La cultura del ganador en EE.UU. y sus consecuencias geopolíticas
Quick Look
El artículo analiza cómo la cultura estadounidense de ganar a toda costa, ejemplificada por Donald Trump, ha llevado a políticas externas fallidas contra China e Irán, resultando en retrocesos estratégicos y consecuencias internas como la inflación energética que afecta al electorado.
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Why It Matters
El artículo critica la cultura estadounidense de ganar a toda costa, vinculándola con la política exterior de Donald Trump, quien ha promovido narrativas de victoria pese a evidencia en contra, especialmente en sus enfrentamientos con China e Irán.
La ultracompetitiva cultura estadounidense solo admite ganadores. Convertirse en un loser, un perdedor, es cruel estigma. Y como riqueza rima con triunfo, y pobreza con fracaso y falta de entendederas, (casi) todos lo dan todo por el podio. La crueldad de esos sinónimos flanquea la vieja dialéctica del amo (adorable) y el esclavo (despreciado). Recuerden al feliz Trump despidiendo aprendices en televisión: “You’re fired”, ametrallaba.
Para ganar e imperar, la táctica es atacar siempre, nunca admitir el error y cantar victoria en cualquier caso. Así, Trump prodiga mendacidades como la de que Ormuz está abierto y que ha ganado su cruzada contra Irán. No es locura, al menos no solo locura. Más bien cree que impondrá la apariencia de su presunta grandeza a las evidencias universales. Y se convertirá de evidente perdedor en supuesto ganador.
Nadie está obligado a comulgar con sus ficciones. El recibimiento de alfombra roja al presidente chino ha sido espectacular… y kitsch. Mal remedo de los vítores y coronas de laureles que los romanos brindaban a sus generales victoriosos y emperadores venerados. Este reconocimiento solemniza la derrota que ha sufrido ante Xi Jinping. Hace dos primaveras buscó humillarle —como al resto, aunque más intensamente— mediante aranceles desmesurados, injustificados e ilegales, según dictaminó la justicia de EE UU.
A Xi no le tembló el pulso, devolvió la pelota, y se sentó a esperar, confuciano más que marxista. El magnate rebobinó, pactó congelar las medidas agresivas mutuas (hoy la presión arancelaria va empatada), y ahora amplía el plazo de vigencia del statu quo. Cuando para la doctrina trumpista la emergente China era el mayor enemigo estratégico, el primer competidor económico y el único rival tecnológico. Condecorarle implica tragársela.
Algo emparentado sucede con Irán. Primero destruiría en semanas el régimen maligno, que se desplomaría con los bombardeos iniciados el 28 de febrero. Como resistía, buscó eliminar el potencial nuclear del agredido. Como su despotismo teocrático no se dejaba, acabó forjando dos acuerdos de alto el fuego. El último, roto este verano, sustituyó la guerra por el bloqueo marítimo y económico, presentado como más eficaz. Irán replicó, burló el embargo a su petróleo con mil tretas.
Y atacó a sus vecinos árabes consorciados en mil negocios privados con Trump… y disparó contra el más potente, Arabia Saudí, rebeldes hutíes mediante, que ampliaron la crisis al mar Rojo. Washington la abandonó a su suerte (¡cuidado con la memoria de los jeques!), y la inflación de origen energético acaba perjudicando al electorado norteamericano. Llevan siete meses: Goliath retrocede ante David.
What to Watch
AI outlook — possibilities, not facts
La presión arancelaria entre EE.UU. y China permanecerá estancada en el corto plazo
Likely · Within months
Los hutíes continuarán atacando en el Mar Rojo, manteniendo la presión sobre las rutas marítimas globales
Possible · Within weeks
Open Questions
- ¿Hasta qué punto la inflación energética afectará las próximas elecciones en EE.UU.?
- ¿China aprovechará la percepción de debilidad estadounidense para expandir su influencia?
- ¿Irán encontrará nuevas formas de sortear el bloqueo económico y marítimo?







