Un estudio liderado por el Parc Sanitari Pere Virgili y el VHIR destaca la eficacia de la prueba SPPB para personalizar los tratamientos oncológicos en función de la fragilidad.
Un estudio liderado por el Parc Sanitari Pere Virgili y el Vall d’Hebron Institut de Recerca concluye que una sencilla prueba física de diez minutos permite identificar el riesgo de mortalidad al año en pacientes mayores con cáncer.
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El envejecimiento de la población impulsa la necesidad de adaptar los tratamientos oncológicos a la fragilidad de los pacientes en lugar de basarse únicamente en la edad cronológica.
En el 2022, Agustí Rovira, un vecino de Valldoreix (Barcelona), se convirtió en el primer nonagenario en recibir un trasplante de riñón en España. Normalmente su candidatura habría sido descartada por la edad, pero los especialistas del hospital Clínic concluyeron que la buena condición física del paciente y el óptimo estado de sus arterias y vasos sanguíneos garantizaban la viabilidad del trasplante. En un futuro próximo, el DNI no será, como hasta ahora, el factor determinante a la hora de decidir los tratamientos, sino el grado de fragilidad de los pacientes.
“Cada vez habrá más personas mayores con cáncer porque la población envejece, los tratamientos son más efectivos y alargan la vida y porque mejora el diagnóstico en varios tipos de tumores”, contextualiza el geriatra Marco Inzitari, director general del Parc Sanitari Pere Virgili (PSPV). “Se trata de no poner a todo el mundo en el mismo saco –precisa–. Ser mayor y tener un cáncer no significa ni que haya que tirar la toalla ni que haya que ir a por todas con tratamientos agresivos. Existen herramientas para decidir el tratamiento más adecuado para cada persona independientemente de su edad o el tipo de cáncer que padezca”.
El criterio es lo que la OMS define como capacidad intrínseca, la combinación de las capacidades físicas y mentales que posee una persona en un momento determinado. Puesto que todos cuantos lleguen a viejos y tengan morbilidades pasaran un test para determinar su nivel de fragilidad con vistas a orientar el abordaje de sus enfermedades, interesa que las pruebas no solo sean precisas en cuanto a resultados, sino también tan rápidas y sencillas como sea posible.
En este sentido, un estudio liderado por el PSPV y el Vall d’Hebron Institut de Recerca (VHIR) concluye que una sencilla prueba física que puede realizarse en menos de diez minutos en cualquier consultorio y sin necesidad de médico –personal de enfermería o fisioterapia pueden hacerse cargo perfectamente– identifica con precisión a las personas mayores con cáncer que presentan un mayor riesgo de fallecer en el plazo de un año, dando paso a un abordaje más personalizado de la oncología geriátrica.
Un total de 229 pacientes de más de 6 años con tumores de pulmón, próstata, colorrectal y otros cánceres gastrointestinales, tanto ingresados en el hospital como atendidos en consultas externas, fueron evaluados mediante tres herramientas diferentes de valoración de la fragilidad: SPPG, G8 e Índice de Fragilidad-VIG.
Los investigadores efectuaron un seguimiento de un año para determinar los resultados. Con predicciones similares, la SPPB y el IF-VIG (utilizado normalmente en la atención primaria) mostraron mayor capacidad de predicción que el G8 (herramienta específica para càncer), reforzando su valor como herramientas prácticas de apoyo a la toma de decisiones clínicas.
Pero mientras la IF-VIG se basa en una evaluación geriátrica más completa, que requiere más tiempo y recursos, la SPPB es una sencilla evaluación fundamentada en el equilibrio, la velocidad de la marcha y la fuerza muscular de las extremidades inferiores.
Esta prueba “destacó por su combinación de precisión, rapidez y facilidad de uso, lo que la convierte en una herramienta especialmente valiosa para incorporar la valoración de la fragilidad a la práctica clínica habitual, sobre todo cuando no es posible realizar una evaluación geriátrica integral”, señalan los investigadores.
“En unos casos el tratamiento puede ser más agresivo porque hay reserva fisiológica y el paciente podría vivir más y con mejor calidad y en otros pacientes, aunque sean más jóvenes, el cáncer avanzado puede hacer que el tratamiento agresivo provoque mala calidad de vida y sea preferible un abordaje más conservador orientad al confort. Estas herramientas son muy útiles a la hora de tomar decisiones”, precisa Inzitari, investigador principal del proyecto Profit, una iniciativa europea financiada por la Asociación Española contra el Cáncer y que también cuenta con la participación del Servei Andorrà d’Atenció Sanitària, el Institut Català d’Oncologia (ICO) en Girona y el hospital Universitario de Navarra.
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