
Antonio García Condado fue uno de los primeros en llegar al lugar del accidente ferroviario entre un AVE y un Iryo, donde asistió a los heridos antes de que llegaran las emergencias.
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Un choque entre trenes de alta velocidad AVE e Iryo ocurrió en la zona entre Ciudad Real y Toledo.
La escena que Antonio García Condado, de 78 años, farmacéutico jubilado de Urda (Toledo), encuentra al llegar al lugar donde los trenes han chocado es dantesca. Un hombre de mediana edad está tumbado en el suelo, recostado aún en su asiento, con las palmas de las manos sobre en el pecho y el rostro ensangrentado. No se mueve. Antonio es de los primeros en acceder al sitio; no hay aún efectivos de emergencias.
-Estate tranquilo. ¿Tienes frío? -pregunta Antonio al herido.
-No, estoy bien.
-Te duele todo el cuerpo, claro.
-La espalda.
-Bueno, pues no te muevas hasta que vengan a por ti. Tú tranquilo, ¿vale? -intenta calmarlo.
Un poco más allá, otro hombre, también de mediana edad, también tumbado en el suelo, también ensangrentado, también inmóvil, habla al teléfono que sujeta un pasajero que ha resultado ileso.
-Tengo la pierna derecha rota, estoy consciente. No sé desde cuando estoy consciente. Simplemente no sé dónde estoy, ¿vale? O sea, sé que estoy dirección a Sevilla, pero no sé en qué punto hemos tenido el accidente porque me he quedado dormido.
-Entre Ciudad Real y Toledo -apunta el hombre que sostiene el móvil.
-En Los Yébenes, en Los Yébenes -concreta Antonio.
-Simplemente para que le digas a Maite que estoy vivo, que la quiero, que quiero a los niños. El Señor es bueno, ¿vale?. El Señor es bueno. Creo que estamos en Los Yébenes. Ha llegado la Guardia Civil, hay un helicóptero, etc. Acabo de coincidir con alguien que tiene un teléfono y lo primero que he hecho es llamaros. Estoy vivo, tengo alguna brecha, siento las piernas... Nada, nada, simplemente esperar. Solamente mira cómo le puedes dar de la mejor manera la noticia a Maite. Si puedes avisar a mis padres...
A la derecha de esta escena, Antonio ve a un hombre más joven que está de pie y de espaldas, también inmóvil. A la sudadera blanca que lleva le falta la manga y el brazo izquierdo. En su lugar hay jirones de tela ensangrentada.
Algunas de las víctimas del brutal choque están sentadas en vertical en los asientos -que han salido despedidos-, aparentemente bien, también inmóviles, quizás en shock. Al fondo, donde el campo de almendros, algo alejados del amasijo de hierros y de los cadáveres -hay muchos cadáveres-, decenas de pasajeros están sentados en el suelo, recostados sobre los árboles o caminando sin un rumbo aparente.
Antonio estaba desayunando cuando su hija lo ha alertado. «Papá, ha habido un accidente en la estación de Urda». «No me digas, ¿es grave?». «No lo sé. Se ha ido el médico para allá y estamos sin médico en el pueblo».
Ha dejado entonces el desayuno, ha cogido su coche y se ha dirigido lo más rápido que ha podido al lugar. «Cuando llego allí, no había ningún coche, no había nada. Los trenes estaban allí parados, uno al lado de otro», relata a mediodía del miércoles, sentado en el jardín de su casa, aún procesando lo que acaba de presenciar. «He visto a la gente casi saliendo de los vagones y he llegado al foco del accidente. La cabina [la del AVE], la que se ha empotrado contra el Iryo, no se veía si era cabina o qué era aquello. Era un amasijo de hierros, no tenía forma de cabina ni de nada. E cadáveres amontonados uno encima de otro, gente moribunda. Ha sido eso para mí espectacular, dantesco. Porque además me encontraba prácticamente solo, aunque el médico estaba allí, pero estaba por otro lado, y los cuatro policías que había de la zona... Realmente aquello para mí ha sido un trauma tremendo que seguramente tendré que digerir en varios días», continúa. «Consolando a la gente, porque no podía hacer otra cosa. La gente dándonos las gracias, las pobres víctimas. Y realmente no podía hacer nada: colocándole a uno que se estaba muriendo un poquito mejor la cabeza. Para mí lo más dramático ha sido una persona, que no sé si habrá fallecido o no, porque me tuve que ir después, despidiéndose de su familia: «Maite, cuida de los niños». Despidiéndose de su familia, de los niños, y diciendo al final 'Dios es muy bueno'. Eso también me ha llegado al alma».
Probablemente por lo impactante de lo que ha vivido, alguno de los recuerdos que transmite Antonio parecen algo distorsionados. Esa última escena que nos ha descrito, por ejemplo, ha quedado registrada en su teléfono móvil y, tal y como hemos reproducido al principio de este artículo, en ella el protagonista, más que despedirse de Maite, trata de transmitirle que ha sobrevivido al accidente y que la quiere.
