Un análisis de World Weather Attribution revela que las olas de calor marinas son ahora mucho más frecuentes y severas debido al cambio climático.
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El estudio utiliza datos de satélites y modelos climáticos para comparar las temperaturas actuales con un escenario sin calentamiento humano. Se centra en periodos de 14 días consecutivos de altas temperaturas.
El mar europeo suele reservar sus temperaturas más altas para agosto o septiembre. Pero este año, a finales de julio, ya alcanzó su valor más alto desde que comenzaron los registros diarios por satélite, en 1982. En el Mediterráneo occidental ocurrió lo mismo. Un nuevo análisis muestra que aquel calor antes extraordinario se está incorporando al clima habitual. El calentamiento causado por el ser humano ha añadido alrededor de 1,4 °C a los máximos frente a la península y cerca de 1,9 °C en el Mediterráneo occidental.
Para averiguar cómo se ha producido ese cambio, un equipo internacional de investigadores de World Weather Attribution (WWA) analizó cuatro regiones, desde los mares célticos hasta las dos mitades del Mediterráneo. No buscó el máximo fugaz de una boya, sino los 14 días consecutivos con la temperatura media más alta, en todo el año y en julio.
Primero reunieron tres registros de satélites, barcos, boyas y flotadores. Después los contrastaron con 12 modelos del proyecto climático internacional CMIP6 y descartaron los que no reproducían bien las observaciones. Finalmente enfrentaron dos mundos: el actual, 1,4 °C más cálido que el preindustrial, y otro sin calentamiento humano. Así calcularon los grados añadidos y el aumento de la probabilidad.
La comparación revela una diferencia enorme. En 2026, la máxima media de 14 días alcanzó 21,4 °C en la región del golfo de Vizcaya y la península y 27,9 °C en el Mediterráneo occidental. Son promedios de áreas extensas, no mediciones aisladas.
Ahora, un episodio así puede repetirse una vez cada cinco años en ambas regiones. Sin calentamiento humano, se habría esperado una vez cada 1.200 años frente a la península y cada 2.000 en el Mediterráneo occidental. No es un calendario, sino la probabilidad de alcanzar o superar esas temperaturas.
Que este año la máxima se batiera ya en julio resulta especialmente inusual, pues el mar suele alcanzar su máximo en agosto o septiembre. Frente a la península, un mes semejante se esperaría una vez cada 20 a 90 años, según el registro. La horquilla refleja la incertidumbre, pero el récord anterior quedó medio grado por debajo.
El trabajo muestra que el cambio también se aprecia en el mapa. Casi el 90% de la región del golfo de Vizcaya y la península sufrió una ola de calor marina —al menos cinco días entre el 10% más cálido habitual—; sin cambio climático habría sido menos del 40%. En el Mediterráneo occidental, la superficie afectada pasa del 41% al 79%; en el oriental, del 8% al 67%.
Observaciones y modelos señalan la misma dirección, pero los termómetros avanzan más deprisa. Los máximos anuales han aumentado 3,1 °C en el Mediterráneo occidental y 2,6 °C en el oriental. Al combinar datos y modelos, la parte atribuida al calentamiento humano queda en 1,9 y 1,8 °C. Los autores admiten que las cifras pueden quedarse cortas.
“La incertidumbre aquí no está tanto en la dirección del cambio como en su magnitud regional”, explica al Science Media Center España Carlos García-Soto, investigador del CSIC-IEO ajeno al trabajo. Más mediciones directas, añade, ayudarían a aclarar la diferencia.
“Aunque para los bañistas de países más fríos, como el mío, unas aguas más cálidas pueden parecer atractivas, las consecuencias para la vida marina bajo la superficie son más graves”, advierte Claire Bergin, investigadora de la Universidad de Maynooth y autora principal del informe, en un comunicado de WWA. El calentamiento puede causar mortalidades masivas de corales, esponjas y praderas submarinas. También favorece especies invasoras, bacterias y algunas algas tóxicas, con efectos sobre la pesca, el turismo y la salud.
Ángel Borja, investigador de AZTI ajeno al informe, ofrece un ejemplo sobre el País Vasco. “Este año ya teníamos 25 °C en el agua a finales de junio, y durante el verano se ha mantenido prácticamente en 24 °C. Antes, esta temperatura solo se alcanzaba puntualmente en agosto”, explica al Science Media Center España. Y añade: Cada vez son más frecuentes las llegadas masivas de medusas, salpas y otras especies que producen daños en la pesca, la acuicultura o al turismo.
El análisis se cerró a comienzos de agosto, cuando el mar seguía anormalmente caliente y aún no había alcanzado el momento del año en que suele registrar sus máximos. Las cifras de 2026 son, por tanto, una fotografía todavía provisional. Además, para medir la tendencia de fondo, el estudio utiliza un promedio de la temperatura global de cuatro años, con el que reduce el efecto pasajero de El Niño. Borja considera que esta es una limitación del trabajo. “No mencionan nada de El Niño y este año va a ser o está siendo uno de los más intensos de la historia”. A su juicio, podría reforzar algunos extremos.
El calor marino también eleva la humedad en la costa. Por cada grado, el aire sobre el agua puede contener alrededor de un 7% más de vapor y favorecer lluvias intensas si coinciden otros factores, como las ocurridas en las inundaciones de Valencia en 2024. Si el planeta alcanza los 2,8 °C sobre el nivel preindustrial, un escenario compatible con las políticas actuales, episodios como el de 2026 se repetirían prácticamente todos los años en las cuatro regiones.
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