El peligro invisible: por qué el calor nocturno es una amenaza creciente para la salud
Expertos advierten que el aumento de las temperaturas mínimas, exacerbado por el cambio climático y el efecto isla de calor, impacta gravemente en el descanso y la mortalidad.
Quick Look
- El aumento de las temperaturas nocturnas, a menudo ignorado por los sistemas de alerta, incrementa el riesgo de mortalidad y afecta la calidad del sueño.
- Expertos señalan que las noches se calientan más rápido que los días, agravado por el efecto isla de calor urbano.
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Why It Matters
Las temperaturas nocturnas están aumentando más rápido que las diurnas, un fenómeno vinculado al calentamiento global y al efecto isla de calor en las ciudades.
El calor es un asesino silencioso, dicen los expertos: nuestra temperatura central puede aumentar sin que seamos del todo conscientes y sin embargo el daño que esos grados de más nos generan puede ser mortal. Y el calor nocturno es aún más discreto, lo que en cierto modo lo hace más peligroso.
"Los avisos de la AEMET (Agencia Estatal de Meteorología), los planes de altas temperaturas y el índice Kairós de Sanidad se activan casi siempre por la máxima diurna, la noche no tiene un umbral de alerta propio", afirma Dominic Royé, investigador Ramón y Cajal y secretario de la Asociación Española de Climatología.
No existe la alerta, pero sí las consecuencias: "Para poder dormir, nuestro cuerpo necesita reducir ligeramente su temperatura central", explica Mª Ángeles Bonmatí Carrión, investigadora principal del Instituto Murciano de Investigación Biosanitaria y autora del libro Que nada te quite el sueño (ed. Crítica, 2023), "si el dormitorio está demasiado caliente ese intercambio de calor se dificulta, nos cuesta más conciliar el sueño y, si lo conseguimos, se mantiene en fases más superficiales y se interrumpe con mayor frecuencia".
Un sueño interrumpido no solo nos devolverá un estado de ánimo irritable y un peor rendimiento al día siguiente, si esta situación se mantiene en el tiempo "podrían aparecer con mayor probabilidad otros problemas de salud asociados al sueño insuficiente", advierte Bonmatí.
Cuando el exceso de temperatura es el responsable de esta interrupción el daño puede ser incluso mayor, ya que el sueño es el mecanismo con el que reparamos el daño térmico del día (reducción de frecuencia cardíaca, consolidación del sistema inmune...). Un estudio reciente publicado en Environment International y citado por el investigador Royé, muestra que el exceso de calor nocturno aumenta el riesgo de muerte en un 2,6%, "de forma independiente al calor del día", siendo las primeras 24-48 horas tras la exposición las más peligrosas.
El estudio ofrece además un análisis desglosado por ciudades, que en el caso de España revela un mayor aumento de la mortalidad por exceso de calor nocturno en aquellas ciudades que presentan una mayor amplitud térmica día-noche, como es el caso de Granada (3,56%), Madrid (3,45%) y Córdoba (3,44%), ciudades que ejemplifican una tendencia propia de la meseta y los valles del Ebro y Guadalquivir.
Si pasamos el foco de la oscilación térmica diaria al número de noches tropicales (aquellas de 20ºC o más) los primeros puestos pasan a las ciudades de la costa mediterránea, que tienen menor amplitud pero muchas más noches tropicales. Eso implica temperaturas más elevadas y constantes, algo que sin embargo no se traduce en un mayor exceso de mortalidad relativo (Barcelona 0,56%), "quizá por mayor aclimatación", explica Dominic Royé.
Mª Ángeles Bonmatí también considera posible que exista cierta aclimatación fisiológica general a las temperaturas elevadas, sumado a la adaptación de nuestras costumbres para paliar su efecto, "pero esto no significa que el sueño vaya a volverse inmune al calor", matiza, "al contrario, parece que incluso en climas cálidos los habitantes duermen menos cuando la noche presenta temperaturas más altas de lo habitual".
No existe un registro nacional de 'olas de calor nocturna' del mismo modo que no existen alertas específicas, "pero sí existe una definición específica para el Mediterráneo: las olas de calor marinas", explica Royé. Se definen igual que las atmosféricas, pero sobre la temperatura del mar. "Un estudio reciente en Scientific Report muestra que cuando coinciden con una ola de calor terrestre, el evento 'compuesto' puede prolongar y amplificar hasta 3,5 veces la exposición al calor en la costa", añade el investigador, que además cita el ejemplo del pico de 78 días en el Mediterráneo en el año 2022.
