La América rural mide el alcance de la ola demócrata en Estados Unidos: “Me gustaría ver algún cambio político”
Los granjeros del Medio Oeste estadounidense enfrentan una recesión marcada por la inflación y la incertidumbre política ante las elecciones de medio mandato.
Quick Look
- Agricultores de Iowa enfrentan una grave crisis económica debido a la inflación, los altos costes operativos y los aranceles comerciales.
- En un contexto de elecciones de medio mandato, el sector rural cuestiona las políticas actuales y busca un cambio.
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Why It Matters
La agricultura en Iowa atraviesa ciclos de auge y crisis, siendo la década de los 80 un precedente histórico de recesión. Actualmente, los agricultores enfrentan una combinación de inflación y políticas comerciales restrictivas.
Los tractores hormiguean por los campos de maíz de Iowa. Los granjeros apuran la cosecha antes de que lleguen las lluvias y les malogren la temporada. Chip Hoffman es de los afortunados. Ya ha recogido casi todo el cultivo de la granja familiar que se extiende a lo largo de varias decenas de hectáreas. Es miércoles por la mañana y este agricultor de 66 años ayuda a su hermano mayor a colocar la tolva para pasar el grano del camión al silo. “Son tiempos difíciles. Ha subido el precio de los combustibles, los seguros, hasta la reparación de la maquinaria, que es carísima”, lamenta Chip, que explica que los aranceles y la guerra contra Irán están detrás de esta escalada inflacionaria y de la caída de márgenes que ha golpeado a los agricultores de Iowa.
Lo que sucede en Washington queda muy lejos de la granja de Chip. Las conversaciones de los agricultores del Estado del maíz no parecen prestar mucha atención a los excesos y exabruptos de Donald Trump. Tampoco parecen entusiasmados por las elecciones de medio mandato que se celebran en menos de tres semanas y que sitúan a este Estado del Medio Oeste del país como uno de los territorios clave para que los demócratas recuperen el control del Senado de Estados Unidos.
Esta es la América rural, la de miles de granjas de maíz y soja repartidas por una región de tendencia conservadora, pero que votó en masa a Barack Obama hace casi dos décadas. Hoy los granjeros están más preocupados por las facturas. Su vida gira en torno a eso. Costes y precios de venta. Lo demás es irrelevante. Y todos sus recibos se han encarecido: los combustibles, fertilizantes, seguros, reparaciones y materias primas. Es algo que les angustia.
Chip Hoffman forma parte de la tercera generación de una familia de agricultores. Ahora que su hermano Charlie está jubilado, su hija le echa una mano de vez en cuando. Mientras explica su situación, su mujer está a unos metros colocando calabazas anaranjadas en un carromato. Se acerca la fiesta de Halloween y quieren tenerlo todo listo. La granja está junto a una estrecha carretera secundaria a poco más de 30 kilómetros de Cedar Rapids, la segunda mayor ciudad de Iowa. Junto a la vivienda recién pintada de blanco, hay un cobertizo con aperos y maquinaria. A las afueras descansan varios tractores y cosechadoras.
Chip lamenta los aranceles de Trump, pero también cree que la guerra contra Irán está perjudicando la economía, lo que está impulsando a los demócratas en las zonas rurales.
“No creo que vayan a cambiar mucho las cosas pase lo que pase”, suelta Chip cuando se le pregunta por las elecciones de medio mandato. Explica que gestionar la granja es duro y más después de varios años con alta inflación. No cree que la actual sea la peor crisis que han vivido, pero reconoce: “Aunque los tiempos pasados también fueron duros, las cosas eran más baratas y se vivía más tranquilo. Ahora es todo mucho más complicado”.
Ryan Marquart, otro agricultor de 44 años, tampoco es optimista. “Los aranceles son un desafío”, explica desde una de sus dos granjas situada a pocos kilómetros de Van Meter, una pequeña localidad en el centro de Iowa. Un gran perro blanco vigila la casa, pero está más pendiente de jugar con los extraños que de impedir el acceso.
Marquart sabe de lo que habla. Pertenece a la cuarta generación de agricultores. “Cuando cultivas, planificas a lo largo de varios años. Comercializas la cosecha del año pasado, trabajas con la producción de este y estás decidiendo qué vas a hacer el año próximo y empezando a vender las cosechas del siguiente”, cuenta el granjero vestido con botas de agua y camiseta roja. “Los aranceles y todos los vaivenes comerciales hacen que sea más difícil planificar. Simplemente no sabes dónde va a acabar la cosa”, se queja mientras su hijo asoma la cabeza por una de las habitaciones de la casa.
“Con la Administración Biden vimos precios altos de los insumos, pero también subieron los márgenes. Así que había un espacio para planificar. Pero con la Administración Trump no es así”, asegura.
