Richard Carapaz gana una etapa del Tour de Francia en Orcières Merlette
نظرة سريعة
- Richard Carapaz (Movistar) ganó una etapa del Tour de Francia en Orcières Merlette tras un ataque decisivo en los últimos kilómetros, superando a otros seis fugados.
- Raúl García Pierna (Movistar) también destacó en la fuga, manteniendo el espíritu de ataque.
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لماذا يهم
La etapa se corrió con ataques incesantes desde Grenoble, con Richard Carapaz y Raúl García Pierna destacando en la fuga. Carapaz ya había ganado en Super Devoluy hace dos años y tiene un historial de victorias importantes.
Bien abrochado el cinturón de seguridad, Eusebio Unzue viaja en el asiento trasero del coche del Movistar que se acerca a los últimos seis de la fuga terrible para darle agua y ánimos a Raúl García Pierna, al ataque un día más. Atacó el cuarto día y así sigue el 18º, en las fugas, sin aliento y tenaz. Unzue, que en los Alpes ha guiado a todos sus campeones, a Perico, a Indurain, a Pereiro, a Valverde, a Nairo, aprovecha la cercanía del joven de Tres Cantos para ofrecerle un discurso que el cámara de televisión desde la moto graba íntegro. “¿Que qué le he dicho?”, explica. “Que aguante hasta donde pueda, que menudos compañeros lleva…”
Los seis que quedan son la última destilación de un día de ataques incesantes desde Grenoble por las gargantas salvajes del Vercors flanqueadas por acantilados verticales calcáreos de un blanco que el sol hace deslumbrante, falsa nieve. Van con él algunos de los habituales, Valentin Paret-Peintre, el ganador del Mont Ventoux el año pasado, que lleva todo el Tour cazando lunares rojos en cada cuesta; Schmid, el suizo que le frustró la alegría a Tejada entrando en los Vosgos; Jorgenson, el lugarteniente de Vingegaard que dedicará ya todas sus energías a la búsqueda de una etapa; Johannessen, el noruego que se turna con su gemelo día a día y ha rozado el podio, y va también Richard Carapaz, a quien todos temen y que a todos puede. Desarrollo tremendo, piernas de dinamita. Cuerpo compacto. Inteligencia de premio Nobel. Corazón. Energía atómica. Sed. Todo de serie. Todo a punto. Un ataque a cuatro kilómetros de la meta. Boom. Solo el francesito de lunares le aguanta. Un segundo golpe, a 3.400 metros. Un esfuerzo de siete minutos a tope. Adiós. No muy lejos, en las mismas montañas que anuncian los grandes Alpes en las que hace dos años ganó la etapa de Super Devoluy, y en una estación de esquí similar, años 60, torres de apartamentos matando las vistas, vida de ciudad en mitad del aire libre, Carapaz, llegado de las montañas del Carchi campesino, gana de nuevo una etapa del Tour.
Cada etapa se corre como una clásica, como si no hubiera mañana. Pero siempre hay un día siguiente. Es el Tour. Y siempre vuelven los mismos. En el Tour de los rebeldes indomables, los que todos los días en fuga convierten cada etapa en una batalla que se pelea hasta el último átomo de aliento, Carapaz es el capitán general, y García Pierna, el más indomable soldado, aguanta hasta que quedan cinco kilómetros. Y ambos proclaman su alma y su fe en el ciclismo de ataque por la ruta Napoleón, el camino por el que el emperador atravesó los Alpes hasta Grenoble en su regreso épico desde la isla de Elba, hacia Orcières Merlette, en la subida que Luis Ocaña, el santo patrón de todos los rebeldes, convirtió hace 55 años en un infierno para el dragón Merckx, chamuscado en su propio fuego. Carapaz ya ha ganado un Giro de Italia, ha peleado con Pogacar y Vingegaard para acabar junto a ellos en el podio del Tour del 21; ha peleado con Roglic para ser segundo en la Vuelta del 20. Es un atacante que con su inteligencia única, y su arrancada de dinamita, ganó el oro olímpico en el circuito de Fujiyama a Van Aert y Pogacar, nada menos. Tan bueno hay que ser, por lo menos, para ganar una etapa en el Tour enloquecido, ebrio de velocidad. Sin tiempos muertos.
Estos días incontrolables de la tercera semana, ese término casi místico e inexplicable que todos entienden y utilizan, los que piensan en la general a rueda de Pogacar miran para otro lado cuando oyen a su lado las bombas estallar. Calculan las fuerzas que les quedan, la energía que pueden reponer con 150 gramos de carbohidrato a la hora, y un poco de lactato en el gel algunos, y se empapan de libro de ruta. Olvidan el carpe diem. Capturar el momento. Ocaña le sacó nueve minutos a Merckx por estas carreteras un día no muy distinto porque el día anterior descubrió que el caníbal sufría. Nada más salir de Grenoble, comenzaron los ataques duros en la primera cuesta, la de Laffrey. En pocos kilómetros, Merckx se quedó sin equipo.
El miércoles, hacia Voiron, Yates, uno de los mejores del ejército de Pogacar, se quedó tirado víctima de problemas gastrointestinales y fiebre; el jueves, son tres más los enfermos del UAE, y uno de ellos, el tan importante McNulty, debió abandonar después de pedalear decenas de kilómetros en la sola aciaga compañía del coche escoba. Ni Remco ni ninguno de su Red Bull de Remco intentó ponerle el termómetro a Pogacar, para ver si el virus que machaca a sus compañeros le había tocado a él un poco; ni Seixas ni sus Decathlon probaron a Del Toro, cuyo maillot blanco anhelan. Es la tercera semana, claro. Quizás todos ellos estén peor que Pogacar y han elegido esperar a ver cómo resisten los golpes del esloveno en los dos días que llegan en el Alpe d’Huez, víctima también del turismo de masas que se manifiesta en las cunetas con camisetas de lunares, algunas estupideces y un fervor que pone la piel de gallina a los ciclistas que atraviesan los estrechos pasillos que dejan. O quizás se tiren de los pelos cuando el domingo, a la pregunta habitual de cuál ha sido su peor día en el Tour, Pogacar responda, pues el de Orcières Merlette, estaba fatal. Menos mal que lo supe disimular. Por si acaso, sus ojos azules brillan con intensidad cuando responde con un “sí” seco y exclamado a la pregunta de si se siente preparado para lo que queda.
أسئلة مفتوحة
- ¿Cómo afectará el virus que afecta al UAE a Pogacar en las próximas etapas?
- ¿Quiénes serán los próximos en atacar a Pogacar en los Alpes?







