El análisis de un fémur y una tibia hallados en el Canal de Penghu confirma que estos homínidos alcanzaban hasta 190 cm de altura hace 45.000 años.
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Los denisovanos son un grupo extinto de homínidos cuyo linaje divergió del neandertal hace 550.000 años. Hasta ahora, su conocimiento se limitaba a restos craneodentales y falángicos en Siberia y el Tíbet.
El hallazgo de un fémur y una tibia en el fondo marino del Canal de Penghu, en Taiwán, aporta nuevos descubrimientos claves en la historia de la evolución humana. Estos huesos confirman que los denisovanos, una especie extinta de homínidos, presentaron estructuras corporales corpulentas y 'gigantes' de hasta 190 cm de altura y 91 kg, hace 45.000 años. Algo llamativo si se compara con la del Homo erectus, con 20-30 cm menos de altura y 20-30 kg menos, respectivamente. Los fósiles evidencian un tamaño corporal comparable al de los hombres modernos más altos, que se podría deber a una adaptación a la caza o, incluso, a un intercambio genético con el Homo sapiens.
Los denisovanos, un nombre que no será tan familiar como el de los neandertales y que, sin embargo, también hace referencia a un grupo ya extinto de antepasados del ser humano moderno. Se distribuyeron ampliamente por el este de Asia y lo que se sabía de ellos, hasta ahora, era a partir de escasos restos craneodentales y falángicos existentes y repartidos entre el sur de Siberia, el Tíbet y el este asiático.
Estos nuevos fósiles nombrados como Penghu 2 y Penghu 3 permiten, sin embargo, arrojar luz sobre la incertidumbre de su imagen real, es decir, su arquitectura corporal. Las grandes dimensiones de estos huesos sugieren que se trata de individuos diferentes y masculinos. El primero de ellos, con una posible estatura de 180 cm y un peso de 83 kg y, el segundo, con la estatura ya mencionada de 190 cm y un peso de 91 kg.
Estos hallazgos se describen en un estudio, todavía pendiente de revisión por pares, que explica que estos fósiles estarían entre los huesos de pierna más grandes conocidos en Homo del Pleistoceno y que, por tanto, se encontraban entre los más grandes de ese período.
Para saber a qué especie pertenecían, los expertos se toparon con la falta de ADN, debido a la degradación del material. Por ello, recurrieron a la paleoproteómica, una nueva herramienta para estudiar proteínas antiguas recuperadas de restos fósiles, huesos, dientes o artefactos de miles de años.
Los expertos hicieron el análisis proteómico y obtuvieron los perfiles proteómicos (registro o conjunto completo de todas las proteínas presentes en la muestra biológica). Más concretamente, el proceso consistió en la extracción de proteínas antiguas de la parte interna del fémur de Penghu 2 y la tibia de Penghu 3 mediante cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas en tándem.
Los resultados que aseguraron que se trataban de denisovanos fueron una variante de aminoácido en el colágeno tipo I (COL1A2 R996K). En esta proteína, en la posición 996, en lugar de haber Arginina (R), la cual tienen los neandertales y casi todos los humanos modernos, estaba la Lisina (K), característica de los denisovanos identificados previamente.
A ello se suma que los árboles filogenéticos, que representan con precisión las relaciones filogenéticas (vínculos de parentesco evolutivo), que se construyeron después para 15 proteínas reflejaron sin duda que pertenecían al linaje denisovano.
Esta confirmación de que se trata de denisovanos cuestiona la expectativa generalizada de que el Homo del Pleistoceno siguió la regla de Bergmann. Esta regla predice que el tamaño del cuerpo tiende a ser más grande en climas fríos para, así, conservar mejor el calor.
No obstante, su tamaño no coincide con el de la muestra que se tiene de Asia oriental, ya que los Homo sapiens del Pleistoceno tardío, que estaban en la misma región y en la misma época, no desarrollaron tal tendencia. Esto supone que, a la hora de hablar del tamaño corporal, el clima glacial no sea el único factor que influye en la cuestión.
La singularidad en cada uno de los fósiles apunta a diversas hipótesis de influencias ajenas al clima que pudieron moldear su tamaño. Por un lado, Penghu 3 “dependía en gran medida de la carne”, afirman los autores. La evidencia de que la población denisovana explotaba una amplia gama de animales ha llevado a la hipótesis de que su gran tamaño corporal era esencial para su estrategia de caza, ya que no disponían de las herramientas que posteriormente utilizarían nuestros ancestros directos.
Pero el carácter extraordinario de estos fósiles no acaba aquí. Penghu 2 desarrolló una pilastra femoral, característica por excelencia del humano moderno. ¿Cómo fue posible? Pues bien, el estudio lo relaciona con una alta movilidad terrestre, asociada a los cazadores-recolectores humanos modernos.
Aunque, sin embargo, los autores también hablan sobre otro posible motivo: un intercambio genético. Esta hipótesis establece que los denisovanos taiwaneses adquirieron pilastra femoral a través del flujo genético de los primeros humanos modernos, ya que los Homo Sapiens ya compartían con ellos el planeta.
El primer fósil de Denisovano se encontró en 2008, aunque reconocido oficialmente en 2010, en una cueva siberiana llamada Denisova. Lo único que se encontró fue un fragmento de hueso del dedo meñique, que parecía proceder de un pariente con 66.000 años de antigüedad de los humanos o, quizá, de un neandertal, como explica el New York Times.
No obstante, tras analizar los pocos restos de ADN, se toparon con una nueva especie que se desconocía hasta entonces: los denisovanos, un grupo extinto de Homo arcaico, cuyo linaje divergió del linaje neandertal hace aproximadamente 550.000 años.
La historia de los fósiles de Penghu comenzó en torno a 2008, cuando fueron extraídos por una red de pesca del canal submarino de Penghu, que oscila entre los 60m y 20m de profundidad, junto con otros fósiles de vertebrados conocidos como la 'fauna de Penghu' . Penghu 1 se trata, no obstante, de una mandíbula fosilizada que, en 2025, se confirmó que pertenecía a un denisovano.

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