Imad Maarmi, argelino de 35 años, relata la situación de incertidumbre que se vive en Ceuta ante la falta de traslados a la Península y la ampliación de los campamentos informales.
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Imad Maarmi llegó a Ceuta el 10 de julio tras varios intentos fallidos de cruzar a nado. El CETI y las playas locales acogen a cientos de inmigrantes pendientes de traslado.
Imad Maarmi, argelino de 35 años, está en un limbo llamado Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Ceuta. Tras ser interceptado hasta en 12 ocasiones por la Guardia Civil o la Marina de Marruecos cuando trataba de cruzar a nado el espigón fronterizo del Tarajal, logró pisar la orilla de la ciudad autónoma el pasado 10 de julio. Tres semanas antes del cruce masivo. Entonces, el CETI no estaba hasta la bola. Ni Ceuta patas arriba.
El centro es un espacio asistencial de tránsito hasta que las personas –ahora unas 700 duermen ahí– son trasladadas a uno de los siete Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) que hay en otras regiones de España. Pero con la Unión Europea avizora para que no se favorezca el salto a la Península, el Ministerio del Interior no está realizando derivaciones, según confirman fuentes policiales. Maarmi, que estuvo como irregular tres años en Bruselas antes de ser expulsado, lo corrobora. En su habitación siguen conviviendo las mismas diez personas que desde antes de la avalancha.
Con la incertidumbre de no saber cuándo será trasladado, probablemente, al CIE de Algeciras, Maarmi se pasa la mañana en la playa del Trampolín, que se ha convertido en la imagen de esta crisis. Como lo fue Lampedusa. O el muelle de la vergüenza en Arguineguín. Tantas horas al sol le han permitido hacer una radiografía del lugar, que se está transformando. La playa se ha reorganizado a ritmo trepidante después de que hace diez días un dispositivo liderado por el Ministerio de Migraciones la vaciase.
Las chozas de cañas, atadas con tiras de bolsas de basura, que levantaron, en su mayoría, subsaharianos, están dando paso a cabañas reforzadas hasta con palés, que están construyendo magrebíes. Ayer, hasta cuatro hileras atravesaban, a pie de orilla, toda la playa. Un asentamiento que está echando de nuevo raíces, con puestos de comida o ropa. Incluso canalizaciones de agua improvisadas. Tampoco falta la barbería. Desde la desalinizadora de Ceuta, sin necesidad de tener la vista de un lince, se aprecia que las estimaciones sobre las personas que aún permanecen en Ceuta se quedan cortas.
Al final del Trampolín, hay familias con menores que las primeras noches estuvieron a la intemperie en las naves del Tarajal. El argelino que se conoce la playa al dedillo les lleva cada día unas barras de pan. “Pagadas con mis ahorros”, puntualiza desde el primer momento de la charla.
Dos críos marroquíes, Imran de siete años y Taha de 14 años, se lanzan a los brazos de su “amigo” argelino. Maarmi y Mohamed, el padre de los hermanos, dice que en la situación por la que atraviesan no se entiende de geopolítica, que los dos tienen “el corazón blanco”, el de las personas puras, bondadosas.
La familia, también con la madre Huda y la hermana mayor Janet, cruzaron a nado hace 31 madrugadas al raso. Los menores dentro de flotadores. “Un mes durmiendo en la calle”, cuenta Mohamed, quien tiempo atrás estuvo trece años trabajando, en negro, en Ceuta. Los padres preguntan, una y otra vez, cómo es posible que sigan en la calle con los niños a su cargo. Defienden que en Marruecos, con un solo sueldo, era imposible la supervivencia: no quieren volver a su país.
Desde hace diez días, el Gobierno no ha habilitado nuevas plazas para acoger a inmigrantes. La ministra de Migraciones, Elma Sáiz, prometió en principio que se desplegaría de forma urgente 1.500 camas, que finalmente llegaron a las 1.800, en dos espacios. La también portavoz del Gobierno no descartó que el número pudiese alcanzar las 4.000 plazas, pero las aperturas no han avanzado.
El problema, el núcleo en el que está estancada la gestión de la crisis, es la elección de espacios para la acogida. De hecho, en la Moncloa confían en que una vez todos los inmigrantes tengan un techo donde dormir –sin atreverse a poner una fecha tras los patinazos anteriores–, la situación en Ceuta tomará otro cauce. Sin embargo, los nuevos lugares pueden volver a levantar las mismas ampollas que la lista de polideportivos que el Gobierno incluyó en el Boletín Oficial del Estado. Fuentes ministeriales aseguran que los próximos enclaves están ya consensuados con el gobierno de Ceuta. De hecho, el mando único para la crisis, el ministro Ángel Víctor Torres, los ha estado visitando este pasado fin de semana.
Mientras tanto, la cola de magrebíes a las puertas del Embolsamiento de Loma Colmenar no para de crecer, pese a que no tienen la certeza de que este espacio albergue más literas en camas militares. Hay también decenas de personas que siguen durmiendo entre los recovecos del barrio próximo a la frontera del Tarajal. Ningún vecino se cree que sean solo 5.000 los inmigrantes que permanecen en Ceuta. Incluso ponen en cuarentena el número que ofrece el presidente e la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, que los sitúa en los 10.000.
Ni eso está claro en esta crisis, que enfila su segundo mes.

El ferry Filo Jet volcó frente a las costas del norte de Chipre con 267 personas a bordo. El accidente ha dejado al menos ocho fallecidos, 19 desaparecidos y 242 rescatados. La embarcación se hundió a 514 metros de profundidad tras partir de Kirenia.
Momentos de tensión en el centro de acogida de Loma Colmenar en Ceuta durante la apertura de nuevas plazas. La Policía Nacional intervino con disparos disuasorios al aire para controlar a cientos de migrantes que aguardaban su turno para ingresar al recinto.

Fuerzas de EE. UU. bombardearon lanzacohetes de la Guardia Revolucionaria en la isla de Larak. Irán respondió con ataques en bases de Jordania y EAU, horas después de que el ayatollah Mojtaba Jamenei llamara a la unidad regional contra EE. UU. e Israel.

Una súbita riada en el Parque Nacional del Gran Cañón, en Arizona, ha dejado al menos un muerto y unas 15 personas desaparecidas. Las autoridades han evacuado a más de 60 personas y piden colaboración ciudadana mientras continúan las labores de búsqueda ante la previsión de más lluvias.

Olivia Rodrigo recaudó 20 millones de dólares para organizaciones de mujeres mediante el concierto benéfico Daisy Chain Fields en Irvine, California, con la participación de artistas como Chappell Roan y Bikini Kill.

El presidente estadounidense Donald Trump compartió un video generado por IA que simula la destrucción de la isla iraní de Jarg. La publicación ocurre tras un ataque real de EE.UU. en la isla de Larak y la respuesta iraní en Jordania.