Matt Russell reparte el tiempo entre su explotación agrícola y la dirección del sindicato de granjeros de Iowa. Señala que el campo vive una de las peores recesiones en décadas. “En la agricultura americana pasamos por ciclos. No es rentable cada año. A veces ganas mucho dinero y a veces pierdes mucho. Pero este no es un ciclo normal. Quizá habría sido un momento difícil, pero debido a decisiones políticas, se ha convertido en una recesión muy seria”, apostilla.
Russell está atareado estos días de final de cosecha y en plena campaña electoral. “Es un momento tremendo para que los estadounidenses decidan en estas elecciones si quieren continuar con lo que está pasando o hacer un cambio”, señala. ¿Pero es posible un cambio? “Estamos viendo evidencia en Iowa de que cada vez más personas están interesadas en conseguirlo”, apostilla.
Pertenece a la quinta generación de agricultores en Iowa y, aunque durante unos años vivió en el oeste del país, ha regresado para continuar con la herencia familiar. Explica por qué los granjeros tienen tanta influencia: “Cuando un agricultor habla sobre lo que está haciendo sobre su voto o explica su análisis de las implicaciones de las políticas, otros habitantes de Iowa prestan atención a eso. Así que sabes que no es solo el voto de los agricultores; es el voto rural de Iowa”.
Russell admite que los agricultores están alzando la voz y responsabilizan a la Administración Trump por algunas de las decisiones políticas que les afectan. Y se pregunta: “¿Va a afectar eso al voto rural? Creo que aún no lo sabemos, pero claramente hay un movimiento en marcha. Desde luego, las encuestas están mostrando un giro hacia los demócratas; es una evidencia. ¿Pero será suficiente para cambiar el resultado de las elecciones? Lo sabremos en noviembre”.
Ese voto del que habla Russell es importante en Iowa, donde casi el 37% de la población reside en zonas rurales, según datos recopilados por The National Conference of State Legislatures (NCSL) con base en las cifras del Censo. En ese Estado, además, un alto porcentaje, el 64%, de los votantes registrados vive en áreas rurales, de acuerdo con cifras de Rural Democracy Initiative citadas por la NCSL.
De Estado bisagra a territorio de Trump
Jamie Kuiper también es agricultor, tiene 64 años y se toma la vida con calma. Está jubilado y no tiene hipotecas que le amarguen a final de mes. Acaba de ser abuelo y eso ahora es lo único que le preocupa.
“Me gustaría ver algún cambio en política. El cambio no es algo malo. El problema es que cuando tienes a la misma gente dentro durante mucho tiempo, las cosas simplemente no se hacen como deberían. A veces, cuando llega gente nueva, es más probable que las cosas cambien”, dice desde su granja de Atkins, a unos kilómetros de Cedar Rapids. “Y no sabes si el cambio es para bien o para mal hasta que ocurre. Sabes, me gustaría ver a diferentes personas entrar”.
Josh Turek es la apuesta de los demócratas para conseguir ese cambio al que se refiere Kuiper. Es el candidato al Senado por Iowa que lidera las encuestas. Aunque su ventaja sobre la aspirante republicana, Ashley Hinson, se está reduciendo en las últimas semanas.
“Es un momento peligroso para ser agricultor en Iowa”, ha asegurado Turek durante la campaña. “Los aranceles están devastando los mercados de materias primas, y los agricultores de soja de Iowa están en una situación financiera muy difícil. Y esto no hará más que empeorar”, ha indicado este exatleta paralímpico ganador de dos medallas con el equipo de baloncesto estadounidense en sendos Juegos Olímpicos.
La contienda electoral está muy reñida. Por eso, el presidente Trump anunció esta semana que viajará dos días a Iowa para tratar de movilizar a los republicanos descontentos en un intento desesperado por mantener el control del Senado.
Otra estrella del Partido Demócrata en este Estado es Rob Sand. Tiene 44 años, es alto, delgado y cara de no haber roto un plato. Fue modelo en Europa, pero viste como un agricultor, con camisas de cuadros y pantalones vaqueros. Algunos le llaman el Kennedy del Medio Oeste. Los sondeos le sitúan en cabeza en la carrera para convertirse en el próximo gobernador de Iowa, un Estado teñido de rojo republicano desde hace más de una década.
“El mayor problema que tenemos hoy en día para la agricultura son los aranceles”, dice Sand a preguntas de EL PAÍS. “La solución contra eso es tener representantes con carácter para plantarse desde el principio frente a la Administración y contra los aranceles, y hablar de lo perjudiciales que son para el Estado”, dice en un encuentro de campaña con electores.
