La aparición de fardos de droga con imágenes de Jesucristo y dedicatorias en Badalona, Tarragona y Sitges desconcierta a los Mossos d’Esquadra
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El narcotráfico utiliza el mar para el transporte de sustancias, siendo habitual que la mercancía se pierda o sea arrojada por la borda durante persecuciones policiales. Los grupos criminales suelen marcar sus fardos con logotipos o mensajes para identificar su propiedad.
Fueron los socorristas de la playa los que lo descubrieron. El pasado lunes día 10, en la playa de los Pescadors de Badalona los rescatadores avistaron flotando a pocas millas de la costa un paquete sospechoso. Faltaba poco para las cinco de la tarde y tanto el arenal como el agua estaban a reventar de bañistas paliando el calor de este agosto infernal. Más tarde se confirmó que las dudas de los trabajadores del mar estaban fundamentadas. Se trataba de un paquete de un kilo de cocaína a la deriva que recuperaron los Mossos d’Esquadra.
Hacía mucho que no llegaba un paquete de cocaína a las costas catalanas. De hecho, es más habitual que los fardos que aparecen encallados entre las rocas, o atrapados en las redes de los pescadores sean de hachís. Pero este paquete tenía además algo particular, un mensaje y una imagen.
Si bien es sabido que los grupos criminales acostumbran a “marcar” su mercancía para diferenciarla, normalmente son letras, iniciales, algún número o incluso una fotografía. En esta ocasión, los propietarios de la droga utilizaron una imagen de Jesucristo que extiende un brazo junto a un libro que debe ser la Biblia acompañada de una frase con letras en caja alta: “SIEMPRE VIVIRÁS EN EL RECUERDO DE TUS AMIGOS, COMPADRE”. Un mensaje a una tercera persona, a un amigo, al que, de alguna manera, la organización criminal rendía su particular homenaje.
La fotografía del paquete, que acompaña esta información, se compartió con rapidez entre los grupos de policía. Quedó claro que no era nada habitual un mensaje de estas características. De hecho, un responsable de los Mossos d’Esquadra con no pocos galones llegó a plantear la posibilidad de que el paquete fuera arrojado al mar intencionadamente, como una ofrenda al amigo fallecido. Puede parecer una locura, pero no sería la primera vez que a determinados delincuentes se les entierra o acompaña en el funeral con elementos que fueron característicos durante su paso por la vida: un arma de fuego, cervezas y algo de droga para el viaje hasta la nueva etapa.
La tesis del homenaje, que ya contaba con pocos seguidores, se desvaneció del todo, dos días después, cuando apareció un paquete idéntico, pero en una playa de Tarragona. Y aún hubo una tercera aparición, y no precisamente divina, este martes en una playa de Sitges. El mismo paquete nuevamente, con esa misma imagen de Jesús y un kilo y doscientos gramos de cocaína.
En las tres ocasiones, y prácticamente hasta que la luz lo permitió, el helicóptero de los Mossos y una embarcación de la policía marítima estuvieron inspeccionando las tres zonas de las playas para dar con más paquetes. Pero sin éxito. El último localizado en Sitges lo recuperó también un bañista que lo entregó a un socorrista, que abrió el paquete para ver lo que contenía e inmediatamente lo entregó a los Mossos.
Tres paquetes de cocaína, de una inquietante misma partida de drogas, en apenas tres semanas y que llegan a la costa catalana a merced de las corrientes y mareas marinas.
Las policías no disponen de ningún cómputo oficial que sume todos esos hallazgos que desembarcan periódicamente en las costas. Su procedencia es dispar. Puede ser mercancía perdida durante un trayecto, o que la propia tripulación la ha arrojado al agua por mil razones, desde sentirse en riesgo a un problema mecánico. La otra opción, que no es tan habitual en la costa catalana, es que se deje la mercancía fondeando en puntos concretos de la costa, a la espera de la llegada de un segundo transporte para recogerla; y que por condiciones meteorológicas o incluso la acción de la fauna marina o pescadores, el fondeo se haya roto y la mercancía salga a flote, llegando tarde o temprano a las costas.
El 3 de agosto, fue un nadador de aguas abiertas quien tropezó con un paquete de kilo y medio de hachís frente a la playa de Castelldefels. Al día siguiente, la policía marítima patrulló la zona ante la posible aparición de otros fardos, sin éxito.
Dos días después, el escenario fue l’Ametlla de Mar. Un pescador descubrió en las rocas un paquete protegido con varias vueltas de cinta aislante. En uno de los dorsos llevaba escrito la inscripción RAPTOR. El hombre también entregó la mercancía a una patrulla de los Mossos, que inspeccionó la zona por si había más paquetes iguales, pero sin éxito. En esta ocasión, la droga también era hachís.
El 10 de agosto, el mar devolvió el primer paquete de cocaína en Badalona, y tres días después, otro idéntico llego a bastantes kilómetros de distancia, en Tarragona. El último de esa remesa apareció el martes en Sitges. Los investigadores sospechan que la droga debió perderse en un transporte entre Baleares y la costa catalana.
Estos hallazgos han coincidido con otro, de mucho más calado, que apareció también este agosto en las playas de Cádiz y a cuya imagen también tuvo acceso este diario. Se trataba de un paquete protegido con varias vueltas de cinta aislante de 30 kilos de cocaína. Un buen alijo. El fardo también tenía su propio sello, una carta de la baraja de póquer: el cinco de diamantes rojo.
En esas costas de Andalucía y muy especialmente en la zona del campo de Gibraltar, donde el Estado libra una compleja y dura batalla contra el narcotráfico, sí es más habitual la llegada de fardos de hachís y cocaína. Durante las persecuciones de las narcolanchas, la tripulación no duda en lanzar por la borda el material si interpretan que tienen las de perder. De ahí que, aún sin ser oficiales, esas incautaciones oscilen entre los 400 y los 500 kilos al año.

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