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Alcaraz, un campeón sin fronteras: Shelton a la lona y París ya en su expediente
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El País Deportes8 minutes agoSports4 min readSpain

Alcaraz, un campeón sin fronteras: Shelton a la lona y París ya en su expediente

El tenista español vence a Ben Shelton en la final de La Défense y suma su séptimo Masters 1000

Quick Look

  • Carlos Alcaraz se coronó campeón en París tras derrotar a Ben Shelton por 7-6(5) y 7-5.
  • El tenista español logra así su séptimo título de Masters 1000, superando un torneo que históricamente le había resultado esquivo.

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Why It Matters

Alcaraz había tenido dificultades previas en este torneo, cayendo en rondas iniciales en años anteriores. Es su séptimo título de Masters 1000 de un total de nueve posibles.

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Esto es París, pero Carlos Alcaraz, ya triunfador, exultante un domingo más, posa en forma de cruz, como si fuera el Cristo del Corcovado. “Ojalá sea el primero de muchos”, estampa en la cámara, completando el rótulo con un mensaje de amor hacia la ciudad (Je t’aime) que hace dos años sintió un profundo flechazo por él, ya se sabe, aquel inolvidable episodio en la Chatrier contra Jannik Sinner. Lo de esta vez sucede en La Défense, a cubierto y sobre superficie rápida, y el murciano lo celebra emocionado y alzando el trofeo con forma de árbol, o de cornamenta de ciervo, según se vea. Poco parece importarle a él, superior a Ben Shelton (7-6(5) y 7-5, en 1h 59m) y por primera vez campeón.

Lo quería, se le negaba, se lo debía. Es, por tanto, otra deuda cobrada y el enésimo reto superado. Un gran paso. Muy complejo este marco otoñal de París, en el que todo sucede a una velocidad de vértigo —el gran torneo con la pista más rápida— y que solo David Ferrer (2012) pudo conquistar en beneficio del tenis español. Sigue Alcaraz, por tanto, alcanzando todo aquello que se propone y acercándose a ese histórico logro de cerrar el círculo de los Masters 1000. Son ya siete de nueve, a falta únicamente de Canadá y Shanghái. Es decir, tarea (alicientes) para 2027 y otro laurel para este curso en el que todo se torció y el tiempo, sabio, lo reordena todo. Son ya cinco, con la vista puesta ahora en Turín.

“Es un torneo muy especial, en el que, probablemente, haya sufrido las mayores derrotas de mi carrera, las más dolorosas. Un par de veces en primera ronda y un par de veces en segunda, sin encontrar mi mejor tenis y sin sentirme cómodo en esta superficie, en estas pistas y contra este tipo de jugadores…”, recuerda el número tres, capaz finalmente de neutralizar a un adversario que le ha abordado con ganas y que le había tumbado dos meses antes en Nueva York. Con apetito.

Hay hambre en esos pelotazos de Shelton, un tenista que aspira a despojarse del traje que lo define exclusivamente como un bombardero —inevitable, por otra parte, el saque como epicentro de su tenis— y que pretende ganar registros. Existe la voluntad, y mimbres los hay. De hecho, reúne todos los requisitos del competidor moderno: potencia, una condición física extraordinaria, un interesante repertorio de golpes e intuición. Se incorporará el próximo curso Ferrero para tratar de enmendar la tara: hay caos ahí dentro. Esa misma impetuosidad que hace de él un rival intimidatorio, lo zancadillea una y otra vez. Excesivo fuego, poquito control. Si algún día lo adquiere, será otra historia.

Para muestra, la resolución del primer parcial, en la que un tenista de sus características tiene todas las de ganar. Es decir, a la suerte del desempate, en la que el servicio cuenta tanto, parte a priori con un palmo de ventaja que conforme transcurre la acción queda reducido a la nada. Luce resto el español y él se acelera, tratando de encontrar el premio mucho antes de lo debido. Un par de envíos precipitados, muy largos, terminan condenándolo y suponiendo un severo mazazo para él. Había estado fino, amenazante; sin embargo, a la hora de la verdad prevalece el instinto de los grandes. Esto es, Alcaraz multiplicándose, apagando las llamas —seis bolas de break, todas— y agrandándose.

Tiene el murciano ese algo especial, esa templanza que le permite desbaratar las acometidas y golpear cuándo y dónde más duele. Lo ha arrinconado Shelton, pero él escapa y suelta un berrido que rebota por todos lados: “¡Sí!”. Estruja los puños, su padre le acompaña y su madre Virginia, orgullosa ella, asiente: así hijo, así. “¡Cree en ti!”, le recuerda su entrenador desde un banquillo en el que todos lucen de negro, parcheados, con sus gorrillas. No es la Fórmula 1, pero lo parece. Es tenis a todo gas, con uno afeitándole las sienes al otro a base de pasantes y, a la inversa, el otro replicándole a ese uno con voleas y maniobras espectaculares. Así que se divierte París en la sobremesa.

Shelton también ha sabido defenderse, dos de dos en la primera manga, pero no ha encontrado la grieta y debe remar viento en contra. Pura electricidad el estadounidense, que arranca un largo ¡oooooh! de la grada con una acrobacia fantástica, golpeando en suspensión, y da finalmente con lo que se le resistía: por fin, el break. Y como esto va de familias, su padre Bryan y su madre Lisa le felicitan: disfruta, Ben, disfrútalo. Por ahí van estos tiempos de hoy, en los que van desapareciendo las caras agrias de antes —ese gesto de eterna insatisfacción— y se propaga el nuevo espíritu, muy alcaraziano, dicho sea de paso: aquí no se ha venido solo para sufrir.

Dejada por aquí, dejada por allá. Un tuya-mía. Al gato y al ratón. Y en esas, Alcaraz suele ser quien se lleva la mayor porción, muy serio todo el rato y transmitiendo la impresión de que si crece la temperatura emocional de la tarde, va a estar por encima. Por ahí, ese palmo de ventaja probablemente le favorezca a él, tipo seguro de sí mismo.

Suena fuerte el Gimme! Gimme! Gimme! de ABBA durante un receso y, ¿qué hace el de El Palmar, situado ya a un solo juego de llevarse el título después de haber contragolpeado, del 2-4 al 5-4 en el segundo set? Menearse en el banquillo, la mejor de las recetas. ¿Tensión? Toda. ¿Decisión? También. ¿Alegría? Eso que no falte, claro.

Open Questions

  • ¿Logrará Alcaraz completar los Masters 1000 restantes en Canadá y Shanghái?

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This article was originally published by El País Deportes.

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