La impaciencia política: Feijóo y el 'tic tac' del sanchismo
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El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, predice que las próximas Navidades serán las últimas de Pedro Sánchez en La Moncloa, mientras el autor critica la prisa de la oposición y el mutismo del gobierno ante diversas controversias.
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Why It Matters
El artículo analiza la situación política española, destacando la predicción de Alberto Núñez Feijóo sobre el fin del mandato de Pedro Sánchez y la crítica al gobierno por su percibido mutismo ante controversias.
Ya está a la venta la lotería de Navidad. El apresuramiento del presente no da tregua y procrastinar es de holgazanes. Lo que pueda hacerse hoy, no se deje para mañana. Si compramos las entradas de los conciertos a uno y dos años vista, nada de raro tiene hacerse con los décimos del gordo en pleno mes de julio. Por cierto, si quiere asegurarse el reintegro, sepa que este año el gordo acabará en 2, el número de campeonatos del mundo que ha ganado la selección española de futbol. De entrada debía finalizar en 7, el dorsal de Ferran Torres, el goleador contra Argentina. Pero los gerifaltes del sorteo han decidido que ese número no esté tan siquiera en el bombo. Hay que castigar al todavía jugador del Barça y héroe de la final por acudir a celebrar el título en Madrid ataviado con una gorra de tipografía y eslogan trumpista: “Make Spain Great Again”.
Dicha la tontería, vayamos a lo supuestamente serio. Tuvimos ayer valoración del fin de curso político por parte de Alberto Núñez Feijóo. Y sin duda influyó en él que se estén despachando los boletos del Gordo. Pronosticó el líder popular que las próximas navidades serán las últimas de Pedro Sánchez en La Moncloa. Al gallego se le está haciendo tan larga y pesada la espera que aprovecha los discursos para eliminar estaciones enteras. Ayer borró de un plumazo lo que queda de verano y el otoño enterito. En su entorno alguien debería advertirle, aunque él ya lo sepa, que la prisa del caminante no aviva el paso del buey.
Nada peor para un líder opositor que el enfado, la prisa y el dar por hecho lo que todavía no es más que una posibilidad. Sobre el enojo, sincero o afectado, debería Feijoo empezar a vestir el hábito presidencial, siguiendo el consejo anglosajón de parecerlo hasta serlo (“fake it until you make it”). Buen ánimo y menos cuerpo a cuerpo. Dejar en manos de su soldadesca la pelea callejera y los degollamientos y atreverse a cabalgar las nubes, que es la mejor manera de mantenerse seco, pues siempre llueve hacia abajo.
Respecto a la prisa, aparcarla en un cajón, Pues ya estamos adentrándonos en los minutos de la basura de la legislatura, por utilizar la terminología de los cronistas del baloncesto, y es el gobierno el que se está ahogando con su propia cuerda. Y sobre afirmar que lo tiene hecho, menos lobos Caperucita. Profetizar cuantas navidades le quedan a Sánchez en la Moncloa es excesivo y arriesgado. Es esta una lección que debiera estar aprendida. Y caso de necesitar repasarla, basta con viajar mentalmente al escrutinio y a la hemeroteca de 2023.
Si Feijóo actúa como si fuese posible adelantar el cronómetro a base de elevar el tono y el volumen, el sanchismo vive la ensoñación contraria: creer que puede parar el reloj comportándose como los monos sabios japoneses. Hace semanas que el ejecutivo actúa como si fuese una recreación de Mizaru, Kikazaru e Iwazaru, los primates que no ven, no oyen y no hablan del mal. ¿Zapatero? Seguimos confiando. ¿La directora general de la Guardia civil y su número dos? Ídem. ¿Las aventuras de la pocera Leire? Habladurías y “lawfare”. ¿Ábalos y Cerdán? ¿Quiénes son esos de los que usted me habla? Vive el gobierno encadenado a un mutismo, ceguera y sordera cada vez más doliente incluso para quienes están dispuestos a agarrarse a cualquier cosa para seguir defendiéndolo a capa y espada.
Cierto que, elegida la vía del enroque, Sánchez no está en condiciones de hacer otra cosa que emular a Mizaru, Kikazaru y Iwazaru. Cesar a la directora general de la Guardia Civil o abandonar el cierre de filas entorno a Zapatero, equivaldría a aceptar que el oleaje de la corrupción moja ya las perneras del gobierno. Y eso, en términos de narrativa, lo único que importa ya hoy en política, debilitaría la estrategia seguida hasta ahora que insiste, en unos casos con más convicción que en otros, en situar todas las cuitas judiciales en el terreno de la persecución que la derecha social, mediática, política y judicial practica con el sanchismo. Sólo que este discurso ya no cuela, no al menos el grosero intento de hacer pasar la parte por el todo.
Tic, tac, tic, tac. De aquí a las elecciones las horas seguirán siendo de sesenta minutos, los días de veinticuatro horas y los meses de treinta o treinta y un días. Pero como en el chiste de Eugenio se nos harán más largos. Atrapados como estamos entre quienes quisieran torpemente quemar el calendario y los que fantasean maliciosamente con congelarlo.





