
El ciclo político perpetuo de Estados Unidos pone a Trump y al movimiento MAGA en un punto de inflexión tras unas midterms históricas por gasto y participación
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Las elecciones legislativas de mitad de mandato en Estados Unidos concluyeron el 3 de noviembre de 2026 con un gasto récord en anuncios y 57 millones de votos anticipados. Las midterms funcionaron como un plebiscito sobre Donald Trump, su gestión económica, la corrupción y el futuro del movimiento MAGA. El ciclo político estadounidense es perpetuo, con congresistas que dedican el 80% de su tiempo a hacer campaña.
Ayer, 3 de noviembre de 2026, terminó por fin la larguísima, carísima y extenuante campaña electoral de las elecciones legislativas de mitad de mandato en Estados Unidos. Hoy, sin embargo, empieza oficiosamente la campaña electoral para las presidenciales de 2028. El ciclo político estadounidense es perpetuo, insoportable. Los congresistas se juegan su escaño cada dos años, pero para poder conservarlo tienen que ganar unas primarias antes. Así que se pasan el 80% de su día a día haciendo campaña. Los senadores tienen seis años, así que disponen de algo más de margen. Pero para los presidentes y aspirantes no hay prácticamente ni un segundo de respiro. Y el pistoletazo de salida ha sonado ya.
Las midterms, con récord de gasto en anuncios y récord de participación anticipada, con 57 millones de votos, son importantísimas por muchas razones. Porque pueden dar el control de las dos cámaras del Congreso a los demócratas. Porque de aquí salen miles de nombramientos en legislaturas estatales, tribunales supremos, puestos de gobernadores. Porque han sido las más caras de la historia. Pero, sobre todo, porque han sido un plebiscito sobre Donald Trump. No sólo sobre su Gobierno, su gestión económica o sobre la corrupción (el tema más importante para muchos votantes según varias encuestas), sino sobre su futuro y el del movimiento MAGA.
En casi todas las legislativas, el partido del presidente que ocupa la Casa Blanca sufre un desgaste y paga un precio, y las encuestas anticipaban uno muy severo. La gran pregunta esta semana es si es un precio lo suficientemente alto como para convertir a Trump de verdad en un pato cojo, la expresión que se usa en el mundo anglosajón para un presidente al final de su segundo mandato, sin opciones de repetir, cuando parece inevitablemente destinado a hacerse rico vendiendo sus memorias, jugar al golf y dar algunas charlas.
El problema es que Trump no es como los demás. Ya es millonario, ya juega al golf todas las semanas y está claro que no va a renunciar a seguir hablando. La diferencia principal con sus predecesores, sin embargo, va más allá. En Estados Unidos no hay partidos políticos como en Europa, pero Trump ha convertido al Partido Republicano en algo muy parecido, bajo su control y el de su familia (su nuera es una de las copresidentes). Él y su círculo más cercano deciden los nombramientos por todo el país. Y el líder castiga con dureza a quienes no son lo suficientemente leales o entusiastas. Los senadores y congresistas, nacionales o estatales, a los que puso en la diana por plantarle cara perdieron todos en primarias internas. Y el escenario base para muchos es que, incluso si se retira en 2028, y está por ver qué intenta, tratará de seguir manteniendo el control desde Mar-a-Lago.
Sin embargo, ahora parte del juego cambia. Trump ha convertido las midterms en un referéndum sobre él, su popularidad y su capacidad de movilizar. Y Estados Unidos se pregunta estas semanas si estamos ante el punto de inflexión del movimiento MAGA, muy tocado en el último año. Steve Bannon, el que fue el gurú principal de Trump en 2016, prevé una "guerra civil" dentro del mundo Make America Great Again por las consecuencias de estas elecciones legislativas y la guerra de Irán. Muchas figuras importantísimas en la última década, como Tucker Carlson, han roto públicamente con el presidente y denuncian su deriva, especialmente en política exterior. Varios de los más furibundos defensores que tenía en las redes sociales o en la Cámara Baja del Congreso le han declarado la guerra.
Hay sin duda una sensación de final de ciclo. Dentro del universo MAGA hay frustración y cada vez más dicen en voz alta que se ha perdido una oportunidad histórica, una ocasión que aparece sólo una vez cada varias generaciones. Trump había logrado aglutinar una coalición imposible entre los hombres más ricos del mundo, las figuras más importantes del mundo tecnológico, los evangelistas, parte del movimiento libertario, los rednecks, los adeptos a las conspiraciones, los insurreccionistas, los agotados de lo woke, los enfadados por la gestión de las fronteras, los hundidos por la inflación, los más irritados por las cuestiones identitarias y las guerras culturales. También los que simplemente se cansaron de la política tradicional y se divertían con el presidente más extravagante de la época contemporánea. Hasta los latinos se pusieron de su parte. Pero esa coalición no parece que haya resistido bien la guerra de Irán, los delirios de grandeza, la corrupción desaforada, el enriquecimiento de Trump y su familia y los aranceles.
Con el país enfurecido por los precios, Trump ha dedicado sus mítines finales a hablar obsesivamente del culo o la belleza de sus senadores o futbolistas profesionales. Dedicó la jornada del lunes a hablar de su piscina reflectante frente al monumento a Lincoln. O se enrocó diciendo que "le importaba un carajo" las quejas de quienes lamentan el coste del gasoil porque el país y sus amigos del petróleo están ganando millones.
Fox News es la cadena favorita del presidente. Ayer mismo llamó por la mañana en directo a un programa y estuvo casi cinco minutos hablando sin interrupción. Es el canal de cable más visto en Estados Unidos, pero sus índices de audiencia han caído drásticamente en las últimas semanas, lo que ha generado elucubraciones sobre el desánimo de la audiencia, casi totalmente republicana. El descenso interanual de la audiencia es tan brusco, casi un 20%, que el responsable máximo, Lachlan Murdoch, tuvo que abordarlo este lunes en la presentación de resultados trimestrales, asegurando que era por el "cansancio de los espectadores" ante el ciclo político.
En las últimas horas, el ex director del FBI en Chicago ha acusado a la Administración Trump de presionarlo para que investigara a los opositores políticos del presidente y de convertirlo en un "chivo expiatorio" después de que fracasara un importante caso federal contra los manifestantes anti-ICE. Es probable que muchos más sigan sus pasos si los demócratas recuperan el Congreso y pueden empezar investigaciones que estos dos años eran imposibles. En los podcasts y streamings de los principales influencers conservadores se habla de ir a la cárcel, investigaciones y de la necesidad de indultos. El propio Trump lo dejó caer de nuevo el lunes, en una entrevista en The New York Post, al decir que estaba barajando perdones masivos preventivos para algunos de sus principales colaboradores o figuras como Elon Musk. "Lo haría si fuera necesario, claro. Ni siquiera lo pensaría. Lo haría. Lo hice por los del 6 de enero", dijo en referencia a los 1.500 condenados por el asalto al Capitolio a los que perdonó en su primer día de Gobierno.
Otro síntoma de que las cosas no van como Trump querría es que ha dejado de coger el teléfono a los periodistas. Tras los primeros bombardeos en Irán, en febrero, el presidente introdujo una novedad mediática: decenas de minientrevistas diarias. Daba igual quién le llamara y que su teléfono circulara mucho: respondía durante tres o cuatro minutos. Ahora, esos mismos interlocutores dicen que lleva semanas sin responder a sus intentos. Síntomas de un cambio de ciclo, de era, o los prolegómenos de algo más oscuro.
El lunes se hizo viral una entrevista al gobernador saliente de Florida, Ron DeSantis, uno de los que suena como posible aspirante en 2028. Fue rival de Trump en el pasado, pero ambos se reconciliaron más o menos. Pero ayer marcó claramente distancias, diciendo que los republicanos deberían dejar de culpar a Joe Biden del precio de la gasolina y asumir abiertamente que es culpa de la guerra de Irán. También criticó nombramientos importantes de Trump, como el de la ya cesada Kristi Noem. Algo que antes hubiera sido impensable.
Una encuesta de la Universidad de Massachusetts Amherst, publicada en septiembre, detectó una caída de nueve puntos en la proporción de republicanos que se identificaban con MAGA respecto a marzo, del 77% al 68%. Sin él, puede ganar los republicanos, pero no puede haber un movimiento como el vivido durante los últimos dos lustros. No hay reemplazo posible para algo así.
El domingo por la noche, en Kansas, después de 30 mítines en 32 días seguidos, Trump sacó su lado más melancólico. "Llevamos 11 años haciendo esto, y nunca ha habido nada igual, y probablemente nunca lo habrá. Nunca habrá tanta gente. Nunca habrá la misma sensación (...) Lo doy por concluido esta noche. Esto ha sido todo", cerró. Hablaba de la campaña. O quizás no.
AI outlook — possibilities, not facts
Los demócratas iniciarán investigaciones contra la Administración Trump si recuperan el Congreso
Likely · Within months
Más exfuncionarios acusarán a la Administración Trump de presiones políticas
Possible · Within months
Trump considerará indultos masivos preventivos para colaboradores y figuras como Elon Musk
Possible · Within months
Óscar Puente resigned as Minister of Transportation after a four-hour appearance before Congress, where he defended his management in the Urda accident with 69 deaths and nearly 200 injured. The announcement, communicated to Pedro Sánchez by WhatsApp minutes before, leaves the position vacant while the PP and Vox also demand the resignation of the President of the Government.

