La contradicción electoral en Brasil: Lula y Flávio Bolsonaro apuestan por más petróleo
Ambos principales candidatos a la presidencia en 2026 defienden el aumento de la explotación de combustibles fósiles a pesar de la crisis climática global.
Quick Look
En plena campaña para las elecciones de 2026 en Brasil, tanto el presidente Luiz Inácio Lula da Silva como el candidato de extrema derecha Flávio Bolsonaro defienden un aumento en la explotación de petróleo y gas, ignorando la necesidad urgente de abandonar los combustibles fósiles frente al colapso climático.
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Why It Matters
Lula da Silva celebró el descubrimiento de reservas de petróleo y gas natural en el pozo Morpho en agosto, comparándolo con hallazgos de 2007.
Con las manos manchadas de petróleo y vestido con uno de los monos naranjas de la petrolera estatal Petrobras, el propio presidente Luiz Inácio Lula da Silva hizo la comparación: “Siento la misma emoción que sentí en 2007”, afirmó en un vídeo oficial durante una visita al buque perforador que explora el pozo Morpho, el 17 de agosto.
Lula comparaba el descubrimiento de vastas reservas de petróleo y gas natural en el sureste y el sur de Brasil en su segundo mandato con el descubrimiento de hidrocarburos el mes pasado durante una nueva prospección, ahora en su tercer mandato y en plena campaña para la reelección. La foto oficial materializa la contradicción de la campaña electoral para la presidencia de Brasil: en 2026, mientras algunas partes del mundo se transfiguran con sequías devastadoras y otras con inundaciones apocalípticas, los dos principales proyectos que se disputan el poder en Brasil defienden que se aumente la explotación de petróleo y gas natural.
Ni Lula, progresista, ni Flávio Bolsonaro, de extrema derecha y candidato declarado a someterse a la tutela de Donald Trump, dicen en sus programas cuándo van a dejar los combustibles fósiles en paz bajo tierra. Lula habla de una “transición energética justa”. Pero, a la vez, afirma en su programa: “El tercer gobierno de Lula ha retomado las inversiones en petróleo y gas. Petrobras ha batido sucesivos récords de producción de petróleo y ha vuelto a invertir en refinado y derivados, en gas y fertilizantes, aumentando así sus pedidos a las industrias naval y petroquímica. A finales de 2025, el país alcanzó la cifra récord de 4.897 millones de barriles equivalentes de petróleo al día y las inversiones de Petrobras crecieron un 79% en el trienio 2023-2025 con respecto al período 2019-2021”.
Y, más adelante: “Entendemos que Petrobras invertirá cada vez más en la exploración de petróleo en tierra y en alta mar para recuperar participación en el control de las reservas nacionales y aumentará sus inversiones en la revitalización de yacimientos maduros”.
Por su parte, Flávio Bolsonaro tiene la osadía de defender el fracking o fracturación hidráulica, una técnica altamente destructiva de extraer petróleo y gas: “El Programa Nacional de Seguridad Energética se centrará en el refinado, el procesamiento, la distribución y el transporte de combustibles y gas, y permitirá la explotación no convencional (fracking) de gas. (...) Y vamos a convertir en energía y empleo nuestra riqueza en petróleo y gas”.
Lula menciona en algunas ocasiones la “transición energética justa”, mientras que Bolsonaro habla de “responsabilidad medioambiental”. Pero claramente son palabras vacías, ya que ninguna de esas expresiones más mascadas que un chicle encaja con la explotación de combustibles fósiles.
La coincidencia entre un candidato considerado de izquierdas y otro de extrema derecha sobre el tema más urgente para el presente de todos y el futuro de los niños —tanto los que ya han nacido como los que aún están por nacer— muestra el atolladero en el que estamos. Ninguno de los dos candidatos que tienen posibilidades de ganar las elecciones de octubre se compromete a fijar un plazo para abandonar definitivamente los combustibles fósiles. Esto significa que el próximo presidente de Brasil seguirá robándoles el futuro a las nuevas generaciones.
La diferencia es que Lula menciona 11 veces el nombre de Petrobras, la empresa brasileña de petróleo, lo que demuestra que el liderazgo debe recaer en el Estado. Y Flávio Bolsonaro no cita a la petrolera ninguna vez, lo que indica que, para el hijo del expresidente Jair Bolsonaro, el liderazgo del proceso debe recaer en el sector privado. Lo que ocurre en Brasil es un retrato de la insanidad del mundo: basta con ver cómo Donald Trump se apropia de casi una cuarta parte del petróleo de Venezuela mientras algunas regiones del planeta arden, literalmente.
Parece que hemos perdido la capacidad de darnos cuenta de lo absurdo que es lo que estamos viviendo. Si un candidato afirmara que va a matar a una parte de la población con sequías e inundaciones, o que en unos años va a reducir la producción agrícola porque trabajará sin descanso para alterar el régimen de lluvias, o incluso que va a tomar medidas drásticas para que los niños tengan una peor calidad de vida en el planeta, sería de esperar que nadie lo votara y que, además, se le impusiera algún tipo de sanción.
Al afirmar que van a aumentar la producción de petróleo y gas, eso es precisamente lo que ambos candidatos están diciendo. Está demostrado, sin lugar a dudas, que en el mundo la quema de combustibles fósiles es la principal responsable del calentamiento global, con algunas consecuencias que hoy ya son más que visibles y otras que avanzan silenciosamente. La única solución es dejar los combustibles fósiles bajo tierra. Aumentar la producción de petróleo y gas, como prometen Lula y Bolsonaro y como hacen la mayoría de los gobiernos de países que tienen yacimientos de petróleo en su territorio, acelerará el calentamiento del planeta, lo que provocará consecuencias en cadena y nos acercará al riesgo de extinción de la especie.
De Flávio Bolsonaro, quienes están comprometidos con la lucha contra el calentamiento global se esperan precisamente eso: lo peor. El gobierno de su padre dejó ampliamente demostrada la capacidad destructiva que tiene la familia y la extrema derecha. El historial de Lula como entusiasta de los combustibles fósiles no es alentador, pero cabría esperar que, en algún momento de este tercer mandato, por fin hubiera aterrizado en el siglo XXI y comprendido qué es el colapso climático. Pero no.
En el vídeo en el que celebra el descubrimiento de hidrocarburos, Lula se encuentra en el Margen Ecuatorial, en la costa de la Amazonia, una “nueva frontera de explotación” de petróleo, con un gran potencial de catástrofe ecológica. Y aún dice: “Esto [el petróleo] es, una vez más, un pasaporte para garantizar un futuro más tranquilo a las familias del pueblo brasileño”. Se olvidó de decir qué futuro.
Podemos ayudar al presidente-candidato: un futuro con más sequías, más inundaciones, más calor, más enfermedades, más muertes; y menos lluvias, menos biodiversidad, menos agricultura. Menos vida.
Open Questions
- ¿Adoptarán otros candidatos posturas ambientales diferentes?
- ¿Cómo afectará la explotación en la Amazonia a las metas climáticas?




