la realidad'.

Medios estatales de Corea del Norte informaron la destitución del ministro de Defensa, No Kwang Chol, de 68 años, durante una reunión liderada por Kim Jong Un. Su salida ocurre semanas antes de una reunión trilateral entre Corea del Sur, Japón y EE.UU. para coordinar frente a la amenaza nuclear norcoreana. No había escenificado el acercamiento militar entre Kim Jong-un y Putin tras la invasión rusa de Ucrania.
El nuevo rey de Noruega, Haakon VIII, pronunció su primer mensaje nacional tras la muerte de su padre Harald V, rindiendo homenaje a su legado, reafirmando el compromiso de su familia con el país y mencionando la presencia de fotos de Marius Borg, hijo de Mette-Marit condenado por violación y maltrato, durante el discurso desde el Salón de Espejos del Palacio Real de Oslo.

El Ministerio de Asuntos Exteriores español ha confirmado que dos ciudadanos españoles permanecen desaparecidos tras la devastadora riada en Nepal y la región autónoma del Tíbet, que ha causado casi 700 muertos y 3.000 desaparecidos. Las embajadas y consulados españoles en la zona siguen la situación y prestan asistencia consular.

Centenares de personas protestaron en Ceuta exigiendo que los migrantes que entraron masivamente el 30 de julio regresen a Marruecos, tras suspender previamente las concentraciones por episodios de violencia vinculados a grupos ultras.