La adorabilidad de Keyne, el hermano de Lamine Yamal, y el significado de 'mono'
Quick Look
- El artículo reflexiona sobre la ternura de Keyne, el hermano de Lamine Yamal, destacando su carisma viral y la preocupación por su privacidad.
- También explora el origen y el doble significado de la palabra "mono" en español, diferenciándolo de los cánticos racistas.
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Why It Matters
El artículo se centra en Keyne, el hermano menor del futbolista Lamine Yamal, quien ha captado la atención pública por su carisma durante los partidos de la selección española. El autor reflexiona sobre la percepción de Keyne y el significado cultural de la palabra "mono".
No hay ni una gota de racismo en este texto; tan solo una sensación atávica, que es lo que se siente al ver al hermanito de Lamine Yamal. Dan ganas de abrazarlo y comérselo a besos de esos que dan las abuelas y hacen ruido. Keyne es negro, lampiño, suave, tan blando por fuera que diríase que es todo de goma, que no tiene huesos ni vísceras. No es un peluche, es un muñeco macizo. No es de extrañar que Penélope Cruz se acercara a saludarle con fervor después del partido y que el mejor meme del Mundial sea el del columnista Mariano -más el de Forges que el Rajoy de carne y hueso- llevándole a hombros tras sus artículos.
Keyne, por qué no decirlo, es muy mono, pero no en el sentido de los cánticos racistas de los del Atleti a Vinicius, sino en el clásico que en español quiere decir «gracioso, bonito». Ese cute inglés que a mí me parece machacón y un tanto cursi y anodino. Dicen que el origen proviene de los siglos XVIII-XIX, una horquilla temporal demasiado amplia como para ser precisa. Al parecer, los monos eran la mascota exótica de moda y hacían gracia, monerías. Y de «gracioso como un mono» se pasó a «mono» a secas para cualquier cosa o persona graciosa y agradable de ver. Una metáfora que se hace carne de la carne de Ebana (así se apellida su madre, Sheila) en el cuerpecillo delicioso del hermano de Lamine.
No es de extrañar que no nos cansemos de mirar sus gestos virales de niño señor -de esos que parece que a los tres años se fuman un puro, se aprietan unos callos y los bajan con el carajillo- que se toma el fútbol como un juego de lo más serio. (Aunque esa sea la realidad en la geopolítica de la infantinada -feliz hallazgo de Ellakuría- que practican la Fi(l)fa y Trump). Lo dice bien su hermano: «Lo que pasa es que yo lo veo siempre en casa. Está allí y hace tonterías, empieza a bailar, parece un hombre en el cuerpo de un niño y me encanta».
Otra cosa es que la selección (y en la selección estamos todos los españoles) lo haya tomado como mascota, algo que tiene cierta gracia si se sigue respetando su privacidad y su exceso de exposición no malea al hombre que será un día este niño. Por eso confiamos en que su madre, Sheila Ebana, que parece una persona sensata, le encauce por el camino más conveniente. La madre de Lamine ha logrado que su hijo aprenda a transmitir esa sensación de familia -pese a las circunstancias vividas- que a todos nos cautiva. Explican las informaciones que la foto más popular de Keyne, la que le tomaron en el partido contra Bélgica, era un pacto entre hermanos: Keyne le anunció por videollamada que sacaría la lengua cuando le enfocaran.
En las gradas, además de su madre y su hermano, también han estado su amigo Souhaib y su primo Mohamed. «Me emociona ver a mi hermano feliz, ver a mi madre con la vida que siempre ha querido vivir y a mis amigos. Es el sueño más grande de un niño, aparte del fútbol y de todo». Sheila emigró a España de adolescente y dio a luz a Lamine cuando solo tenía 17 años, mientras mantenía una relación con Mounir Nasraoui, de entonces 21. Se separaron a los tres años y ella se puso a trabajar de camarera y dio a su hija la mejor infancia que pudo. La queremos -como queremos a María Confort Arthuer, la madre de los Williams- porque ha sabido manejar el ego de un chaval que gana decenas de millones haciendo lo que le gusta para que sea más o menos normal. Y hasta adorable, porque la fiesta con chicas de imagen y personas con acondroplasia que organizó fue una noche de chico de su edad que adopta la estética reguetonera. Estaría bien que la verdad sea lo que cuenta Lamine: «Yo a lo mejor no tenía la mejor infancia del mundo, pero mi madre hacía que yo no viera nada, solo lo bonito». Sheila, dice, «manda más» que su representante. «Voy a casa de mi madre y me dice: 'Haz la cama, ponte las chanclas, cierra la puerta...'. Es mi forma de tener los pies en la tierra».
Es de esperar que con Keyne pase lo mismo, aunque a veces ser la mascota de un país, tiene una difícil digestión. Ojalá no se dé cuenta nunca de lo monísimo que es.
Open Questions
- ¿Cómo afectará la exposición mediática a Keyne a largo plazo?
- ¿Qué otros gestos virales ha realizado Keyne?


