El hartazgo de los jóvenes en Albania frente a la clase dirigente vuelve a estallar en las calles
Manifestantes denuncian corrupción, vínculos con el crimen organizado y falta de oportunidades en Albania tras la reanudación de las revueltas.
Quick Look
- Tras una breve tregua, las protestas contra el Gobierno de Edi Rama se reanudaron en Tirana.
- Los manifestantes, mayoritariamente jóvenes, denuncian corrupción sistémica, vínculos con el crimen organizado y precariedad económica en el país.
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Why It Matters
Albania ha experimentado una historia política marcada por la dictadura comunista y una transición democrática liderada por figuras como Sali Berisha. Las protestas actuales se vinculan a descontentos sociales acumulados desde mayo.
Los enfrentamientos que estallaron en Albania el 13 de octubre han regresado a las calles de Tirana después de tres días de relativa calma, entre el miércoles y el viernes. Durante esa especie de tregua, el primer ministro, Edi Rama, colocó sillas y bloques de hormigón frente a la sede de la jefatura del Gobierno con la palabra “diálogo”. Pero los jóvenes manifestantes destruyeron las sillas por considerar que la intención de Rama es solo mantenerse en el poder. El Partido Democrático, la formación opositora mayoritaria, convocó este sábado a las once de la mañana una concentración ante la oficina del mandatario. Pero a las dos de la tarde llegó la movilización organizada por los jóvenes y desembocó en choques con la policía. Los activistas reclaman la dimisión de Rama y acusan al Partido Democrático de ser cómplice en el mantenimiento de un sistema “mafioso”.
Gresa Hasa, investigadora de la Universidad de Graz (Austria), experta en los Balcanes, advierte de que no se debe interpretar estas revueltas como “una erupción repentina de ira” por parte de los jóvenes, sino como “una continuación de manifestaciones pacíficas” que comenzaron a finales de mayo, en la llamada revolución de los flamencos. Aquel movimiento nació como respuesta a la intención del Gobierno de vender territorio de una reserva natural donde se protege a varias especies de aves. El proyecto se asoció en la prensa local al yerno de Donald Trump, Jared Kushner.
La analista asegura que mientras los medios internacionales cubrían las protestas, el Gobierno se mostró “muy reacio” a usar la fuerza. “Pero en el momento en que los periodistas internacionales se retiraron, a finales de julio y en agosto, se reanudó la violencia policial”.
Albania sufrió bajo la dictadura de Enver Hoxha (1944-1985), uno de los regímenes comunistas más opresivos y herméticos del Este. La Seguridad del Estado, conocida como Sigurimi, tenía aterrorizada a la población y contaba con decenas de miles de confidentes en un país de menos de tres millones de habitantes. Tras la caída del régimen comunista en 1991, el Partido Democrático, fundado por Sali Berisha, ganó las elecciones parlamentarias de 1992. Berisha marcó la vida del país como presidente (1992-1997), líder opositor (1997-2005) y primer ministro (2005-2013). Hoy en día, a sus 82 años, Berisha sigue siendo el dirigente del Partido Democrático y el principal referente de la oposición a Rama.
El diputado del Partido Socialista albanés Arbjan Mazniku, de 47 años, uno de los hombres más cercanos a Rama, cree que parte de la causa de las revueltas callejeras se debe a que la oposición es “débil”. “Nosotros ganamos las elecciones hace un año con el 53% de los votos; así que hay un 47% de la población a la que no le gustamos. Pero esa gente no encuentra sus puntos de vista representados por la oposición”.
Cerca del despacho del socialista Mazniku, frente a la jefatura del Gobierno, se manifestaba el jueves el profesor de Geología Gabriel Rakaj, de 27 años, y miembro del pequeño partido izquierdista Movimiento Juntos. Rakaj asegura que la formación de Rama y el Partido Democrático, de Berisha, colaboran “entre bambalinas”. Señala que dirigentes de ambas formaciones poseen propiedades en complejos residenciales del sur del país. Según Rakaj, en estos desarrollos urbanísticos coinciden los intereses de los partidos más votados con los de las redes del crimen organizado que “blanquean sus capitales” en esas promociones inmobiliarias.
Rakaj sostiene que la corrupción impregna todos los sectores de la sociedad. Y que eso se refleja en la vida diaria: “Puedes graduarte con muy buenos resultados en la universidad, pero a menos que tengas alguna conexión en el partido gobernante o seas miembro de este, no encuentras un buen puesto, al menos no en la Administración. Y el sistema de salud está profundamente corrompido en todos sus niveles. Tienes que pasar primero por el cajero automático a retirar algo de dinero antes de ir al hospital. En cuanto a la infraestructura, ves que cada carretera, cada puente, cada presa tiene algún problema; ¿por qué? Porque se roba dinero de los fondos y presupuestos aprobados; y no se roba un pequeño porcentaje, sino un 30% o un 40%“.