«Me doy la vuelta, me levanto, y veo que hay un señor detrás de mí diciendo 'ambulancia, ambulancia', y le miro y le falta el brazo. Tiene la camisa cortada y el brazo, pero sin ningún aspaviento, nada más que diciendo 'ambulancia, ambulancia' y con el brazo cortado».
Ante semejante panorama decidió, explica Antonio, volver a su pueblo, volver a Urda, para coger de la farmacia todo lo que pudiera ser útil y regresar al lugar del accidente. «Me llevé todo lo que tenía en la farmacia: vendas, gasas, sueros, analgésicos y opiáceos, y me fui para allá con la bolsa llena. Ya había controles».
Encuentra el paso al lugar del accidente ya cortado por la Guardia Civil, pero al presentarse como sanitario y decirles que lleva material médico, le franquean el paso. «Me indican que vaya al otro lado, donde está el Iryo, porque el Iryo se ha quedado en un lateral y el AVE en otro», explica. «Cuando llego al Iryo, bueno, aquello no era menos dantesco, aquello era otra tragedia. Miro y hay un vagón embutido dentro de otro. Imagínate los pasajeros que hayan visto que son tragados por otro vagón que se les viene encima. Un vagón dentro de otro, impresionante», dice mostrando las imágenes que tomó, en las que se ve como el último vagón el Iryo ha engullido al penúltimo al ser embestido por el AVE que venía detrás
«Ya entonces había más asistencia, ha habido un desplazamiento brutal de todas las provincias y de todas las zonas [de ambulancias y otros servicios de emergencias, quiere decir]. Dentro de toda la tragedia, lo que más valoro yo es la solidaridad humana. Siempre hay una parte positiva, que es lo que te deja un poco de consuelo».
-¿Sabe qué ha sido de esas personas? ¿Del chico que tenía el brazo amputado?
-No lo sé porque cuando yo voy a mi farmacia a por medicamentos, al volver ya no me dejan pasar a esa zona. Lo raro es que estaba el hombre como si no le pasara nada. En esos momentos, la adrenalina o no sé qué, nos anestesia los dolores. El hombre con un brazo cortado, con la camisa rota, sesgado el brazo, y diciendo, pero sin rabia y sin prisas: 'Una ambulancia, una ambulancia'...
-Algún superviviente nos ha relatado que, más que las imágenes, le han impactado los sonidos.
-A mí no. Cuando he llegado aquello era un silencio sepulcral. La gente, como si estuviera conforme, muy tranquila, con sus móviles, llamando, me imagino, a sus familias, con sus mochilas de mano. Pero muy tranquilos, muy tranquilos. Y ya digo que este hombre al que le faltaba el brazo, pidiendo una ambulancia, pero con este tono, 'una ambulancia, una ambulancia', sin gritos.
-¿Hasta qué hora ha estado usted ayudando en el lugar del accidente?
-He estado dos horas y media o tres. Cuando ya hemos visto que realmente allí ya no hacíamos falta, porque estaba ya todo controlado y desgraciadamente no se podía hacer nada, nos vinimos para Urda, a ver si podíamos ayudar aquí en algo. Pero hemos visto que también estaba todo saturado, de comida, de bebida, de médicos, de psicólogos. Gracias a Dios, en ese tema chapó.
-¿Se ha visto usted alguna vez involucrado en alguna emergencia?
-Me he visto involucrado en accidentes de automóvil. He tenido que sacar a gente, incluso cadáveres. Pero no esto que he visto allí.
-¿Qué va a hacer para digerirlo? Tendrá que acudir al psicólogo.
-No, creo que soy bastante fuerte. Me tendré que ir poco a poco curando este espanto porque yo en la vida imaginaba que podría ver esto.

David, a 24-year-old passenger, tells how his train stopped 500 meters from the collision between an AVE and an Iryo on the Madrid-Seville line. The accident has left at least 69 dead and more than a hundred injured, causing a massive evacuation.

The death toll from the train accident in Urda, Toledo, rises to 69 after the discovery of human remains during the night. There are 50 hospitalized and Foreign Affairs confirms 42 foreigners affected, including a deceased Argentine.

A tragic train accident in Urda (Toledo) leaves 68 dead and places the catastrophe as the third with the most victims in Spain since 1970, mobilizing all emergency services.

The Civil Guard has registered 64 reports of missing people after the train crash in Urda, Toledo, which left 68 dead. Investigations point to a computer failure in the LZB system and errors in the Adif control center.
Two trains collided on the Madrid-Seville high-speed line near Toledo. The incident occurred after a breakdown in the LZB safety system and a manual order to resume driving, pointing to possible human error in traffic management.

A train crash in Toledo with at least 30 deaths occurred 23 minutes after a failure in the LZB system. A possible human error is being investigated after an erroneous instruction from an Adif operator to the Renfe driver regarding the resumption of travel.