
La escritora y humorista reflexiona en su nuevo libro sobre la amputación de su pierna derecha, la compasión, la hostilidad de las ciudades y la politización del cuerpo.
Tres años después de perder la pierna derecha en un accidente, Nerea Pérez de las Heras publica 'Fantasma', un ensayo testimonial donde aborda la política de la discapacidad, la hostilidad urbana y la compasión social.
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Nerea Pérez de las Heras sufrió la amputación de su pierna derecha en 2023 debido a un accidente con la hélice de un barco.
Saltó a la fama con el monólogo Feminismo para torpes y conduce varios pódcasts de éxito, entre ellos Saldremos mejores con Inés Hernand. La hélice de un barco le seccionó la pierna derecha en 2023. Ahora vuelca su experiencia en Fantasma (Alfaguara), un ensayo sobre la política de la discapacidad.
Tres años después del accidente que le costó la amputación de su pierna derecha publica Fantasma, un libro testimonial. ¿Qué ha significado volcar su vivencia en un objeto físico, más allá de lo etéreo de las redes?
Escribir es mi trabajo y también mi vocación. Así que cuando me pasó algo que era material literario de primerísima calidad, ¿cómo no iba a escribirlo? Me di cuenta casi en el momento, en el hospital ya empecé a manosearlo y escribí algunas cosas, aunque todo eso está en la basura. Este libro no es terapéutico; si lo fuera tendría que pagar yo a la gente y no al revés. Tenía que esperar, hacer algo que mereciera la pena imprimirse. No quería hacer porno del sufrimiento sino crear algo literariamente valioso y que contuviera mensajes importantes.
¿Cómo se despide una de una parte de su cuerpo? ¿Se llega a asimilar, o es siempre un fantasma?
Se llega a metabolizar. Todos estamos constantemente digiriendo pérdidas: de personas, de aspiraciones o de capacidades. La diferencia es que la mía es muy visible, y el cuerpo incompleto nos despierta un terror radical.
A día de hoy, al mirarse al espejo, ¿qué le sugiere su propio cuerpo?
Voy tan arrastrada por el día a día que tengo que reservarme momentos en la playa, en la ducha o en el espejo para observarme con calma. Tengo la ausencia muy naturalizada, pero a veces me miro y todavía queda extrañeza. Tres años parecen un montón, pero es poco tiempo.
Analiza distintas miradas hacia la discapacidad: pena, compasión, admiración... ¿Cuál le molesta más?
Me da un asco todo ese rollo de la superación... Me jode la compasión, pero me jode aun más la mirada de admiración cuando subo las escaleras del metro. Deja de mirarme a mí sorteando obstáculos como una jabata y mira con rabia esas escaleras, pregúntate por qué hay todavía estaciones sin ascensor en el Metro de Madrid porque tarde o temprano esto te va a llegar también a ti: la vejez, la dependencia, una enfermedad o un carrito de bebé. La ciudad es muy hostil, mira a tu alrededor.
Tardó seis años en salir del armario de la homosexualidad y dos meses en salir del de la discapacidad. ¿Es el segundo un armario en el que es imposible quedarse?
Es casi más complicado estar dentro que fuera de ese armario porque es incomodísimo. Hay muchas discapacidades invisibles a las que nadie hace ni caso. Cuando reclamo mi asiento reservado en el metro, siempre pregunto: «¿Lo necesitas?», porque igual esa chavala de 22 años que mira el móvil ahí sentada tiene una endometriosis de caballo. Está bien salir del ensimismamiento y vivir mirando un poquito más a los demás.
Vivimos en una sociedad paradójica: miramos constantemente a los demás, pero quizá no los vemos...
Ninguna movida de autoayuda, ninguna secta new age de la microbiota ni ninguna criptomoneda que te haga rico te salva de vivir en sociedad. Elon Musk respira el mismo aire que nosotras, el que él mismo está convirtiendo en veneno. A medida que ganas dinero, la ilusión de separarte de los demás es más fuerte: empiezas por el hotel adults only, de ahí vas a una villa aislada, y de ahí a Marte, como el cabrón este, pero nada te salva de los demás. Llega un virus, la contaminación o el cambio climático y te mata igual.
Como en Feminismo para torpes, en Fantasma también recurre a la ironía. ¿El humor sigue siendo su principal herramienta de demolición?
La comedia es un impulso natural para mí, incluso una herramienta de cobardía, aunque el humor en Fantasma es más amargo. Madurar pasa por entender que no puedes utilizar el humor para todo, ciertas cosas hay que afrontarlas con drama.
¿Seguimos siendo torpes con el feminismo, 10 años después?
Hemos dado un par de pasos para atrás, la reacción viene fuerte, pero es que tiene herramientas mucho más potentes: este aparatito que llevamos todos en el bolsillo está controlado por gente profundamente antifeminista. Es un milagro que sigamos avanzando.
En el libro habla del crip time, el tiempo tullido, que analiza la relación diferente con el reloj ante necesidades diversas. En tiempos de prisa y eficiencia, ¿es la discapacidad una forma de sabotear el sistema?
Puede ser, sí, se lo he escuchado a alguna activista anticapacitista. Cuando tienes una discapacidad no tienes más narices que estar pendiente de los ritmos de tu cuerpo, y haríais todos bien en estar atentos a cómo nos organizamos porque la capacidad son dos minutos de la vida, a todos se nos va a terminar.
¿Tener un cuerpo doliente la ha llevado a politizarse aún más?
No noto tanta diferencia en mí, pero sí en la atención que recibo. La gente me ha convertido en un símbolo de ciertas cosas, y yo aprovecho esa atención para plantear preguntas que me interesan. Decía lo mismo antes, pero ahora funciona mejor porque ya no es teórico, lo vivo en el cuerpo y eso hay que aprovecharlo.
¿Le preocupa la reacción o la violencia en el espacio público ante sus posicionamientos políticos?
Yo no recibo mucho hate, tengo suerte en eso. Además, soy una señora hecha y derecha, es dificilísimo tirarme abajo. Sí me preocupan las comunicadoras jóvenes o las políticas a las que esperan en el portal. La tolerancia a la violencia verbal en redes es tan alta que necesitan pasar a la calle. Están hartos de llamarnos puta por Instagram, ahora les apetece darnos una hostia.

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