La concentración de recursos en Oriente Medio y el desgaste de municiones siembran dudas sobre la capacidad de Washington para contener a China en el Pacífico.
El conflicto en Oriente Medio y el desgaste de municiones de EE.UU. por la guerra con Irán obligan a retirar el último portaaviones del Pacífico, generando inquietud entre los aliados asiáticos ante el expansionismo de China.
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La atención militar de Washington en Oriente Medio está tensionando las reservas de defensa y vaciando de recursos estratégicos el escenario del Pacífico.
El subsecretario de Defensa de EE.UU. para Asuntos Políticos, Elbridge Colby, fue tajante la semana pasada: “América no se está desvinculando de Asia. No nos vamos; de hecho, nos estamos atrincherando”.
Pero las palabras de este alto cargo del Pentágono, pronunciadas durante una visita a Filipinas, contrastan con la realidad: hoy la presencia estadounidense en Asia está en entredicho. Y gran parte de la culpa la tiene la guerra de Irán.
El conflicto de Oriente Medio está monopolizando la atención y los recursos militares de Washington, lo que está dejando desatendidos otros escenarios teóricamente prioritarios, como el Pacífico.
La prueba más simbólica de ello es la retirada del último portaaviones estadounidense en aguas asiáticas, el USS George Washington. Este buque de guerra con capacidad para transportar a 6.000 personas y 90 cazas hace días que abandonó su base en Japón para dirigirse hacia el mar Arábigo. Allí reemplazará al USS Abraham Lincoln, que se encuentra en una situación límite tras más de 260 días desplegado: su tripulación se queja de la falta de comida y de unas condiciones de vida indignas.
La ausencia de portaaviones estadounidenses en el Pacífico probablemente será temporal, y además el Pentágono todavía mantiene fuerzas sustanciales en la región –incluidos submarinos, destructores y buques anfibios–, pero el episodio ha sembrado inquietud entre los aliados asiáticos de Washington, que temen que China intente sacar partido de la situación.
No en vano, este verano Pekín ha protagonizado diversos momentos de tensión con sus vecinos. La semana pasada, realizó unos ejercicios navales con Indonesia al este de Taiwán. A inicios de mes, llevó a cabo unas maniobras militares cerca del arrecife de Scarborough, cuya soberanía se disputa con Filipinas. A finales de julio, durante unos ejercicios conjuntos con Rusia, un destructor chino disparó fuego real frente a la isla japonesa de Okinotori. Y unas semanas antes, un submarino lanzó un misil balístico de largo alcance en el Pacífico Sur.
Esta exhibición continuada de músculo militar es alarmante de por sí, pero todavía preocupa más si se tiene en cuenta que EE.UU. hoy no parece estar en la mejor posición para prestar la suficiente ayuda a sus aliados en caso de una escalada.
El principal problema es que la guerra de Irán ha hecho estragos en las reservas de municiones antiaéreas del Pentágono. Según fuentes militares consultadas por la CNN y la agencia Reuters, EE.UU. ha consumido ya el 80% de sus misiles THAAD y el 65% de sus Patriot. Asimismo, el ejército estadounidense ha utilizado prácticamente la totalidad de sus proyectiles de largo alcance y alta precisión.
Ante esta sangría, el Departamento de Defensa está presionando a la industria armamentística para que adelante sus entregas y acelere el ritmo de producción. Sin embargo, los analistas creen que esta escasez será muy difícil de resolver a corto plazo: reponer por completo las reservas de las municiones más sofisticadas, como los Patriot, podría llevar años.
Todo ello amenaza con echar por tierra una de las principales premisas de la doctrina militar de EE.UU.: la de poder librar de forma simultánea dos guerras de gran envergadura.
Si, por ejemplo, ahora China decidiera invadir Taiwán, Washington tendría serias dificultades para proporcionar una respuesta militar efectiva. Antes tendría que desentenderse de Oriente Medio para redirigir sus recursos al Pacífico, y quizás ni por esas: si no ha sido capaz de doblegar a una potencia mediana como Irán, ¿cómo va a hacer frente a una superpotencia como China, que dispone del armamento más avanzado?
De hecho, nadie duda de que Pekín ha tomado buena nota de las debilidades que EE.UU. ha mostrado en su campaña contra Teherán, como su falta de cintura ante los ataques con drones, armas que, precisamente, China produce en masa.
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El Pentágono presionará a la industria armamentística para acelerar la producción de municiones.
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