
Tres familias presentan una denuncia por delitos contra la integridad moral tras el suicidio de un alumno, destapando prácticas de acoso, coacciones por el material escolar y pasividad ante el bullying.
Familias del colegio San Jaime en Majadahonda denuncian ante la justicia prácticas de intimidación, humillaciones a alumnos y pasividad ante el bullying tras el suicidio de un estudiante, afectando la reputación de este centro concertado.
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Tres familias han presentado una denuncia por tratos vejatorios y un presunto delito contra la integridad moral tras el suicidio de un alumno en el colegio San Jaime de Majadahonda.
Intimidaciones a los padres que no compraban el material escolar, espías en los grupos de whatsapp de las madres, humillaciones a los alumnos, pasividad ante numerosos casos de bullying...
Éstas son algunas prácticas denunciadas a GRAN MADRID por varias familias del centro escolar San Jaime, uno de los más cotizados y solicitados de la localidad de Majadahonda.
«Es un colegio de calla y obedece. A los niños que tienen problemas se los quitan de enmedio sistemáticamente», afirma una profesora, que fue despedida por negarse a realizar determinadas prácticas.
El San Jaime era un centro con bastante prestigio, conocido por su buen profesorado, su alto nivel de inglés y su educación religiosa y estricta. Pero sobre él pesan ahora graves acusaciones, después de que tres familias hayan presentado una denuncia por tratos vejatorios.
Las familias reclaman además que se investigue al colegio, al antiguo director y a una profesora -ninguno de los dos está actualmente en el centro- por un presunto delito contra la integridad moral, tras el suicidio de uno de los alumnos.
La denuncia empaña así la reputación de este centro, que también es uno de los concertados más caros de la Comunidad de Madrid. El San Jaime cobra una cuota de más de 300 euros al mes, pese a estar sufragado con fondos públicos. Además, obtiene importantes ingresos por la venta de uniformes, el material escolar y las equipaciones deportivas.
El colegio obliga a comprar los uniformes en sus instalaciones a elevados precios y al pago siempre en metálico. Esta medida contrasta con la de la mayoría de los colegios privados, que venden sus equipaciones en grandes superficies en un horario bastante más amplio.
Cuando hace años algún comercio de Majadahonda intentó vender estos uniformes, fue presionado por los responsables del colegio para que dejara de hacerlo.
El San Jaime también cobra una elevada suma por el material escolar. Según los testimonios de algunas familias, cuando algunos padres se negaban a pagarla y preferían comprar los cuadernos por su cuenta, eran llamados al despacho del antiguo director, M. A. R., que les intimidaba y les persuadía para que acabaran cogiendo el material en el colegio.
Si las familias decidían seguir adelante, a sus hijos se les boicoteaba y se les entregaba la lista de enseres a última hora para que no tuviesen tiempo de comprarlos.
«La coordinadora me dijo que tenía que hacer la vida imposible a los chavales para que comprasen el material. Pero yo no pasé por el aro y me negué a hacerlo. Me despidieron porque no me callaba», relata esta profesora, que prefiere mantener el anonimato.
Otra de las prácticas que censura esta docente es que preferían tirar los bocadillos de media mañana a la basura, antes que dárselos a los niños que no pagaban el comedor. «Eran bocadillos que sobraban, ¿cómo se lo iba a negar a un niño que tenía hambre?», se pregunta.
Las equipaciones deportivas también fueron motivo de conflicto. Un año, el colegio decidió sustituirlas por otras prácticamente idénticas. Un grupo de padres se negó a comprarlas y optó por que sus hijos jugaran con las antiguas.
Pero el centro impidió a los niños saltar a la cancha de baloncesto y prefirió perder el partido antes que permitirles competir con la camiseta anterior.
Muchos de estos reproches se vertían en los grupos de whatsapp de la clase y, en ocasiones, el antiguo director llamaba al despacho a determinadas madres para reprenderlas por las críticas vertidas en privado, como recuerdan algunas afectadas.
La mayoría de las quejas de las familias siempre se silenciaban. Según el testimonio de algunas de ellas, la Asociación de Madres y Padres de Alumnos ha estado tradicionalmente formada por progenitores afines a la dirección del centro, que se dedicaban a neutralizar cualquier crítica.
Otras madres acudieron a la Inspección educativa de Villalba, pero sus demandas nunca tuvieron éxito: «El colegio tenía alguna protección de la Administración. No es normal que con la cantidad de quejas que había nunca nos hiciesen ni caso».
Las familias describen una realidad muy distinta según el perfil del alumno. Si el estudiante era aplicado y obediente, todo iba sobre ruedas. Pero, si tenía alguna dificultad de aprendizaje, padecía TDAH o simplemente era diferente y no encajaba en el molde del San Jaime, comenzaban los problemas.
Esta situación llevó a muchos padres a sacar a sus hijos del centro ante su pasividad con los casos de bullying. «Mi hijo sufrió un acoso bastante heavy. Al principio, se mostraron dispuestos a atajarlo, pero después no hicieron nada. Pero lo que más me dolió es que, al final de curso, le dieron un premio a su acosador», critica una madre de un antiguo alumno.
Pese a ser un centro financiado con dinero público, el colegio tampoco tenía ninguna sensibilidad con los niños con algún tipo de trastorno: «Mi hija era una alumna brillante, pero tenía dislexia. La profesora la ridiculizaba en clase por cometer faltas de ortografía. La señalaba todo el día, lo que luego daba pie a las gracietas de sus compañeros», indica otra madre.
Muchas humillaciones ocurrían en los vestuarios, que estaban vigilados por el personal auxiliar. «Mi hija me llamó llorando con un ataque de ansiedad porque por ponerse los leotardos por debajo del chándal, la auxiliar la hizo quitárselo, quedarse en braguitas y ponérselo de nuevo un montón de veces. Ella sufrió mucho y se quitó las pestañas con 10 años. A mis tres hijos les hicieron bullying, algo que era consentido», se queja otra progenitora.
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