El calentamiento del Mediterráneo está alimentando tormentas de alto impacto y fenómenos meteorológicos inéditos en la península ibérica.
Investigadores de Aemet advierten que el calor extremo del Mediterráneo en 2026 está actuando como combustible para tormentas torrenciales, permitiendo incluso la formación de ciclones tropicales inéditos en la región.
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El Mediterráneo ha registrado temperaturas superficiales récord en 2026, superando los 33 °C en puntos como Dragonera. Este exceso de calor altera los patrones de tormentas, intensificando las lluvias torrenciales.
“Nunca pensé que fuera a escribir esto”. Juan Jesús González Alemán es meteorólogo e investigador de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). Lleva 15 años estudiando los ciclones con características tropicales, eventos que, al necesitar de mares muy cálidos, son típicos de otras regiones del planeta. El experto ha publicado esta semana un artículo sobre el episodio extremo de lluvias que afectó a Catalunya en los primeros días de octubre. Aun atónito y desconcertado, ha señalado que lo ocurrido ha sido un “intento real de formación de un ciclón tropical a partir de un grupo de tormentas muy intensas”. Su hipótesis es que este evento inédito y sin ningún antecedente en la península se explica por un Mediterráneo “extremadamente cálido”, con temperaturas muy por encima de los 26 °C de forma sostenida.
Se sabe -la evidencia científica es abrumadora- que un Mediterráneo cada vez más cálido actúa como combustible para las lluvias torrenciales que azotan España en otoño. Al aumentar la temperatura, se intensifica la evaporación y la cantidad de vapor de agua disponible en la atmósfera, que puede descargarse de forma abrupta cuando coincide con una DANA o una borrasca y se dan las condiciones adecuadas para el desarrollo de tormentas. Las trágicas inundaciones de Valencia de hace dos años, con un saldo de 232 víctimas mortales, son un ejemplo.
Al hablar de esta relación -Mediterráneo caliente y lluvias torrenciales-, los meteorólogos coinciden en que el mar cálido actúa como un factor que alimenta el episodio, pero no basta por sí solo: también hacen falta una configuración atmosférica favorable, mecanismos de ascenso del aire y condiciones que permitan que las tormentas persistan o se repitan sobre el mismo territorio. Es decir, un mar más caliente no provoca por sí solo lluvias extremas.
Para González Alemán, esta sentencia ha quedado ahora en entredicho. En esta última tormenta, la principal fuente de energía ha sido “el calor latente que se liberó en la condensación”. “Esto rebate, en cierta medida, una idea que se repite a menudo: que «un mar Mediterráneo cálido no genera por sí solo tormentas de alto impacto». Sí puede generarlas, y lo ocurrido estos días es una prueba bastante clara”, afirma el investigador en su artículo.
En 2026, el mar Mediterráneo ha registrado una ola de calor marina histórica y sin precedentes, batiendo numerosos récords de temperatura superficial desde la primavera. En el mar Balear, la ola de calor marina comenzó de forma temprana en abril (temperatura superficial de 16,3 °C, 1,1 °C por encima de lo normal) y continuó con mayo a 19,7 °C (+1,8 °C) y junio a 24,2 °C (+2,4 °C), alcanzando los máximos históricos de la serie del ECMWF desde 1941.
Según la Aemet, a finales de junio el agua llegó a los 26,63 °C, lo que supuso estar 2,6 °C por encima de lo habitual e igualar valores propios de la segunda quincena de agosto. En el arranque de ese mes, la boya de Dragonera (Mallorca) marcó un récord absoluto de 33,02 °C, la temperatura más alta jamás registrada en toda su red de medición. En promedio, la región del Mediterráneo occidental ha permanecido más de 186 días por encima de la media climática anual, con un calentamiento atribuido al cambio climático de en torno a 2 °C adicionales.
El seguimiento de la temperatura media del Mediterráneo occidental permite comprobar hasta qué punto el mar conserva el calor acumulado durante los meses anteriores. El agua tiene una gran capacidad para almacenar energía y pierde ese calor de forma gradual, por lo que el final del verano no implica necesariamente el final de las anomalías térmicas.
Así explicado, un incremento de 3 ºC puede parecer poco e insignificante, pero en un mar es una “absoluta barbaridad”. “Puede ser poco para un vaso de agua o de café, pero para un mar conlleva muchos impactos. Se requiere de una acumulación de energía brutal para calentar millones de kilómetros cuadrados de superficie”, explica Paco Pastor, experto que lleva años midiendo y vigilando la temperatura del Mediterráneo como investigador del área de meteorología y climatología de la Fundación CEAM.
Los mares y los océanos son el principal almacén del exceso de calor en el sistema terrestre, ya que retienen alrededor del 90% de este excedente. Actúan como reguladores naturales que gestionan de forma automática la balanza del planeta. Sin embargo, producto de la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera, que los humanos seguimos lanzando a niveles altísimos por la quema de combustibles fósiles, este escudo protector se está debilitando. El desequilibrio energético –el balance entre la energía que llega a la Tierra y la que expulsa al espacio– está elevando la temperatura del agua.
Un análisis científico firmado por un equipo internacional de investigadores de World Weather Attribution (WWA) muestra que el calor extraordinario se está incorporando al clima habitual. El calentamiento antropogénico ha añadido alrededor de 1,4 °C a los máximos frente a la península y cerca de 1,9 °C en el Mediterráneo occidental. Ahora, están dadas las condiciones para que un pico de 30 ºC ocurra cada cinco años. Sin calentamiento humano, se habría esperado una vez casa 2.000 en el Mediterráneo occidental.
En el cierre de su artículo divulgativo, González Alemán que la formación de este ciclón tropical en Catalunya es un caso “digno de estudio” que abre nuevas líneas de investigación en el campo científico. El calor casi crónico del mar no sólo está generando el combustible para tormentas extremas. Está creando las condiciones para fenómenos que hasta ahora parecían ajenos al Mediterráneo.
El efecto de El Niño: La Tierra ya está sufriendo cambios en los patrones climáticos por el efecto El Niño, como se conoce al calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico más intenso, lo que altera la atmósfera y desencadena cambios en lluvias y temperaturas. Ya es un hecho que estamos frente a un “Superniño”, con registros que rozan los 4 ºC de anomalía en las costas de Perú y Ecuador. Pastor aclara que este fenómeno no tiene un impacto directo en el Mediterráneo. “Se establece lo que llamamos teleconexiones al estar lejos de la fuente, del Pacífico. Estamos hablando de mecanismos muy complejos y nada inmediatos. No hay ningún análisis ni estudio que relacione lo que está ocurriendo en el Mediterráneo con El Niño. La tendencia general de calentamiento excede a este fenómeno”, explica.