Óscar Puente has resigned as Minister of Transport and has resigned from leading the PSOE candidacy for Valladolid in the November 29 elections, after a Permanent Deputation of more than four hours in which all groups, except Bildu, asked for his departure due to the management of the Urda train accident.

Óscar Puente resigns from being part of the PSOE candidacy for Congress for Valladolid and will not compete in the general elections on November 29, after the fatal accident in Urda (Toledo). However, his name will continue to appear on the ballots because the lists already proclaimed cannot be modified. If elected, his seat would pass to the next candidate, Ana Redondo.

Polish Prime Minister Donald Tusk and President Karol Nawrocki agreed to meet face to face to address the Constitutional Court crisis, following crossed accusations and a presidential ultimatum before November 11. Eight judges of the TC approved the budget and the disciplinary committee, while the Supreme Court did not reach a quorum.

Pedro Sánchez has reacted to the resignation of Óscar Puente as Minister of Transport through X, praising his decision and thanking him for his support. Puente resigned minutes before announcing it publicly after his appearance in Congress, citing the Urda train accident on October 28 as the reason. PP spokesperson Ester Muñoz described the resignation as arriving "116 dead late."

Óscar Puente resigned as Minister of Transport and resigned from leading the PSOE candidacy for Valladolid in the November 29 elections, communicating his decision to Pedro Sánchez minutes before the public announcement in Congress.