La explicación tiene dos caras: la humedad que aporta el mar y que impide el enfriamiento y una mayor debilidad de la brisa marina. De ese modo "la ola marina termina siendo motor directo de las noches tropicales y tórridas del litoral", afirma Dominic Royé. Eso significa que es frecuente que coincidan en el tiempo las olas de calor diurnas y nocturnas, pero estas últimas pueden persistir mucho más tiempo, incluso cuando el día ya no arroja temperaturas extremas. Es decir, que al contabilizar únicamente las olas diurnas estamos obviando en muchas ocasiones la situación nocturna.
Existe otro fenómeno que merece la pena analizar: un mayor número de noches tropicales no implica necesariamente noches más cálidas en términos generales. El ejemplo claro es Canarias, donde las temperaturas se mantienen muy estables (y cálidas) todo el año, lo que explica que tengan noches tropicales más allá del verano. Sin embargo, es Baleares, otro archipiélago, el que lidera los registros de calor nocturno, con un número de noches tórridas (25ºC o más) muy superior al del otras estaciones... y en aumento.
Detrás de todas estas estadísticas está la más evidente: las temperaturas mínimas (las consideradas 'nocturnas') están en ascenso, pero no van a la par que las diurnas, van más rápido. El investigador Dominic Royé cita un estudio reciente sobre la península y Baleares (1952-2022) que confirma este ascenso imparable, especialmente en estaciones urbanas de baja altitud, "coherente con la firma clásica del calentamiento global, donde las noches ganan más que los días", afirma el experto.
De ahí que se hayan disparado, como ya hemos visto, las noches tropicales en ciudades como Barcelona o Madrid, algo que es perceptible incluso con unos mecanismos de medición que el investigador juzga mejorables: "la mínima diaria es un único valor cerca del amanecer que no dice cuánto duró el calor durante la noche". Y tampoco es lo mismo una estación meteorológica en aeropuerto (muy comunes) que una situada en el centro de la ciudad, "las temperaturas pueden diferir 5-7ºC".
Todo ello lleva a deducir que si la tendencia ascendente ya se dibuja con claridad a partir de este tipo de datos, unas mediciones más precisas probablemente devolverían resultados aún más determinantes.
Un último fenómeno que explica también el progresivo calentamiento de las urbes es el llamado 'isla de calor urbana', que es el resultado de la presencia de elementos que forman parte del entorno, como el propio pavimento, que retienen el calor diurno y lo liberan durante la noche.
Basta comparar los registros de estaciones situadas en coordenadas similares pero en entornos diferentes para comprobarlo. A partir de los datos recopilados para este reportaje con las temperaturas mínimas diarias desde 1970, vemos que la estación de Madrid-Retiro registra una media de 49 noches tropicales al año frente a las 22 de la estación del aeropuerto.
Paradójicamente, el mismo aire acondicionado que nos ayuda a sobrellevar esas noches tórridas es uno de los elementos que contribuyen al calentamiento nocturno. Tampoco abusar de él contribuye a un mejor descanso así que la recomendación de los expertos, como es habitual, pasa por un uso racional. "Lo ideal sería conectarlo un rato antes de ir a dormir para que la temperatura baje y programar su apagado para poco después", propone Bonmatí, que nos recuerda que el aire directo sobre el cuerpo tampoco es recomendable.
Por otro lado, el aire acondicionado también es un ejemplo de la desigualdad que el calor nocturno hace patente. No es un recurso al alcance de todos los hogares y por eso tanto Bonmatí como Royé proponen medidas públicas que aborden un problema que ahora mismo no forma parte de ninguna iniciativa próxima.
Esas medidas irían destinadas a promover una climatización eficiente de los hogares, instalar pavimentos menos absorbentes y aumentar la cantidad de arbolado y vegetación que contribuyan a entornos menos cálidos. Dominic Royé propone además que el índice de calor nocturno se integre en Kairós, refugios climáticos que también funcionen de noche para mayores sin aire acondicionado e inversión en rehabilitación energética para no depender solo de este último que, nos recuerda, enfría la casa pero calienta la ciudad.
Open Questions
- ¿Cuándo se integrará el índice de calor nocturno en los sistemas de alerta oficiales?
- ¿Qué políticas públicas específicas se implementarán para la rehabilitación energética?





