
El petrolero SIBU 1 y un carguero turco han sido secuestrados frente a las costas de Somalia y Yemen en medio de un repunte de la actividad pirata.
El petrolero SIBU 1 y un carguero fueron secuestrados recientemente frente a las costas de Somalia y Yemen, impulsados por el auge de la piratería somalí y la inestabilidad regional.
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La piratería en Somalia comenzó a expandirse a principios de los noventa tras el colapso del Estado y una guerra civil, alcanzando un pico crítico en 2007.
El pasado jueves, el petrolero SIBU 1 se encontraba navegando a unos 250 kilómetros al este de la ciudad yemení de Al Mukalla cuando fue sorprendido por seis hombres armados que tomaron el control de la embarcación, según informó el centro de la Armada británica encargado de la seguridad comercial en la zona (UKMTO, por sus siglas en inglés). El buque, que está sancionado por Estados Unidos por formar parte de la flota fantasma con la que Irán exporta petróleo para evadir sanciones, modificó inmediatamente su trayectoria y se dirigió hacia Somalia.
Solo tres días antes, un buque de carga, que había partido de Turquía rumbo a Somalia y que se cree que transportaba armamento, había sido asaltado y secuestrado por otros ocho individuos frente a las costas de la ciudad de Mareeyo, en el Estado autónomo somalí de Puntlandia, según el UKMTO. A diferencia de incidentes similares anteriores, en esta ocasión el abordaje fue contestado con bombardeos en aguas somalíes atribuidos a fuerzas turcas, que dejaron al menos cuatro muertos y han generado una notable crispación local.
El secuestro de ambos buques tiene lugar en medio del mayor auge de la piratería somalí de la última década, que está siendo alimentado por la disrupción del tráfico marítimo en el mar Rojo y el estrecho de Ormuz en plena crisis del Golfo, la inestabilidad doméstica en Somalia, y los persistentes agravios económicos de su población. El repunte comenzó a generar alarma ya en abril, pero su alcance actual constata las crecientes capacidades de los grupos que hay detrás de esta actividad y las dificultades para detener su proliferación.
En la primera mitad de 2026, la Oficina Marítima Internacional registró 38 incidentes de piratería y robos armados en todo el mundo, el nivel más bajo desde 1992, pero los piratas somalíes, responsables del 94% de los secuestros, fueron la gran excepción. Desde abril, han capturado seis buques, retenidos frente a las costas del país mientras se negocian sus rescates, y más de 100 tripulantes, expuestos a una escasez de alimentos y agua y bajo la amenaza de violencia, según la Organización Marítima Internacional (OMI) de la ONU.
Quién se encuentra exactamente detrás de estas acciones, sin embargo, sigue sin estar del todo claro. Misiones militares contra la piratería han considerado que existen dois grupos activos, uno de los cuales actuaría cerca de la costa somalí y otro más en alta mar. Medios locales, citando a fuentes de seguridad, han apuntado en cambio que las últimas acciones han sido protagonizadas por jóvenes de un mismo clan del interior de la ciudad costera de Garacad, en Puntlandia, organizados entorno a uno de los buques secuestrados en abril.
Con todo, la complejidad de algunas de las acciones que han emprendido este año muestra que los piratas somalíes están más y mejor armados y equipados que en el pasado y que actúan con una sofisticación, tanto en alta mar como en tierra, significativamente superior, según un análisis publicado en julio por el think tank Centro de Estrategia Marítima. Estas mayores capacidades ayudan a explicar, en parte, que estén realizando abordajes cada vez más alejados de las costas de Somalia y bajo condiciones meteorológicas más adversas.
Sus incursiones en aguas de Yemen, incluido en el secuestro en mayo de un buque anclado frente a una terminal petrolera en el este del país, han alimentado además la sospecha de que los piratas somalíes cuentan con la ayuda de terceros. Las autoridades de Puntlandia han señalado que un actor de fuera que no han revelado ha estado implicado en sus últimas acciones. Y un informe de la inteligencia militar yemení, obtenido por la Iniciativa Global contra la Delincuencia Organizada Transnacional, apunta directamente a rebeldes hutíes.
Uno de los principales factores que se considera que está favoreciendo este auge de la piratería en Somalia es el desvío de efectivos militares, que antes combatían esta actividad frente al Cuerno de África, a campañas navales que están haciendo frente a los hutíes en el mar Rojo y a Irán en el estrecho de Ormuz. La disrupción de la circulación a través de estas dos vías ha incrementado asimismo el tráfico marítimo frente a las costas somalíes.
La reactivación de la piratería coincide en paralelo con un período de severas turbulencias internas en Somalia, donde el Gobierno federal permanece sumido en una profunda crisis constitucional en medio de crecientes desafíos de ejecutivos regionales a su autoridad. En Puntlandia, donde se concentra la piratería, las fuerzas de seguridad están además al límite por sus operaciones contra la rama local del Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés). Y la falta de oportunidades económicas, incluido por la proliferación de pesca extranjera ilegal, siguen sin resolverse.
Los orígenes de la piratería moderna en Somalia suelen situarse a principios de los años noventa, a raíz del colapso del Estado y del estallido de una guerra civil. Sin embargo, no fue hasta 2007, tras una profunda crisis económica y de seguridad en Puntlandia, que la piratería empezó a expandirse. Solo un amplio despliegue internacional, mayor seguridad en los barcos y la movilización local permitieron contenerla en los años posteriores.
Ataque con dron
En Puntlandia, la situación se ha agravado todavía más en los últimos días porque, tras el secuestro del buque que se cree que cargaba armas turcas, un dron mató a cuatro personas frente la costa de la región de Nugaal. Inicialmente, la información que trascendió acerca del ataque, atribuido a Turquía aunque el país no se ha pronunciado al respecto, apuntó a que las víctimas eran piratas. Pero relatos locales posteriores aseguran que tres de ellos eran en realidad pescadores y que solo el cuarto estaba en contacto con los secuestradores.
El Gobierno de Puntlandia ha declarado que el martes y el jueves de la semana pasada se produjeron bombardeos contra pescadores, aunque los atribuyó a buques internacionales, y amenazó con reducir su cooperación en la lucha contra la piratería si no se aclara lo que ocurrió. El Gobierno federal no reconoció hasta el domingo que había sido informado del ataque con antelación, pero cuestionó que las víctimas mortales fueran pescadores civiles.
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