
AI-generated summary
El artículo describe un patrón de ataques a centros de datos en el contexto de conflictos bélicos, comenzando con ataques iraníes a instalaciones de AWS en febrero de 2024, seguido por acciones rusas desde marzo y ahora la respuesta ucraniana contra Yandex. Estos ataques forman parte de una estrategia cada vez más común de atacar infraestructuras digitales como objetivos militares.
Ucrania ha asestado un importante golpe a la infraestructura digital rusa. Los drones ucranios han lanzado desde el pasado jueves una serie de ataques que han destrozado tres grandes centros de datos de Yandex, conocido como “el Google del Kremlin”, a las afueras de Moscú. La aplicación de transporte de viajeros Yandex Taxi y el servicio de pagos del grupo, Yandex Pay, han dejado de funcionar temporalmente. El presidente ucranio, Volodímir Zelenski, incluso aseguró que los bombardeos desactivaron bots rusos.
No es la primera vez que un ejército regular ataca centros de datos. Moscú lleva haciéndolo desde marzo, según ha denunciado Kiev en varias ocasiones. Y, antes que Rusia, lo ha hecho Irán. El pasado 28 de febrero, tras ser blanco de los bombardeos de EE UU e Israel que iniciaron la guerra, Teherán destruyó con drones tres centros de datos comerciales de Amazon Web Services (AWS) en Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, lo que causó problemas en el funcionamiento de los servicios en la nube de la región y afectó a los sistemas de pago en el Golfo Pérsico. El ataque tuvo un efecto cascada que se dejó notar en varias zonas de disponibilidad de AWS, incluyendo distintos países de América y la costa este de EE UU.
El hecho de que Rusia y Ucrania estén destruyéndose mutuamente estas infraestructuras, y de que Irán decidiera atacar esas instalaciones nada más arrancar el conflicto bélico (se habla también de bombardeos en Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí), muestra que los centros de datos están en la mirilla.
“Los centros de datos son objetivos secundarios, justo después de los sitios militares evidentes”, dijo a Forbes Matt McCrann, antiguo ejecutivo de la empresa de defensa contra drones DroneShield, con experiencia en Estados Unidos y Oriente Medio. También ilustra otra cuestión, en el caso de Irán: en la era moderna, ni siquiera una distancia de 11.000 kilómetros es garantía de impunidad. “Los ataques demostraron que la distancia física de un escenario de conflicto ya no es garantía de no recibir los impactos de la guerra”, asegura Tomáš Foltýn, analista de ESET.
El bombardeo iraní de los tres centros de datos de AWS no solo provocó interrupciones de servicios en Oriente Medio y otras partes del mundo, como EE UU, donde servicios como Snowflake, Claude (de Anthropic) o algunas aplicaciones financieras funcionaron con dificultad. Los drones también destruyeron para siempre parte de los datos que se almacenaban en esas instalaciones, algo que no está claro que haya sucedido en el caso de los centros de datos rusos. El ataque sirvió de recordatorio de que la llamada computación en la nube es solo una metáfora: lejos de ser etérea, consta de infraestructuras físicas. Si estas fallan, se puede perder todo.
Un nuevo objetivo militar
Los centros de datos son las tripas de la nube: instalaciones parecidas a naves industriales de última generación repletas de racks de servidores (una especie de ordenadores altos como armarios). En esos procesadores se ejecutan programas en remoto, como los servicios de streaming, y se almacenan datos, como los archivos que se guardan online. Eso es fundamental para el funcionamiento de los servicios online, desde el correo electrónico hasta un editor de textos o una aplicación de banca: si los centros de datos no guardaran archivos y ejecutaran programas en remoto, estos deberían alojarse físicamente en los dispositivos. Sería imposible que los móviles hicieran tantas cosas; deberíamos llevar encima discos duros portátiles.
Además de ejecutar programas y alojar datos, los centros de datos han sumado en los últimos tiempos una tercera función: entrenar y ejecutar modelos de inteligencia artificial (IA), lo que requiere equipar el centro de datos con microprocesadores mucho más potentes (y que consumen más energía). De ahí que el académico Eliezer Yudkowsky, preocupado por que los sistemas de IA puedan rebelarse contra la humanidad, haya sugerido la opción “destruir con un ataque aéreo los centros de datos” de los países que no limiten la potencia de cálculo de estos programas.
Al ser instalaciones intensivas en alta tecnología, que además necesitan un suministro ininterrumpido de energía, los centros de datos son de las infraestructuras más caras que hay. Y eso los convierte en un objetivo atractivo. “Atacarlos tiene mucho sentido desde el punto de vista militar iraní. Son inversiones milmillonarias que surgen de la visita de Trump al principio de su mandato y que van asociadas a otros negocios personales de Trump y su familia en la región”, señala el coronel Ángel Gómez de Ágreda, autor de Un mundo falaz. El nuevo orden global en la era de los algoritmos y la manipulación (Planeta).
