
El astronauta europeo Thomas Pesquet anuncia su tercera misión a la ISS en una nave SpaceX, mientras Europa debate su dependencia de EE.UU. en el espacio y propone el programa IRIS con 348 satélites para 2029-2030, ante una brecha de inversión de hasta seis veces menos que Estados Unidos.
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Europa invierte significativamente menos que Estados Unidos en el sector espacial, con una diferencia de hasta seis veces en gasto público y una brecha en el número de empresas privadas aeroespaciales. La dependencia de lanzadores estadounidenses como SpaceX ha generado debates sobre autonomía estratégica.
"¡Europa necesita hacer algo grande en el espacio!", asevera con convicción el comandante Thomas Pesquet, el astronauta europeo con más tiempo acumulado en órbita, robando el protagonismo a Emmanuel Macron en la reciente Cumbre Espacial del Grand Palais de París. A sus 48 años, Pesquet anunció su tercera misión rumbo a la Estación Espacial Internacional (ISS) el próximo año, recalcando que lo hará "de prestado" y gracias a los americanos, en la nave Dragon de SpaceX, propulsada por el cohete Falcon 9 (también de SpaceX) y en una misión auspiciada por la compañía privada Vast, con sede en Long Beach (California).
"Los americanos aman a la NASA por haber conseguido lo impensable, que fue poner al hombre en la Luna", recuerda Pesquet en declaraciones a El Mundo. "Los europeos necesitamos llegar a la Luna por nuestros propios medios. Tenemos que hacer algo que capture la imaginación y que tenga un efecto duradero. Necesitamos hablarle también a la gente, en su propio idioma, de lo importante que es el espacio para la vida en la Tierra. Y tenemos que cambiar la dinámica, como hizo la NASA, que ya no financia directamente las misiones, sino que recurre al sector privado y pregunta: '¿Quién puede hacerlo mejor?'".
Con los pies en la Tierra, Estados Unidos invierte entre cinco y seis veces más que Europa en el sector espacial. En dinero público, la diferencia es de 220 euros por ciudadano en EE. UU., frente a 15 euros en la UE. Los programas militares suponen el 46% del gasto público en el espacio, frente al 25% de Francia, sin ir más lejos. El país puntero de Europa cuenta con 546 compañías privadas aeroespaciales, frente a las 5.600 registradas en Estados Unidos, una diferencia de uno a diez.
La llave del espacio sigue estando en Washington, y así se explican las presiones de la Casa Blanca, que mandó un mensaje inequívoco a las compañías norteamericanas a través de la Oficina de Política Científica y Tecnológica: su presencia en la cumbre espacial de Macron sería vista como un respaldo a las políticas europeas que rechaza Donald Trump. SpaceX (Elon Musk) y Blue Origin (Jeff Bezos) se plegaron y decidieron desertar, como también lo hicieron las startups Stoke Space y Starcloud. Al desplante estadounidense se unió la ausencia del canciller Friedrich Merz, alimentando de paso las especulaciones sobre la rivalidad interna entre Francia y Alemania en el espacio y en la defensa.
París defiende ante todo la "prioridad europea", mientras Berlín reclama cierta independencia y está más abierta a colaborar con proveedores norteamericanos. El lanzamiento esta misma semana del cohete de la compañía alemana Isar Aerospace desde el puerto espacial noruego de Andøya (como alternativa al de Kourou, en la Guayana Francesa) ha tenido también su carga simbólica. Aun así, hubo fuerte presencia alemana en la cumbre del Grand Palais, que logró reunir a 90 países y se cerró con un relativo éxito económico (50 contratos valorados en 22.000 millones de euros).
El plato fuerte fue la presentación del programa IRIS (Infraestructura para la Resiliencia, Interconectividad y Seguridad), con el que la Agencia Espacial Europea (ESA) aspira a seguir la senda marcada por Galileo y Copernicus, los programas estrella de la Agencia Espacial Europea (ESA). IRIS estará integrado por una "constelación" de 348 satélites (330 en órbita baja y 18 en órbita media) y estará plenamente operativo entre 2029 y 2030.
"En Europa se subestima el valor del espacio y el impacto creciente que tiene en nuestra vida diaria", certifica el austriaco Josef Aschbacher desde el cuartel general de la ESA, al otro lado del río Sena. "El presidente de Estados Unidos ha propuesto mil lanzamientos de aquí a 2030, Elon Musk ha anunciado la creación del mayor puerto espacial en Luisiana... Vivimos en plena ignición de la segunda era espacial y es el momento de preguntarnos: ¿Qué significa todo esto para Europa? ¿Dónde estamos en este contexto? ¿Estamos bien situados o necesitamos cambiar algo?".
"Europa debe dar un salto adelante en el espacio", asegura el director general de la ESA, que cuenta con un presupuesto anual de 8.260 millones de euros y ramificaciones en sus 23 países miembros, como España (donde está la sede de su centro de operaciones científicas, ESAC). "Estamos bien posicionados en términos de calidad, pese al hecho de que las inversiones son mucho más pequeñas que en Estados Unidos. En algunos campos estamos incluso liderando, como en la observación terrestre, gracias al programa Copernicus. Pero debemos potenciar los lanzamientos, superada ya la crisis en la que estuvimos un año sin nuestra propia lanzadera, hasta que estuvo listo el Ariane 6. Y tenemos que ir más allá en el capítulo de la exploración".
"¿Queremos tener nuestras misiones tripuladas europeas, con nuestra propia cadena de producción, gestión y control?", es la pregunta que lanza al aire Josef Aschbacher. "La cuestión está sobre la mesa de los Estados miembros... La clave para Europa es tener algo que ofrecer, al tiempo que potenciamos las inversiones y aumentamos la escala. La cumbre espacial ha sido una gran oportunidad para crear esa dinámica e impulsar una visión a largo plazo de Europa en un mundo en rápida mutación". La ESA tiene un papel central para dotar a Europa de las capacidades, la tecnología y la confianza necesarias para alcanzar sus propias ambiciones.
"Lo que Europa necesita en este momento crucial para el sector espacial es un sentido compartido de ambición y dirección", advierte por su parte Hervé Derrey, CEO de Thales Alenia Space y portavoz de GIFAS, la asociación de la industria aeroespacial francesa. En un comunicado firmado también por la asociación alemana BDLI y por la italiana AIAD, el sector privado reclama el reconocimiento del espacio como "infraestructura crítica", la introducción de la "preferencia europea" y el destino de al menos 60.000 millones de euros para potenciar el sector a través del Fondo Europeo de Competitividad.
"Estamos reclamando a los políticos que impulsen la entrada de Europa en la nueva era espacial", asegura Derrey, con la mirada puesta en la negociación del marco financiero plurianual de la UE en diciembre. "Necesitamos una fuerte apuesta para poder escalar la industria aeroespacial y estar a la altura en un sector clave para la autonomía estratégica del continente y cada vez más competitivo".
AI outlook — possibilities, not facts
El programa IRIS de la ESA estará plenamente operativo entre 2029 y 2030
Likely · Within years
Europa aumentará su inversión en el sector espacial mediante el Fondo Europeo de Competitividad
Possible · Within years

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