Vinicius marca y el Madrid se despide de la temporada con una victoria ante un Sevilla que certifica la permanencia
Al Real Madrid hace tiempo que no le queda ya nada salvo aguardar las novedades de la temporada que viene, y sin embargo se despabiló en el Sánchez Pizjuán, donde lo recibió el Sevilla aún temblando por dónde podría pillarle ese próximo curso, pero con la confianza que le otorgaba llegar después de encadenar tres victorias seguidas en el momento de mayor pánico. Con Mbappé de nuevo como titular tras su arremetida contra Arbeloa, el partido fue de Vinicius, que no atinó en el regate, pero repartió ocasiones y embocó con precisión el gol que, pese a derrotar al equipo de Luis García Plaza, no pesó en su destino. Las combinaciones del resto de los partidos certificaron otra temporada del Sevilla en Primera a falta de una jornada.
En esa última función del próximo fin de semana, al Madrid le queda apenas lo sentimental, la despedida del Bernabéu de Dani Carvajal, leyenda con seis Champions que se fue apagando después de destrozarse la rodilla en octubre de 2024.
En el Pizjuán regresó al once con buen nivel en un encuentro en el que el Sevilla mostró desde el comienzo que era el equipo al que más le iba en el partido. Tenía cerca la permanencia, pero aún no la había amarrado del todo. Se presentó en casa con el viento de cola de los últimos resultados y el fervor de la grada, convencida de su propia misión. A estas alturas, en este punto tan decisivo del curso, la urgencia disimula todas las grietas que rodean al club y su relación con la grada y la calle. El equipo de Luis García Plaza salió con la mecha prendida y muchas más revoluciones que el de Arbeloa.
El contraste, esperable, quedó claro a los 25 segundos. Tchouameni se demoró en un giro mientras reculaba hacia Courtois, le birlaron el balón y Oso, una de las ayudas enviadas desde el filial para el trance crítico, registró el primer disparo, por encima del larguero. Apretaban y apretaban, y enfilaban hacia delante sin demora. Sin rodeos. Trataban de abrasar y desconcertar al Madrid con un derroche de intensidad nacida del hambre y del miedo que han pasado estos meses al borde del desastre. No era un partido lo que trataban de zanjar bien pronto, sino su enganche a Primera, la ocasión de empezar en agosto una vida nueva, sin pensar en la angustia.
Al Real le costaba agarrar el mando, con un centro del campo en el que Arbeloa volvió a alinear de salida a Thiago por delante de Camavinga, con Bellingham en el medio al lado de Tchouameni y la compañía de la movilidad de Brahim. El Sevilla no les permitía hilar y Mbappé, tal vez aburrido, quizá ansioso por abrochar su segundo pichichi seguido, empezó a descolgarse muchos metros a tocar con Odysseas en la lejanía.
Como muchas veces, el cambio en la corriente lo provocó un gol antes que el propio juego. Brahim detectó una carrera al área de Mbappé y puso un centro que el francés domesticó con el pecho mientras el Sevilla protestaba un codazo a Carmona. Cuando la pelota tocó la hierba, apareció Vinicius con un toque clínico con el interior que dibujó una curva para eludir a un defensa y al portero.
El tanto bajó la temperatura de la agitación del Sevilla y un Madrid revitalizado y con más movilidad que otras tardes, encontró más continuidad en el toque y comenzó a asomarse más a menudo al área de Odysseas.
Los resultados de otros campos concedían la permanencia a los locales, pero Luis García Plaza prefiere no dejar su destino en manos ajenas e intervino muy pronto, antes de la hora de juego. Introdujo a Agoumé, Ejuke y Alexis Sánchez por Gudelj, Vargas y Maupay. El movimiento les procuró un nuevo chute de energía con el que emprendieron otro asalto al área de Courtois. Hundieron al Real. Pero también concedieron espacio a su espalda. Y por ahí se propulsó Mbappé, que se durmió al entrar al área y se despertó cuando Kike Salas hizo desaparecer la pelota que iba a patear. Como le sucedió al otro lado a Akor Adams con Huijsen.
El nigeriano olfateaba el empate. Respondió a un balón al palo de Mastantuono con un cabezazo a las manos de Courtois, que cerró el encuentro con un vuelo para evitar el último tiro de Kike Salas. El Sevilla no encontró el gol que buscaba, pero sí la salvación que anhelaba, y el Madrid recobró cierto pulso a la espera de la vida que venga.