Gómez de Ágreda coincide en que los centros de datos están ya entre los objetivos militares. “Se puede argumentar, además, que los centros de datos son objetivos legítimos (no civiles), ya que proporcionan apoyo a operaciones militares”, añade.
Eliminación definitiva de datos
Cualquier empresa puede contratar con alguna operadora de servicios en la nube espacio en sus servidores para guardar datos. AWS es el líder del mercado mundial, con una cuota del 28%, seguido de Azure, de Microsoft (21%), y de Google Cloud (14%), según datos de Synergy Research Group. Normalmente, las compañías optan por centros de datos lo más cercanos posible al mercado en el que operan para reducir la latencia (el tiempo que tarda un conjunto de datos en ir y volver desde un dispositivo hasta un servidor). Una de las claves del éxito de la expansión de Netflix, por ejemplo, fue establecer acuerdos de larga duración con la propia AWS, lo que le permitió servirse de su infraestructura mundial, de modo que el streaming funcionaba razonablemente bien en prácticamente cualquier país.
Tanto AWS como sus competidores suelen construir los centros de datos de tres en tres, en lo que llaman zona de disponibilidad: tres instalaciones prácticamente iguales a pocos kilómetros, de manera que si alguno de ellos falla, la actividad siga gracias a los otros dos. Los datos también se replican en esos conjuntos de centros de datos por si pasa algo.
Pero una cosa es que falle el suministro energético o se interrumpa el funcionamiento de una instalación por avería, y otra muy distinta es que se destruyan los tres a la vez con misiles. Eso es lo que ha hecho Irán en los últimos seis meses con varias oleadas de ataques, y lo que acaba de hacer ahora Ucrania en Rusia.
¿Hay forma de blindarse contra la posible pérdida de datos? Fuentes de AWS aseguran que su recomendación es que las cargas críticas de datos (las que podrían interrumpir la operativa de la empresa, como aerolíneas o banca) sean siempre replicadas. Se puede hacer en otros centros de datos dentro del mismo país o en otros países. Por supuesto, el coste de hacerlo es superior a no tener copias. “La decisión última es del cliente”, dicen esas fuentes.
Desde que empezaron los bombardeos de Irán, AWS conminó a sus clientes a migrar sus datos a otras regiones. La mayoría lo ha hecho, dicen desde la compañía, y han podido restablecer sus operaciones en otras regiones a partir de copias de seguridad. Pero quienes tenían sus datos allí de forma exclusiva los han perdido. Tras trabajar todo el verano en ello, la tecnológica informó el pasado 15 de septiembre de que era imposible recuperar parte de los datos.
No ha trascendido qué empresas se encuentran entre las damnificadas. Sí se sabe que las que han perdido datos son empresas de Oriente Medio. Y, como los pagos se interrumpieron, se cree que los afectados son bancos y entidades de medios de pago. Irán dijo haber impactado también a empresas israelíes, aunque eso no se confirmó. AWS ha mantenido en secreto el nombre de los clientes afectados.
AI outlook — possibilities, not facts
Los ataques a centros de datos aumentarán como táctica en conflictos futuros
Likely · Within months
Las empresas aumentarán la replicación de datos críticos en múltiples regiones
Very likely · Within weeks

Anthropic warns of AI agents capable of self-replication in household appliances, while Zuckerberg downplays the risk. In Spain, unions demand wage increases of 16-18% linked to the housing protest, and the Government tasks the CNMC with monitoring whether increases in energy costs are passed on to food.

An Anthropic AI model submitted a false murder report to Philadelphia police during automated testing. It took two months for the company to report the incident, prompting criticism from local authorities and new demands from the White House.

David Robinson, former head of security transparency at OpenAI, has resigned from his role, denouncing a “broken” company culture in the AI sector. It warns about security risks and the lack of humility in managing advanced technologies.

A Baidu engineer trained his avatar to continue working after leaving the company, which poses legal risks in Spain related to data protection, image rights, intellectual property and labor relations, according to experts consulted.

IBM celebrates its centenary in Spain with a realistic approach to artificial intelligence, quantum computing and business cost management, according to its president, Horacio Morell.
Experts such as Yuval Noah Harari, Geoffrey Hinton and Bill Gates warn of the existential risks of artificial intelligence, comparing its uncontrolled advance to the Spanish conquest of the Aztec empire and calling for urgent regulation in the face of AI's potential to overcome human control and cause massive damage.