Iowa solía ser un Estado bisagra, hasta la irrupción de Donald Trump en la política estadounidense hace una década. Desde entonces, los republicanos han ganado tres elecciones consecutivas. “La parte oeste es definitivamente diferente de la parte este, y la forma en que siempre ha sido Iowa es que, si estás cerca de las grandes áreas metropolitanas del Estado, votan de forma diferente a la zona rural”, sostiene Kuiper. “Aunque tengo mi granja, siempre he trabajado en la ciudad, así que veo las cosas de forma diferente a la que lo haría un verdadero agricultor”.
La granja de Kuiper lleva en su familia 130 años y parece un escenario de película. El granero y el resto de construcciones pintados de rojo están cuidados. Llama la atención la pulcritud de las instalaciones. “Mi bisabuelo compró la finca en 1895, y luego mi abuelo se la compró a él. Mi padre hizo lo mismo y así sucesivamente. Así que ahora mi hija y su marido viven allí con nuestro nieto. Así que mi nieto será la sexta generación”.
Como demuestra la familia de Kuiper, la agricultura es el principal motor económico del Medio Oeste. Iowa destaca por el cultivo del maíz, la soja y las granjas de cerdos. Durante la mayor parte del siglo XX, el sector agrícola ha sufrido varios ciclos de auge y crisis, explica Jeff Bremer, profesor de Historia de la Universidad Estatal de Iowa.
La peor, sin duda, fue la que precedió a la Gran Depresión de principios del siglo pasado, pero durante los ochenta el precio de los productos agrícolas cayó drásticamente y provocó una debacle en el campo estadounidense.
“Las altas deudas y los altos tipos de interés dejaron a los agricultores en crisis. Sus ingresos colapsaron, al igual que el valor de las tierras agrícolas. Todo esto provocó la gran crisis agrícola de los años 80″, recuerda Bremer. “La depresión, el suicidio y el hambre eran comunes. La crisis agrícola provocó una crisis económica en los pueblos pequeños, que perdieron el 41% de sus gasolineras y el 27% de los supermercados”. En aquella época hubo una fuga de gente que abandonó el campo. Iowa perdió población. Ahora la situación no es tan sombría, dice Bremer. “Pero es bastante desafiante”.
El profesor universitario describe que “el precio del maíz y la soja es bajo. La mayoría de los granjeros perdió dinero en 2024 y 2025. Los altos consumos de fertilizantes y los altos costes del combustible lo harán aún más difícil. Las deudas están aumentando y los mercados de exportación están a la baja. Los tipos de interés también están subiendo”, enumera.
Aunque, agrega, a diferencia de las crisis pasadas, “los valores de las tierras agrícolas no han caído mucho. La mayor parte de las tierras agrícolas de Iowa están pagadas y hay un mayor apoyo federal a los productores, con la Administración Trump enviando pagos directos a los agricultores. Pero los tiempos son difíciles. Las bancarrotas agrícolas han aumentado”.
La granja de John Kroul es diferente. Se ha tenido que adaptar porque la finca está entre la carretera y el río Cedar Rapids. Así que, además de maíz, cultiva calabazas, flores y hortalizas.
“La situación no es buena. Nuestros costes son demasiado altos entre diésel, fertilizantes y reparaciones. Algunos se preguntan si hay una crisis. Vivimos en ella. La edad media de los agricultores es de 65 años”, dice con un punto de resignación. “Yo soy la tercera generación de granjeros. Mis hijos serán la cuarta, pero cada vez es más difícil”, relata mientras carga un carro de calabazas. “En dos semanas se termina la temporada. Así que tenemos que darnos prisa”.
El negocio de Kroul va justo. Admite que los precios que el mercado paga por el maíz y la soja no están mal; el problema son los costes. “Cuando tienes que pagar un millón de dólares por una cosechadora nueva y luego acumular el coste del fertilizante y el combustible, apenas llegas a cubrir. Ese no es el único problema. Luego tenemos que pagar 150 dólares la hora para que un mecánico arregle los tractores. Somos una granja mediana y somos las que lo llevan peor porque no puedes permitirte un equipo más grande porque no tenemos suficientes acres. Así que intentas hacer que el equipo pequeño funcione, pero claro, luego hay muchas reparaciones”.
Kroul le ayuda en la granja su esposa Charlene, que se encarga de un tenderete donde vende varios tipos de flores, miel y otros productos de la huerta. John tiene 68 años y está dispuesto a retirarse, pero le preocupa la herencia que le dejará a su hijo. “Los impuestos son muy altos. Tendría que pagar un 40% del valor y no puedo permitírmelo”.
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Los resultados de las elecciones de noviembre determinarán la dirección política del estado.
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Open Questions
- ¿Lograrán los demócratas capitalizar el descontento rural en las elecciones?
- ¿Qué impacto real tendrán las políticas de aranceles a largo plazo?