Entre más de una decena de activistas consultados esta semana, ninguno condenó los ataques contra edificios públicos ocurridos en los días anteriores. El profesor de geopolítica Ilir Aliaj, de 56 años, señalaba que se habían manifestado durante 135 días de forma “extremadamente pacífica”. “Queremos decidir por nuestro país y no que una organización criminal decida por nosotros. A estos jóvenes solo les queda emigrar o hacerse militantes de uno de los principales partidos, lo cual no es una opción para ellos. Muchos de estos chicos y chicas tienen padres que han emigrado a algún lugar de Europa y solo los ven una vez al año”.
Aliaj comparaba los destrozos de los estudiantes con el dinero por el que está siendo investigada la ex viceprimera ministra socialista Belinda Balluku. “A Balluku la investigan por 120 millones de euros en licitaciones públicas. No sé si ese dinero fue a su bolsillo o al de Rama. Solo sé, como ciudadano, que nos han quitado 120 millones de euros. El Gobierno nos vulnera cada día al poner las manos en nuestros bolsillos y quedarse con nuestro dinero para sus grandes chalés, sus vidas de lujo y para ayudar al crimen organizado. ¿Y no tenemos derecho a protestar?“.
Los manifestantes denuncian, como en otros países europeos, el alto nivel de los alquileres, el deterioro de la educación y la sanidad pública. Pero a diferencia de otros países de la UE, en Albania las protestas se refieren constantemente a la “mafia” y los “grupos del crimen organizado”.
El diputado socialista Mazniku afirma, sin embargo, que Albania es uno de los lugares más seguros en Europa. Y que existe una alta visibilidad de la corrupción “porque se la combate” desde una Fiscalía especial creada hace casi siete años. “No estoy diciendo que no haya crimen organizado; lo hay, y se ha combatido, pero la mafia no gobierna el país; este es un lugar donde hay crimen organizado, igual que en Italia, España, y hay una lucha continua entre el Gobierno, el Estado y el crimen organizado, como en otros lugares del mundo”.
Este periódico solicitó entrevistar a Rama, pero el equipo de prensa del primer ministro solo admitió preguntas por escrito. En sus respuestas, facilitadas el viernes, el mandatario describe las protestas como “una guerra híbrida, con un sentimiento antigubernamental alimentado por Antifa, un movimiento antifascista descentralizado, junto con grupos radicalizados y elementos criminales”. Sostiene que el Ejecutivo ya está respondiendo a algunas demandas, y cita un proyecto de ley que cubriría “el 50% del alquiler de los estudiantes que cumplan ciertos requisitos”. Pero advierte de que no negociará “bajo la amenaza de la violencia”.
Sobre la emigración, Rama niega que hayan abandonado el país medio millón de personas desde su llegada al poder en 2013, tal como sostienen muchos estudiantes. Y asegura que antes de asumiera el cargo el PIB de Albania “era inferior a los 10.000 millones de euros” y “hoy ronda los 27.000 millones”. Sostiene que “la inversión extranjera directa anual ha pasado de entre 300 y 400 millones de euros a más de 1.600 millones”. Y que el “turismo también ha crecido de forma significativa”. En las respuestas facilitadas por su portavoz, el primer ministro alude a las sillas que colocó en la calle con la palabra “diálogo” y afirma: “La invitación sigue abierta”.
El viernes se manifestaron junto a sus oficinas decenas de estudiantes de Medicina y médicos con batas blancas. Anxhela, una doctora de 30 años que acudió con tres compañeras a apoyar a los estudiantes, decía que la mayor parte de la población apoya las protestas, pero asume que finalmente son relativamente pocos los que se manifiestan. “Hay mucho miedo”, decía, “pero hay que superarlo. Porque ser neutral ahora significa estar con el Gobierno. Y necesitamos reconstruir todo, con gente distinta y una mentalidad diferente”.
What to Watch
AI outlook — possibilities, not facts
Continuación de las protestas ante la falta de diálogo efectivo.
Likely · Within weeks
Open Questions
- ¿Cómo evolucionará la respuesta del Gobierno ante la presión en las calles?
- ¿Se confirmarán las investigaciones sobre corrupción en licitaciones públicas?