DANA Adam affects the north and east of Spain, causing red alerts in El Ejido due to torrential rains. Aemet warns of possible flooding and hail in Almería, Albacete, Murcia and the Catalan and Valencian coast due to extreme accumulations.

The Generalitat Valenciana has sent mobile alerts due to the forecast of torrential rains. Aemet has activated the red notice on the southern coast of Valencia and northern Alicante, warning of possible catastrophic impacts due to accumulations of up to 300 l/m2.

The Aemet has activated the red warning for extreme rains on the southern coast of Valencia and northern Alicante, with accumulations of up to 300 l/m2. Civil Protection has sent alerts to the population regarding the risk of flooding and possible catastrophic damage.

After a warm week, a new Atlantic front will cause widespread rain, storms and a notable drop in temperatures in the Peninsula and the Balearic Islands starting this weekend, according to meteorologist José Antonio Maldonado.

A magnitude 4.0 earthquake with an epicenter in the southeast of Priaranza del Bierzo, province of León, was felt this Thursday night at 10:34 p.m. at a depth of 10 kilometers, according to the National Geographic Institute. The Subdelegation of the Government of León indicates that, for the moment, no effects or incidents have been recorded.

In the Valdés Peninsula, Argentina, more than 350 dead right whales have been recorded this year out of a total of 1,200 sighted, with scientists attributing the mortality to an erysipelas bacteria transmitted by kelp gulls that peck at the calves; The samples were sent to the Malbrán Institute for analysis and results are expected at the end of the month.